Por mucha agua que se eche, ese barril nunca se llena (2ª parte)

El Presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, en declaraciones aparecidas el 27/04/2018, ha dicho lo siguiente:
“La subida al 75% de la bonificación al transporte para los residentes en Melilla, junto al aumento de la bonificación por residencia en el IRPF del 50 al 60%, y el aumento salarial de los funcionarios”…”va a generar un ahorro de entre 18 a 20 millones de euros”,…”que se quedan en Melilla para el bolsillo de los ciudadanos, lo que tendrá como consecuencia una reactivación del consumo y generación de empleo.”
El razonamiento del Presidente tiene su lógica, precisamente esa a la que nos tiene acostumbrados, pero eso no quiere decir que sea acertado. Es más, considero que es erróneo, puesto que incurre en la denominada falacia de la composición, algo que se produce cuando alguien se empeña en inferir que lo que es verdadero para una parte de un conjunto determinado es también verdadero para la totalidad de ese conjunto –lo cual es demasiado inferir-, dicho sea de paso.

Grupos de beneficiarios

Los beneficiarios de estas medidas principalmente van a ser los siguientes:
    • Los residentes que viajan, cualidad que, en mayor o menor medida –esa es parte de la cuestión-, poseemos todos los melillenses. No obstante, hay que considerar quienes viajan y pueden viajar más y quienes lo hacen menos, no solo por cuestiones económicas, que también, sino por otras consideraciones (mayor o menor tiempo de vacaciones o de ocio en general).
    • Los empleados públicos de la administración en cuanto al aumento de sus sueldos, que constituyen una parte importante (aproximadamente un 52% de la población asalariada y, en términos de población total, aproximadamente pueden implicar, de una forma u otra, a un 35% de la población residente).
    • Todos los residentes que tengan que presentar declaración por impuestos porque su renta supere el mínimo exento y que, por tanto, sus salarios superen el salario mínimo interprofesional; y que no sean empresarios ni autónomos (cuyos ingresos, por término medio, están descendiendo entre un 30 a un 40%, habida cuenta de la crisis económica que golpea a la ciudad), ni pensionistas (otro tanto). Es decir: para que las mayores bonificaciones fiscales se conviertan en mayor renta, primero hace falta tenerla; segundo, superar un determinado nivel; y tercero que pase, como mínimo, un año más, que es cuando habría que declararla a hacienda. Además, no es lo mismo que te vayan a devolver diez euros de más cuando hagas la declaración de la renta dentro de un año que mil euros. Los beneficiarios del primer caso van a ser muchos; mientras que los del segundo unos pocos, ya que todo depende de nivel de renta.
Particularmente, pienso que es mejor obtener estos dos aumentos en las bonificaciones así como la subida de sueldo para los empleados públicos antes que no obtener nada; y también me alegro mucho por los integrantes de los colectivos beneficiados por estas decisiones del Gobierno de Rajoy a propuesta de Imbroda, pero me alegraría muchos si el proceso deductivo que ha seguido el señor Imbroda pudiera llegar a ser posible. Sin embargo, como ya vimos en el artículo anterior, un aumento en la renta no implica necesariamente un aumento en el gasto privado en Melilla que, a su vez, sea capaz de impulsar la actividad económica y, por ende, la creación de puestos de trabajo en Melilla, de los que estamos tan necesitados.
Por ejemplo, si la medida de la bonificación del 75% de los transportes se extendiese a todos los viajeros potenciales, fuesen residentes en Melilla o no, sería grandiosa porque permitiría contrapesar el turismo entrante con el saliente; pero para los no residentes no hay nada, solo unos precios muy elevados en términos comparativos con otros destinos, que condenan a la ciudad al aislamiento más absoluto y a la inviabilidad turística. Para eso no se mueven nuestros gobernantes, porque no hay un interés electoral inmediato.
Estaría muy bien que se cumpliera el cuento de la lechera de Imbroda, pero no se va a producir el aumento de la actividad y el empleo porque las medidas no van a generar ese efecto, ya que el aumento del poder adquisitivo para algunos melillenses, a pesar del aumento nominal de la renta, no va a generar un aumento en el consumo, sino que, es más, probablemente el gasto en consumo local hasta disminuya y, por tanto, no van a tener efecto en el empleo local. Así son las cosas. Para producir los efectos pretendidos, habría otras formas mucho más eficaces y eficientes invirtiendo el mismo dinero público en beneficio de la totalidad de la ciudad.
Lo preocupante es que gobierno de la nación, que se presupone más serio, sea capaz de aprobar medidas diseñadas apresuradamente, con un interés electoral evidente, y que no van a beneficiar a la totalidad de la población, sino principalmente a una parte. Me preocupa, además, que se hayan utilizado argumentos en pro del desarrollo y la creación de puestos de trabajo en Melilla cuando algunas de estas medidas no superarían una mínima evaluación económica previa independiente y honesta.
Pero, ¿Qué puede esperarse del gobierno del señor Rajoy, que es capaz de retirar el artículo 155 en Cataluña para conseguir el voto del PNV, o por las continuas dádivas para cualquier otra región para sacar adelante los presupuestos? Sinceramente, me parece una vergüenza, una ofensa a los españoles y una demostración de que la política con minúsculas que está practicando demuestra que todo le vale con tal de intentar seguir apegado a la poltrona.
Y eso por no hablar del espectáculo que están dando con las pensiones, y las diferentes ofertas electorales a cambio de un trozo de tarta electoral que están dando los partidos políticos. Se están cargando una de las bases más firmes que disponíamos para intentar su mantenimiento sostenible en el tiempo, como es el llamado pacto de Toledo. Son unos irresponsables.

Los mal llamados “planes de empleo

En otro orden de cosas, los llamados planes de empleo se han sacralizado en Melilla, y forman parte ya de algo tan intocable como desestabilizador para la economía de la ciudad y es que, a largo plazo, perjudica a aquellos desempleados a los que, en teoría, tratan de beneficiar. El nombre es incorrecto ya que, en realidad, son planes para volver al desempleo y garantizar el cobro de la prestación y el subsidio de paro de los beneficiarios hasta la próxima contratación, y así sucesivamente.
Sin entrar en consideraciones de productividad, o de competencia desleal con la demanda de trabajo por parte de las empresas privadas, o de formación de capital humano y aumento de las probabilidades de ascenso social de cara al futuro de los beneficiarios de los planes. Sin entrar, como digo, en todo lo anterior, hay que decir que una inyección de liquidez en una economía relativamente aislada, como es Melilla, de aproximadamente quince millones de euros en un periodo de seis meses, debería ser como, por poner un ejemplo, cuando llega agua a las tuberías tras un largo corte de suministro, de forma que, a través de los vasos comunicantes que forman las empresas locales, los trabajadores, los impuestos, y demás agentes económicos, contagiase, finalmente, a una gran parte de la economía.
Pero el problema es que no llega. El problema es que una gran parte de tal inyección de liquidez, descontadas las cuotas obligatorias a la seguridad social y los pagos por vivienda y suministros básicos descritos en el artículo anterior, la mayor parte de tal remanente no se gasta en Melilla, y no llega a entrar esa liquidez en el ya de por si necesitado sistema económico local.
O sea, que habría varias formas de gastar mejor ese dinero público –de las que hablaremos en próximos artículos- pero a los políticos locales, con el permiso necesario de los dirigentes nacionales, que todo hay que decirlo, no les interesa. Lo que les interesa es ofrecer pan para hoy y hambre para mañana, y tener enganchados a la “lotería” de los planes a una buena parte de la población. El daño es inmenso y se condena a una parte de la ciudad a la dependencia de lo público y a su debilitación como individuos, aunque eso pudiera ser, precisamente, lo que se busca. Aparentemente son buenos, realmente son nocivos.

Por mucha agua que se eche, ese barril nunca se llena (1ª parte)

Imaginemos un bidón superior, que alimenta a varios barriles que están a un nivel inferior. El primero, llamémosle de reparto, contiene el total de los ingresos que perciben durante un año todos los residentes en una determinada ciudad, por ejemplo: Melilla, provengan estos de sueldos, salarios, beneficios, intereses, dividendos, alquileres, pensiones u otras prestaciones.

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Ahora, más que nunca antes, necesitamos estadistas

“No juzgues cada día por las cosechas que recojas, sino por las semillas que plantas.” Robert Louis Stevenson.
Hace muchos años, un beduino cabalgaba en solitario por el desierto. Estaba desesperado: cansado, sin alimentos ni agua y con una sed atroz; perdido y a punto de desfallecer, cuando divisó en la distancia un oasis, en el que finalmente pudo calmar su sed bebiendo abundantemente y luego descansar, reponiendo sus fuerzas comiendo dátiles de las palmeras existentes.

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Nunca es tarde si la dicha es buena

Después de casi un año sin escribir, voy a iniciar una serie de artículos en los que expresaré mi opinión sobre los problemas económicos y sociales más importantes que afectan a Melilla. Tengo la intención de tocar todo tipo de temas, incluso algunos considerados “tabú” de los que no se habla ni discute en público, pero de los que se debería hablar y discutir puesto que minan la convivencia y las posibilidades de futuro de esta ciudad.

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Si los que dirigen se comportan irresponsablemente, son los instigadores últimos de los desmanes

Si Donald Trump insulta y menosprecia a los mexicanos, hispanos y musulmanes en general, propiciando la generación y extensión de estereotipos injustos e insoportables para muchas personas que no se merecen estar comprendidos dentro de los mismos, luego no puede quejarse si muchos de sus ciudadanos pretendan realizar lo mismo en el mundo de los hechos y ya no solo de las palabras, y se produzcan tumultos, desórdenes, conflictos y discusiones de todo tipo. (más…)

Nunca es tarde para sentarse a hablar

Melilla, España, Sábado 5 de agosto de 2017. Acaba de celebrarse una manifestación convocada por el partido político local Coalición por Melilla en la que ha participado un numeroso grupo de melillenses y que prácticamente en su totalidad han sido de religión musulmana, algo obvio dada la naturaleza de esta convocatoria, que deriva del empeño de muchos integrantes de tal comunidad religiosa en seguir con sus costumbres tradicionales para que cada cabeza de familia pueda traer su borrego desde Marruecos, pasarlo a Melilla por sus propios medios (en coche o incluso andando) y sacrificarlo también por sus propios medios (en la calle, en la azotea o similares). Desde el respeto hacia otras culturas, debo decir que no me gusta nada y no me parece apropiada, ni mantenible en el tiempo en pleno siglo XXI, esa forma descrita mediante la que se celebra mayoritariamente el rito religioso en esta ciudad.

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El CEO de España SA, ante el Juez

Mañana declara ante el Juez el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy Brey, a cuenta de las corruptelas – una de las muchas- que se investigan sobre su partido popular y sobre sus compañeros de partido, casi todas ellas por acciones u omisiones cometidas mientras desempeñaban cargos públicos bien remunerados en las diferentes administraciones públicas territoriales de España, de cuyos nombramientos iniciales y su mantenimiento posterior en los cargos es responsable, directa o indirectamente, el propio Sr. Rajoy. (más…)

La honestidad desarma (reedición actualizada)

Entre “Las 22 Leyes Inmutables del Marketing”, obra de Al Ries y Jack Trout, se enuncia la “Ley de la franqueza: Va en contra de la naturaleza corporativa y humana el admitir un problema. No obstante, y aunque parezca sorprendente, una de las formas más efectivas de introducirse en la mente es reconocer en primer lugar algo negativo y luego convertirlo en algo positivo”. (más…)

Vaya lío con la valla de Melilla

Por una vez en demasiado tiempo, y sin que sirva como precedente, tengo que reconocer que Imbroda tiene (más…)

Frases geniales

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