Al PP le hacen falta hormonas y vitaminas

Cuando el PP perdió las elecciones de 2004 frente a Zapatero, súbita e inesperadamente y en pleno shock traumático por los atentados terroristas del 11-M, empezó una travesía del desierto si bien aún en una época de bonanza económica que le permitió sobrevivir con holgura, aunque ahora sabemos que «dopado», gracias a las gestiones de su tesorero consiguiendo fácilmente dinero, principalmente para él mismo pero también para el partido, mediante un fraude presumiblemente masivo en la contratación pública y a un sistema de extorsión a empresarios que facilitaban generosas «donaciones» a cambio de favores políticos y contratos públicos.

Aún habiendo perdido el gobierno de la nación, el PP pudo aguantar sin mayores problemas dado que había conservado gran parte del poder territorial: autonómico, provincial y municipal, y todo lo que ello suponía, como acabamos de ver.
Disidencias internas
Tras años de dura oposición y ya con los avisos de la crisis económica en ciernes, Rajoy volvió a perder las elecciones en marzo de 2008 y, con una cierta pero difícilmente perceptible desde el exterior discrepancia interna, convocó un congreso meses más tarde –el famoso congreso de Valencia– que fue el origen del abandono de muchos militantes históricos del PP y del anonimato para otros muchos.
A partir de las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2011 y luego generales de final de ese año, el PP empezó a disfrutar del mayor poder desde el reinicio de la democracia en España, caracterizado por generalizadas mayorías absolutas tanto en el Gobierno central como en la mayor parte de los más importantes gobiernos autonómicos, provinciales y locales. Por tal motivo, sus principales dirigentes despreciaban y se despreocupaban de los disidentes y los abandonos, pensando que las salidas de militantes iban a ser siempre menores que las nuevas entradas.
Y así, durante años el PP ha presenciado inmutable cómo iban abandonando el barco muchos militantes, pero no sólo lo han abandonado un conjunto de personas sino que la salida la han protagonizado una buena parte de los representantes vivientes de los valores más característicos del partido popular, encarnados en la lucha contra el terrorismo, la defensa indubitable de la unidad de la Nación frente a las agresiones del nacionalismo independentista catalán y vasco, la intransigencia contra la corrupción generalizada en la vida pública o la defensa del liberalismo económico y la disminución de la intromisión del estado en la economía y en la sociedad.
Un gran error
Tal vez la contabilidad de los flujos de entradas y salidas fuera favorable en tales momentos de euforia por las mayorías absolutas, pero es muy diferente abandonar el barco por motivos ideológicos y de valores o cualquier otro tipo de disidencia -lo cual implica pensar y razonar- para iniciar otra aventura a la intemperie, bien en solitario o bien iniciando una nueva aventura política desde cero – sin medios y con todo en contra- que subirse a un carro ganador para disfrutar de los parabienes del mismo, en las formas que podemos imaginar.
Por ello, esa inmutabilidad, esa flema «británica» ante los abandonos, fue un gran error que dejaba al PP sin una buena parte de lo más valioso que poseía: sus valores. No cabe duda que cada persona vale un voto, pero los componentes de ambos grupos no son intercambiables en modo alguno. Unos dan o pueden dar mucho, incluso vestir ideológicamente a un partido; otros no dan porque, en buena parte, han llegado solo para recibir.
El futuro del PP
Hace unos días, uno de los candidatos a la presidencia del PP, Pablo Casado, ha dicho que su objetivo era recuperar votos que habían ido a Ciudadanos y Vox. Realmente ha dicho más, «tenemos que recuperar a aquellos electores o afiliados que han abandonado elPP» 
Como declaración de intenciones, lo dicho por Pablo Casado es indiscutible en su necesidad para el PP. Sin embargo, se le olvida decir cómo pretende lograrlo. No obstante, si se lograse unir todo y recomponer el rompecabezas en torno a un proyecto común, que en España sería siempre frente a un enemigo común, los siguientes objetivos estratégicos ocuparían ahora, sin lugar a dudas, una posición de privilegio: el independentismo catalán y vasco; la lucha contra el terrorismo nacional e internacional y el posicionamiento frente a la izquierda radical.
Para ello, sería necesaria una renovación exhaustiva y prácticamente generalizada en las caras y formas del Partido Popular, depurando cualquier atisbo y rastro de conductas impropias, al objeto de eliminar, de una vez por todas, cualquier signo de connivencia y convivencia con la corrupción y los corruptos para limpiar de una vez la inmundicia que aún pudiera quedar. Con esa unión, el centro derecha en España, en el que predomina el PP, tendría posibilidades de renacer con más fuerza. En caso contrario, mal les veo.
Y es que el PP necesita las vitaminas ideológicas, de principios y de valores ahora cada vez más olvidados y arrinconados, y que podrían recuperarse y recordarse, suministradas gracias al aporte indispensable de los dirigentes y afiliados de VOX, por un lado; y de los de UPyD, por otro; pero también necesitaría de las hormonas del crecimiento que podrían aportar los lideres y afiliados de Ciudadanos, en la forma de un marketing político dirigido a resultados, con una comunicación eficaz y unos dirigentes y mensajes que cuentan con el atractivo añadido de su renovación y modernidad.
En definitiva: se trataría en centrarse en lo que les une a todos en lugar de en lo que les diferencia, que tampoco sería para tanto ante los retos y amenazas que recaen sobre el futuro de España, incluso el más inmediato. Para ello, sería necesario atraer a tales colectivos y fundamentalmente a sus líderes, mediante una plataforma programática común lo suficientemente generosa que pudiera ser suscrita por todos ellos. También sería necesaria una limpieza en el PP, colaborando con la Justicia fielmente para depurar todos los rastros de corrupción y exigir responsabilidades.
En definitiva, no sé quién ganará la presidencia del PP y tampoco me importa demasiado, si bien espero y deseo que sea alguien con la suficiente visión y altura política para intentar la unión descrita, que creo que necesita España.

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