La ira contra Gonzalo Hernández y Céspedes

(Reedición del capítulo V de «Mis experiencias con Bohórquez»)

Fue entonces, más o menos a mediados del mandato 1987-1991, cuando se produjo un hecho menor que, sin embargo, volvió a cambiar todo el escenario político-mediático. El Centro Asistencial de Melilla, la popular “Gota de leche”, había cambiado recientemente su cúpula directiva, incorporándose mi, por otra parte, querido amigo D. Miguel Fernández Bartolomé como gerente de la entidad, la cual, como es sabido, viene prestando servicios asistenciales, desde hace ya casi 90 años, a las personas más desfavorecidas de nuestra sociedad, principalmente a niños y ancianos. El Centro Asistencial es una entidad privada, una Fundación, que cuenta con un Patronato Rector que es presidido por el correspondiente Alcalde (o ahora Presidente) de la ciudad de Melilla, y en el que participan, además, un grupo de personas relacionadas con el ámbito de actuación de la entidad. Para acometer sus fines, obtiene principalmente sus ingresos de la producción de la Lotería de la “Rifa de la Caridad”, mediante una concesión especial que detenta al efecto. Asimismo, la Ciudad le transfiere otra parte menor de su presupuesto, que era ínfima en términos relativos en los años ochenta y que, poco a poco, ha ido creciendo aunque sin llegar a convertirse en la principal fuente de ingresos de la entidad. Los boletos para la organización de la lotería tradicionalmente eran impresos en la propia ciudad de Melilla, en la imprenta “La Hispana”, que era propiedad de Editora Melillense. Pues bien, dentro de las mejoras de gestión implementadas por el nuevo gerente, se encontraba modernizar la principal fuente de ingresos del Centro Asistencial, cuya recaudación en la ciudad estaba siendo sobrepasada por su competencia, en concreto por la ONCE. Y, a tal efecto, diseñó un conjunto de medidas, entre las que destacaba hacer un cupón más atractivo, el aumento de los premios y un aumento de la publicidad en la radio local gracias a la colaboración desinteresada de algunos famosos que se prestaron a ello, como Carlos Herrera o Julia Otero. El objetivo era aumentar la producción, de forma que, a su vez, aumentaran los ingresos de la rifa y todo ello para conseguir, finalmente, un aumento en los servicios que el Centro ofrecía a las personas más desfavorecidas de Melilla, y hacerlo, además, sin coste adicional alguno para el Ayuntamiento, que somos todos, o, mejor dicho, que deberíamos ser todos. De acuerdo con el estado tecnológico de la imprenta en Melilla, el cupón que hacía La Hispana era de baja calidad, poco atractivo e impropio para competir con el citado de la ONCE, que ya incorporaba las más atractivas posibilidades de impresión. Por ello, pidieron ofertas a otras imprentas que estaban radicadas en la península, pero que contaban con unas muy superiores posibilidades tecnológicas. Además, estas imprentas ofrecían un coste unitario por cupón impreso muy inferior al precio ofertado por la imprenta La Hispana. En tales condiciones, y como es natural, de acuerdo con los fines de la entidad y los objetivos a cubrir, el Patronato del Centro aprobó la propuesta del gerente, y la adjudicación pasó a manos de la nueva empresa citada.

Bohórquez montó en cólera, y acudió inmediatamente a pedir explicaciones a Gonzalo Hernández. Mientras tanto, sus correveidiles del PSOE cercanos le auguraban que siguiera argumentando sobre el localismo de la empresa, los puestos de trabajo y demás, y que, al final, recuperaría la contrata. A tal efecto, empezó su campaña de insultos y potenciales difamaciones, aunque de forma inicial solamente contra el gerente, no fuera que pudiera molestar a alguien por encima de este a quien no deseaba perturbar, al objeto de que fuera desautorizado. Pero lo que no contaba es que se encontró con un señor que se vestía por los pies, D. Gonzalo Hernández Martínez, que no sólo se negó a amonestar o desautorizar al gerente, sino que lo apoyó totalmente y, es más, hizo completamente suya la decisión, compartiendo plenamente los motivos y las consecuencias.

Considero que el personaje estaba muy poco acostumbrado a reacciones como estas, y al principio lo intentó solucionar con la mediación de su entonces “amiguísimo del alma” Delegado del Gobierno. Pero, nada, no había manera. El melillense proveniente de Toledo Gonzalo Hernández seguía en sus trece. Por ello, acudió a visitarle al Ayuntamiento, y tras una agria discusión en la que el Alcalde se mantuvo en su posición, y siguió defendiendo a su subordinado por activa y por pasiva, al salir por la puerta de la Alcaldía dicen que dijo más o menos lo siguiente: ”con esta pluma yo pongo y quito Alcaldes…¡así que ya verás lo que haces!”

A partir de ahí, la ira del editor fue terrible. Durante aproximadamente un año y medio, y hasta que se celebraron las elecciones de 1991, día sí y otro también estuvo martilleando al Alcalde, acusándole de multitud de cuestiones, y dedicándole los más efusivos piropos, entre los que el más dulce era el de “fascista”. Al principio, la estrategia consistió en realzar las maldades del Alcalde y resaltar las bondades de su oponente socialista, Manuel Céspedes, ya que conocía, como he dicho porque era público y notorio, las tormentosas relaciones entre ambos detentadores de cargos públicos. Pero, como es lógico, poco a poco los socialistas cerraron filas gracias a su conocida “disciplina de partido” y el Delegado no tuvo más remedio que finalizar su relación personal con Bohórquez, supongo que tras mediar y tratar de encauzar las aguas revueltas. Pero no fue posible, y, al final, cada uno tiró para su lado: el Delegado para su partido; y el editor continuó por el único lado que le guía y entiende: sus intereses económicos. También entonces, la ira del editor fue terrible. Céspedes pasó de amigo a enemigo en un santiamén, y ya no habría a partir de ese momento un único fascista en la portada y en la página tres del periódico, sino que ahora eran dos; y paulatinamente el amor despechado hacia el Delegado, que no había sido nada interesado como es natural en el editor, se transformó en un odio tan y tan profundo, que la campaña de desprestigio duró años y años, precisamente hasta que José María Aznar, con su amarga victoria de marzo de 1996, llevó a los populares al Gobierno de España y, por tanto, un mes y medio después tuvo que salir Manuel Céspedes como Delegado del Gobierno en Melilla, momento en el que también  le dedicó un mezquino editorial lleno de rencor. Pero no adelantemos acontecimientos.

Esta época la viví trabajando en el Ayuntamiento, en un sitio privilegiado, como es la Intervención y la Contabilidad, porque, al final, toda la política municipal se transforma en gastos y pagos que hay que realizar, y la Intervención municipal es como el sistema de alcantarillado: por ahí sale, ya que tiene que salir por algún sitio, todo lo bueno y todo lo malo que se hace en la casa, en definitiva: tanto la porquería como las aguas limpias. Debo decir, por si a alguno le interesa, que ni me caía bien al principio D. Gonzalo Hernández ni siquiera le votaba, ni lo hacía entonces ni lo hice después, porque tengo mis ideas que las separo de mis conveniencias personales, aunque, no obstante lo anterior, para mí son más importantes las personas que sus adscripciones políticas.

Era Gonzalo Hernández Martínez una persona áspera en el trato, de un humor peculiar que yo no lograba entender y que desconfiaba de todos de los que pensaba que no éramos de su cuerda, pero era un hombre que considero recto, al que llegué a apreciar por sus valores precisamente cuando ya no era Alcalde. Y digo que fue recto porque a mí me lo demostró, ya que una vez, por pura casualidad, descubrí un asunto potencialmente sucio que afectaba a alguno de sus concejales, y me apoyó en todo momento, y no sólo eso, sino que me probó su voluntad de llegar hasta el final y que cayera quien tuviera que caer. Pero fue un hombre al que lograron desprestigiar y casi llevarse por delante. Estuvieron a punto de hacerle perder hasta su empleo público como maestro por haberse llevado una página de un informe con finalidad electoral. Un error, sin duda, por el que pagó muy caro. Llegaron hasta a falsificar fotos de una casa de protección oficial que tenía en Toledo para extender la percepción pública de que estaba poniéndose hasta las botas con el dinero de los melillenses.

Debo decir que para nosotros, los funcionarios, esa época fue también muy dura, ya que el editor emprendió una campaña persistente y tenaz para convulsionar diariamente la ciudad y, por consiguiente, desprestigiar a Gonzalo Hernández. La mayoría de los titulares que salían implicaban inexactas acusaciones políticas, y digo inexactas porque nosotros, en la Intervención, teníamos muchos de los datos y sabíamos de lo que se estaba hablando. Así que nos pasábamos el día teniendo que buscar papeles que nos requerían desde arriba y, al mismo tiempo, desarrollando las tareas habituales, que ya eran demasiadas de por sí, precisamente en una época en la que estábamos implantando la informatización de la contabilidad, la recaudación, la gestión del personal y el presupuesto municipal mientras que, en paralelo, continuábamos con los anticuados sistemas manuales “de toda la vida”. Cuando los políticos salían a defenderse no servía para nada, ya que otro “escándalo” había saltado a la palestra al día siguiente, y así sucesivamente. Una estrategia de convulsión de la ciudad a costa de desprestigiar las instituciones y llevar a los ciudadanos a un sin vivir cada vez que hojeaban el periódico. Sinceramente, supongo que sería todo un calvario para el entonces Alcalde, que se prolongó para él hasta bien entrada la década de los noventa, cuando su mujer, una mujer muy inteligente, como muchas de las mujeres de cualquiera, logró llevárselo de Melilla para encontrar la paz y la felicidad a las que, se supone, deberíamos tener derecho las personas libres. Bueno, no todas, aquí, en Melilla, hay quien decide quién tiene ese derecho y quién no. Lo malo es que lo hace con el silencio cómplice de muchos y la participación indirecta de algunos otros, a los que debería darles vergüenza hacer lo que hacen por acción u omisión, si es que la tienen o la han tenido alguna vez.

Creo que nos equivocamos en Melilla con estos odios africanos. Gonzalo Hernández prestó unos grandes servicios a Melilla, y debería gozar del respeto y la consideración de los melillenses, incluso de los que nunca le llegamos a votar porque tenemos otras ideas. ¿Que no nos gusta? Pues no le votamos, y punto, pero no debería pasar de ahí. Una cosa es discrepar, otra es tratar de hundir a alguien en la miseria. Más en concreto: en España nos hacen falta más oponentes dignos y menos enemigos irreconciliables.

En el Ayuntamiento de entonces, la cara la ponía Gonzalo Hernández, pero el cerebro lo aportaba D. Román Dobaños Mourín como primer teniente de Alcalde y Concejal de Hacienda, con el que tuve una más estrecha relación. Prestó también Dobaños unos grandes servicios a la ciudad, y no se merece el ostracismo al que todos le han condenado en la actualidad, y que deriva del frustrado intento de alcanzar la Alcaldía en 1999 pactando con el GIL y CpM, aunque probablemente mal asesorado por un compañero suyo socialista que no tuvo luego que pagar ningún plato roto y que poco después se pasó a CpM, obteniendo un importante cargo en el gobierno de la ciudad. Pero ya llegará esa historia.

El hostigamiento sobre el PSOE llevó a la cúpula socialista a dirigir todas las miradas hacia Ayu Lalchandani, en su calidad de Presidente del Consejo de Administración de Editora Melillense, solicitándole que diera un golpe de timón en la sociedad y destituyera a Bohórquez, según ellos debido al sectarismo y agresividad a la que este había llevado al periódico. Pero cuando empezaron con este asunto era tal vez demasiado tarde.

La sociedad Prensa de Melilla, SA, tenía un capital social a finales de 1984 de 7,5 millones de pesetas, en el que Bohórquez participaba con un 94,67%. Esta sociedad, en teoría ociosa, debería haber tenido dos únicos activos: uno de ellos era su participación en el capital social de Editora Melillense, SA en un importe de 5 millones de pesetas de valor nominal; y el otro debería haber sido la existencia de disponibilidades líquidas ociosas por la diferencia de 2,5 millones de pesetas hasta completar el capital social (o una cantidad un poco menor, una vez descontados los gastos de constitución y establecimiento). Pues esta empresa, teóricamente sin actividad mercantil, aumentó sorpresivamente su capital en dos ocasiones consecutivas a finales de 1986, pasando primero  de 7,5 a 10 millones de pesetas, y luego a 10,5 millones de pesetas, participando, por tanto, Bohórquez, al final del período considerado, en un 86,7% del capital social, y otro señor, que llegaría a ser jefe de prensa del Ayuntamiento en 1991, en un 9,5%.

Las preguntas que me hago, porque no conozco la respuestas exactas, son las siguientes: ¿A qué se dedicaba Prensa de Melilla, SA que, en teoría, tenía ocioso más del 50% de su capital social?, ¿Para qué siguió aumentando esta sociedad su capital social si, en teoría, no tenía actividad?, ¿Por qué el aumento del capital social fue hasta 10,5 millones, precisamente una cifra ligeramente superior al capital social de Editora Melillense, que era, también en teoría, la sociedad principal del grupo?, ¿Conocía el Sr. Lalchandani estos tejemanejes?, ¿Presentaba Bohórquez, como Consejero Delegado de Edimesa, las cuentas anuales, primero al Consejo de Administración, y luego a la Junta General, para su aprobación, puesto que estas funciones eran indelegables y tenía que hacerlas en cada ejercicio económico anual?, ¿Permitió el Sr. Lalchandani que no fueran presentadas, en las fechas previstas en la Ley, las cuentas anuales de la sociedad de la que era el mayor accionista y Presidente del Consejo de Administración?, ¿Podía el Sr. Bohórquez, como Consejero-Delegado de ambas sociedades, fijar los precios y condiciones de venta de activos desde Editora Melillense a Prensa de Melilla, y a la inversa?, ¿Utilizó el Sr. Bohórquez sus muy amplios poderes como Consejero Delegado de Edimesa para ir vendiendo  los activos de esta última sociedad a Prensa de Melilla, SA, fijando él mismo el precio y condiciones para ambas sociedades, dado su doble papel de Consejero Delegado en ambas (en la segunda a partir de 1989)?, ¿Cómo pasaron entonces, de forma súbita, y de un día para otro, de acuerdo con los créditos del mismo periódico, los activos principales de Editora Melillense a Prensa de Melilla, como, por ejemplo, la cabecera “Melilla-Hoy”? 

Lo que es cierto es que el intento de los socialistas de meterse a tiburones financieros fue un auténtico fracaso, y, sin duda, fue planificado por aficionados y ejecutado de manera muy torpe. Para empezar, era un secreto a voces, y entre los que lo sabían había alguno que pasaba información a la otra parte, hecho que le permitía a esta poder planificar a la contra, y esta vez en solitario. Para colmo no se les ocurrió otra cosa para convocar una reunión de Editora Melillense, SA que hacerlo a través del Boletín Oficial de la ciudad. Aunque puedo comprender las razones: ¡Toma castaña! Además, esta época coincidió con el inicio de la trágica enfermedad degenerativa que sufrió el Sr. Lalchandani, así como el declive de sus negocios derivada de la caída en el comercio de Bazar y la disminución de la competitividad de sus marcas, principalmente japonesas, con respecto a las de la Comunidad Económica Europea, que le llevó a soportar una amenaza de embargo sobre todas sus propiedades a consecuencia de un crédito impagado en la sucursal de un Banco de la localidad. Por todo lo anterior, no es demasiado aventurado suponer que el interés y la concentración del Sr. Lalchandani, viviendo lo que estaba viviendo, no podía estar en una sociedad en la que tenía invertido, en términos nominales, solamente la cantidad de 4.950.000 pesetas.

Pero la cuestión es que Bohórquez venció en este lance, porque cuando quiso reaccionar el Sr. Lalchandani ya era demasiado tarde y el primero lo tenía todo atado y bien atado. Más tarde, de una manera u otra, Lalchandani se desprendería de sus acciones de Editora Melillense, que volvió a ampliar su capital en un 50%, el cual pasó a pertenecer íntegramente a Prensa de Melilla, si bien, en la actualidad, y desde hace muchos años, Editora Melillense se encuentra inactiva. Como colofón diría que la política y los negocios no son buenos compañeros de cama, y que Bohórquez venció, sin duda, pero no convenció.

Los socialistas emprendieron otras acciones para contrarrestar la capacidad de influencia del medio, y, de esta manera, consiguieron que Radio Nacional de España estableciera una sucursal permanente en Melilla, gracias a un convenio por el que el Ayuntamiento le facilitaba una sede y aportaba una cantidad anual para cubrir parcialmente sus gastos de funcionamiento.

En Octubre de 1989, se celebraron en Melilla unas nuevas elecciones generales, que habían sido adelantadas un año por el entonces Presidente del Gobierno, Felipe González. Para el Congreso de los Diputados los candidatos principales en Melilla eran el socialista Julio Bassets y el popular Jorge Hernández Mollar. El resultado fue una victoria socialista muy ajustada en el Congreso, y un reparto de escaños en el Senado, ya que Carlos Benet había conseguido mantener su escaño. Sin embargo, una reclamación electoral del PP habida cuenta de algunas irregularidades detectadas por sus interventores en algunos Colegios Electorales, llevó a que los Tribunales resolvieran que las elecciones tuvieran que repetirse, esta vez en Marzo de 1990. Para el PP nacional era una elección crucial, ya que el PSOE obtendría una mayoría absoluta exacta si lograba el escaño en juego; y era la manera de empezar a cambiar el ciclo político en España si lo imposibilitaban. Todas las miradas del país se centraron en Melilla, y ambos partidos nacionales echaron el resto en la campaña. El editor del Melilla-Hoy, por una mera cuestión de supervivencia, se puso claramente a favor de los populares e hizo, por vez primera, una campaña más desinteresada de lo que en él era habitual, totalmente en contra de los socialistas, en especial contra su odiado Bassets, y a favor de los populares, a los que veía como su tabla de salvación en el caso en que lograran hacerse con el poder.

El resultado fue que los populares obtuvieron, mediante una amplia mayoría, los tres escaños en juego, y el éxito fue total y absoluto. Los populares, pletóricos por la victoria, superaron sus escrúpulos sobre el personaje y empezaron una colaboración con el editor, con el objetivo inmediato de lograr la Alcaldía en las elecciones de 1991. Existía una comunión de intereses entre ambas partes para expulsar a los socialistas del poder en el Ayuntamiento, aunque el objetivo del editor no era político, sino económico, así como vengarse de los que habían osado importunarle.

Economía de Melilla en 2020: dos graves shocks superpuestos

A la finalización del ejercicio de 2019, el panorama para la economía de Melilla no era muy halagüeño, ya que presentaba algunos datos alarmantes:

  • Tasa de paro: 26,7%
  • Tasa de paro juvenil: 62,2%.
  • Disminución de un 27,4% en el tráfico de mercancías en el puerto de Melilla desde diciembre de 2017 a diciembre de 2019, como un indicador de la actividad comercial de la ciudad, en franco declive.

Y es que, ciertamente, se habían producido una serie de fenómenos en los últimos años que estaban incidiendo, muy negativamente, sobre la economía de Melilla:

  • Cierre unilateral por parte de Marruecos al tráfico regular de exportación documentada a través de la frontera de Melilla desde el 31 de julio de 2018.
  • Restricciones puntuales de naturaleza arbitraria, por parte de las autoridades marroquíes, al tráfico de vehículos y de viajeros a través de las fronteras con Melilla durante todo el año 2019.

En este escenario, se produce la irrupción del COVID-19 y la declaración del estado de alarma a partir del 14 de marzo de 2020. Prácticamente al unísono, Marruecos cierra unilateralmente la frontera con España en Melilla, y no permite el paso, a partir de ese momento, ni a españoles que pretendían regresar a Melilla ni a marroquíes que pretendían entrar a Marruecos por vía terrestre y que el cierre súbito de la frontera les ha dejado en Melilla.

Aparte de lo anterior, se genera un situación de incertidumbre porque no existe ningún tipo de información sobre el asunto por parte del gobierno de España, y se extiende la idea generalizada de que el cierre fronterizo unilateral por parte de Marruecos va a perdurar en el tiempo, no sólo hasta la culminación del período preventivo por la pandemia, sino mucho más allá, y de manera indefinida para el tráfico de mercancías, tanto en su vertiente de tráfico de viajeros y el “porteo” como el tráfico regular de exportación, manteniéndose “quizás” el de vehículos y familias.

La situación post-COVID, podría recuperarse en unos años, como previsiblemente va a ocurrir en la generalidad del país y de la UE siempre y cuando se descubra y se ponga en funcionamiento de forma inmediata una vacuna, con ayudas, fuerte endeudamiento y con una destrucción de empleo inicial considerable.

Sin embargo, en nuestro caso, la crisis post-COVID19, ya de por sí muy grave, va a superponerse con otra, en este caso derivada del cierre fronterizo mencionado, que actualmente es de naturaleza indeterminada, y que va a depender de:

  • Si se cierra definitivamente exclusivamente para el porteo.
  • Si, además, se suprime el resto del comercio atípico, mediante furgonetas y vehículos.
  • Si se abre para comercio y hostelería, a partir de septiembre o cuándo.
  • Si se va a permitir el paso de trabajadores fronterizos.

En función de cuál sea la situación final va a ser el efecto sobre la economía y el empleo en Melilla, al menos de manera inicial hasta tanto seamos capaces de reinventar la ciudad.

Para contrapesar lo anterior y disminuir la incertidumbre, que es nociva para los agentes económicos, España debe negociar con Marruecos a la mayor brevedad, y reducir esta incertidumbre a términos lo más manejables que sea posible. España tiene buenas bazas para alcanzar un acuerdo justo, que no voy a mencionar en este espacio, pero que existen, no cabe duda.

En cualquier caso, no todo va a ser negativo, puesto que el confinamiento de la población dentro de los límites geográficos de Melilla va a suponer probablemente un aumento del consumo de residentes que, en casos de libertad de circulación, no se produciría en tal intensidad, puesto que hay segmentos de la población, en los lados opuestos de la escala, que tienden a reducir el consumo local a su mínima expresión, si bien por causas diferentes.

Datos estadísticos sobre Melilla, mayo de 2020

Mediante este post, aporto unos datos, más adelante los comentaré. La finalidad de su recopilación, elección, tratamiento, formas de agrupamiento y presentación es exclusivamente la de facilitar al lector la comprensión de un problema complejo, como es la economía y el mercado de trabajo de Melilla.

No obstante, cabe anticipar que la hibernación casi generalizada de la actividad económica, derivada del estado de alarma y del fortísimo shock en la demanda y la oferta, está siendo soportada en Melilla, al menos parcialmente, mediante ERTES, ceses de actividad y el aplazamiento de muchas decisiones.

Pero la esperanza de una vuelta a una situación normal tras la finalización del confinamiento, aunque fuese minorada, que puede ya vislumbrarse (luz al final del túnel) en cualquier otro territorio, en Melilla (y en Ceuta) no va a ser así desde el punto de vista económico, porque el shock, por el lado de la demanda, parece que va a mantenerse indefinidamente en el tiempo a causa del cierre fronterizo decretado por el gobierno de Marruecos, y que va a menguar, en buena parte, la actividad económica tradicional en Melilla, de manera aún indeterminada, tal como son las intenciones de nuestro país vecino y las reacciones del nuestro y de nuestras instituciones y la propia sociedad civil. Indudablemente, en nuestro caso va a llover sobre un terreno ya anegado.

Con estos datos pretendo simplemente que exista una base de conocimiento que pudiera servir para fundamentar mínimamente algunas posibles propuestas, y luego decisiones; quedando bien entendido que la inmediatez, en todo caso, es en la actualidad mucho más necesaria que la optimización superlativa que pudiera diluirse en el tiempo.

Datos estadísticos sobre Melilla, 2020

Luchar por algo que verdaderamente merece la pena: Melilla

A partir de hoy, salgo de mi zona de confort y me implico de nuevo en la vida política de Melilla. Después de cuatro años sin participar activamente, acudo a la llamada del presidente de la ciudad, Eduardo De Castro, para formar parte de su gobierno, contando con el apoyo también de la mayoría política que le sustenta, de CpM y del PSOE, comandados por Mustafa Aberchán y Gloria Rojas, respectivamente, ambos en representación del resto de los diputados locales de ambos grupos políticos.

Ha llegado el momento de la verdad: el momento del cambio político por el que tanto han luchado los diputados locales citados y por el que tanto hemos luchado, desde diferentes posiciones, tanto políticas como no, otro ingente número de personas provenientes de diferentes partidos e ideologías, si bien unidos por un hilo conductor común: la creencia en la democracia y la frontal oposición a quienes habían convertido el gobierno de nuestra principal institución local en algo inapropiado e inadmisible en nuestra opinión, tras casi veinte años de ejercicio continuado del poder por parte del mismo liderazgo político. Hoy es un día también para recordar a todos aquellos luchadores, incluso de forma emocionada a los que ya no están con nosotros.

Todo tiene un fin, pero este final debe marcar un punto y aparte en la centenaria historia de nuestra ciudad. Debe significar un nuevo amanecer para Melilla, una nueva esperanza que nace con este nuevo gobierno, que no debemos permitir que, bajo ninguna de las circunstancias, pueda defraudar a nuestros ciudadanos, muchos de ellos realmente ilusionados con el cambio político que va a iniciarse de forma inmediata.

Ha llegado el momento de dejar de estar centrados en nuestros legítimos intereses particulares o de grupo, de ofrecer a Melilla y a España lo mejor de nosotros mismos, de trabajar lealmente en equipo lejos de egoísmos y de individualismos, de pensar a lo grande, de ser generosos con quienes piensan diferente y quieren a Melilla tanto como nosotros, de no escatimar esfuerzos para ganarnos el futuro, de restañar heridas, de predicar con el ejemplo, de escuchar a los que sufren, de dialogar con todos sin exclusiones y de trabajar por ellos.

Esta oportunidad no podemos -no debemos- desaprovecharla bajo ningún concepto. Sería imperdonable. La generosidad mutua, la cooperación desinteresada debemos mantenerlas todo el tiempo que sea necesario para consolidar el cambio de rumbo. Melilla merece que estemos a la altura.

 

Nota: Este será mi último artículo por un tiempo, hasta que deje la responsabilidad política que hoy adquiero.

Contratos públicos, contratistas, empresarios y cambio político en Melilla

Según la procedencia principal de sus ingresos, los empresarios -incluyendo a los trabajadores autónomos- pueden dividirse en dos grandes grupos: por un lado, los que obtienen sus ingresos directamente en el mercado y que, por tanto, se mueven constantemente en situaciones de incertidumbre, ya que dependen de la demanda y principalmente de los cambiantes gustos y preferencias de los consumidores, que emiten periódicamente sus votos en la forma de decisiones de compra o no; por otro lado, aquellos que perciben mayoritariamente sus ingresos del sector público, bien sea en forma de contratos, subvenciones, concesiones u otras.

En pocos sitios como Melilla puede ser más acentuada la diferencia entre ambos grupos. Las características de la ciudad: 85.000 habitantes, 13 km2, un sector público que tiende al 50% del valor del PIB y que copa más de la mitad del empleo total, hacen muy visibles las diferencias. Mientras unos, los expuestos al mercado, están soportando como pueden una crisis económica galopante, sin precedentes en la ciudad, en parte propiciada por malas decisiones políticas y económicas, otros no tienen  que convivir con ella sino centrarse, exclusivamente, en obtener de nuevo sus contratos, subvenciones, concesiones u otras cuando, por imperativo legal, deban salir de nuevo a convocatoria, y eso en el caso de que lo hagan.

Hace años escribí un artículo sobre este asunto y básicamente sigo pensando lo mismo.

En Melilla, la contratación pública directa instrumentada por ambas administraciones públicas: local y central, puede estimarse en un 25% del PIB de Melilla. Si a la anterior le añadimos la indirecta, a través de todo tipo de organismos y sociedades públicas; y la inducida, que es la que, a su vez, es implementada por los particulares, asociaciones y empresas que reciben subvenciones, finalistas o no, de las administraciones públicas, la participación tendería de nuevo a la mitad del valor total de la producción en Melilla.

De aquí la importancia, la especial trascendencia y la imperiosa necesidad de Justicia para que pueda existir un buen sistema de contratación pública en Melilla. Un sistema que sea por supuesto legal, pero que también pueda llegar a ser dinámico, eficiente, justo y, por encima de todo, no arbitrario y limpio de corrupción. Esta última puede minimizarse -como reconocen los entendidos en la materia y la propia institución de Transparencia Internacional- pero es casi imposible eliminarla por completo porque muchas de las conductas que la propician se encuentran enraizadas en nuestra sociedad y en las instituciones.  

Es crucial impedir que puedan reproducirse situaciones como las que hemos conocido hace unos días sobre contrataciones de la autoridad portuaria de Melilla, o las que, aglutinadas en los conocidos casos «Ópera»«Tosca», fueron en principio investigadas por la policía judicial y luego han sido abandonadas, posibilitando una sorprendente prescripción de algunos más que presuntos delitos.

Esas situaciones no deben repetirse y deben garantizarse procesos y procedimientos que impidan la corrupción en todo tipo de contrataciones y también en los contratos menores, en los que, a pesar de que se han iniciado cambios, queda mucho por hacer, al igual que en todos los demás. Los procedimientos son muy importantes pero más aún son las personas que los llevan a cabo. Lo fundamental no es su nivel de inteligencia, aunque también. Lo verdaderamente crucial es su voluntad decidida e inequívoca de llevar adelante el cambio y de superar cualquier resistencia al mismo. 

Estoy convencido de que, precisamente, la mayor resistencia a cualquier cambio para mejorarlo provendría de los mayores beneficiarios del actual sistema de contratación. Como es lógico, no querrán que nada cambie, puesto que les va muy bien, pero si algo lo hiciese, su segunda prioridad sería que van a tratar de evitar que les pudiera perjudicar al precio que sea, incluso mediante tácticas despreciables de fake news disparatadas.

Lo peor de todo es que, si no se produce ningún cambio, los perjudicados vamos a ser todos y no unos pocos. En mi opinión, nadie debería tratar de perjudicar deliberadamente a tales contratistas sino intentar que consigan, a partir de ahora y siempre, sus contratos y demás de una forma legal, rigurosa, limpia y Justa. En caso contrario, el cambio se quedará solo en los nombres, porque los que se llevan el mejor trozo de la tarta seguirán siendo los mismos. Estos no se tienen que presentar a las elecciones porque siempre ganan.

Cae la primera torre

«Torres más altas han caído…..», Antiguo dicho español.

Melilla, 15 de junio de 2019. Ha caído la primera torre. Lo que parecía imposible: el fin de la era de gobierno de Imbroda en Melilla, se ha producido hoy.

https://drive.google.com/file/d/1JD3L7Um-kgX83GDJoFWNkVLr6PMfUVjw/view?usp=drivesdk

La generosidad política de muchos ha llevado a este resultado, fruto de un Acuerdo y un Pacto por el Futuro de la ciudad. Esta generosidad debe ser mantenida durante los próximos cuatro años para centrarse en lo importante, que es Melilla y los melillenses, y olvidarse de todo lo que les puede separar y sacar del camino marcado por el consenso y el acuerdo. Esto es ser patriota. Esto es amar a España y a Melilla.
Al PP le espera ahora un proceso de Regeneración en la oposición, mediante la Reflexión y el necesario Recambio.
A los melillenses nos corresponde evitar que estas formas de gobierno y apropiación de lo que es de todos puedan reproducirse y establecer líneas rojas para que los nuevos gobernantes no caigan de nuevo en conductas inapropiadas.
Queda la otra torre, la que está ubicada, en el imaginario colectivo, en las del V Centenario, y que ha empezado a tambalearse ya sólo con el resultado de las elecciones. Poco a poco, se hace camino al andar.

El retrato de Dorian Grey

Melilla vive sus últimos días bajo el yugo de un régimen corrompido. Este, después de casi veinte años de supervivencia, ha metamorfoseado a una mala réplica de sí mismo desde su origen, prometedor como todos los comienzos.

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Escarmentar en cabeza ajena

«Quien no conoce su historia está condenado a repetir sus errores». Paul Preston

 

Lunes, 25 de mayo de 2015, 07:30 h.

Me despierto después de haber pasado una mala noche. Digamos que no he conseguido dormir bien. La noche anterior había sentido el desencanto del esfuerzo baldío. (más…)

Dos, por el precio de uno

Por fin terminó la campaña electoral para la Asamblea de Melilla. Las urnas han arrojado un resultado que no es definitorio, pero tampoco ha sido sorprendente. Todo el mundo lo esperaba en mayor o menor medida. Es más, el PP ha logrado resistir mucho más de lo previsto.
Tiempo habrá para extraer conclusiones del resultado electoral. Sin embargo, no merece la pena intentarlo ahora, puesto que es ya inamovible. Lo importante es lo que se avecina: quiénes gobernarán, cómo lo harán y, finalmente, si será un gobierno inclusivo que gobierne para todos; o si lo hará centrado principalmente en una parte de la población, como ha sido la tónica habitual del anterior, excluyendo a los representantes legítimamente elegidos por los melillenses ajenos al gobierno de cualquier acto o participación en las instituciones de la ciudad, más allá de lo estrictamente necesario: reuniones de la Asamblea, Comisiones y similares y algún acto de naturaleza institucional bajo un protocolo que reduce a su mínima importancia a tales representantes de los grupos de la oposición.
El resultado ha sido paradójico: por un lado, ha habido un partido maltratado por el resultado electoral: Ciudadanos que, a pesar de haber realizado una oposición decente y solvente, ha obtenido un mal resultado electoral, muy inferior al que arrojaban los pronósticos, incluso los más pesimistas; por otro lado, la ruleta de la fortuna ha hecho que su único diputado sea absolutamente decisorio para el devenir de esta Asamblea y la política de Melilla en los próximos cuatro años, e incluso más allá de ellos.
Alternativas para el Gobierno de Melilla
Las alternativas que se abren, todas igual de legítimas y democráticas, son las siguientes:
  1. Apostar por la continuidad del PP de Imbroda junto al nuevo Grupo de Vox -cuya viabilidad y seguridad todo el mundo da por descontada-;
  2. Inclinar la balanza a un gobierno de renovación y cambio junto a CpM y el PSOE.;
  3. Abstenerse en la votación para la presidencia de la ciudad, de forma que permita un gobierno en minoría mayoritaria del cabeza de lista más votado -en este caso el PP – pasar por tanto a la oposición y luego ir decidiendo su postura en cada votación, en interés de los melillenses, tanto en la Asamblea como en las Comisiones como en los Consejos de las empresas públicas que tenga que haber en los próximos cuatro años, de forma que los consensos y las negociaciones se deban realizar caso por caso: presupuesto por presupuesto; reglamento por reglamento; y decisión por decisión.
La primera alternativa supondría más de lo mismo y, por tanto, otros cuatro años perdidos y continuar la debacle de Melilla, esta vez de cabeza, cuesta abajo y sin frenos hacia el precipicio, así como la continuidad de unas formas de gobierno que han sido, a mi juicio, muy dañinas para la institución que debería ser de todos y para la propia ciudad de Melilla y los melillenses.
La segunda alternativa tendría la ventaja de la savia nueva que se incorporaría, la renovación de las personas y los cargos, el dinamismo impuesto por los que aún no se sienten asentados y otras dinámicas renovadoras y regenerativas que podrían generarse simplemente con el cambio de gobierno. No obstante, también podrían producirse dinámicas contraproducentes en función de las ansias de los nuevos entrantes y su auto-contención o no, que sería la función principal del nuevo presidente (o presidenta).
La tercera alternativa respetaría la jerarquía del resultado electoral emanado de las urnas (siempre y cuando no pueda demostrase que algún partido haya acudido «dopado» a las elecciones, léase el tristemente famoso «voto por correo» masivo y corrupto, que no podría descartarse a priori, sobre todo al ver los primeros avances del escrutinio el pasado Domingo). También podría ser buena porque instruiría, primero a los políticos, pero luego también a los ciudadanos de Melilla, en la cultura del acuerdo, y nunca más en la imposición y en el «si no le interesa, váyase al Juzgado» (que esa será otra, de la que hablaremos). Podríamos así conseguir una institución abierta, transparente y en la que las decisiones no sean «ocurrencias» más o menos fundamentadas de un «líder cósmico» y, por consiguiente, algunas buenas y otras malas, sino decisiones estudiadas y consensuadas en el ámbito de una alta participación política, en el marco de una transparencia ejemplar y con poco campo para la corrupción interesada.
La oportunidad de hacer de la necesidad virtud
Por otra parte, hay otro aspecto de la oferta democrática expuesta hasta la saciedad por el candidato, y ya diputado electo por Ciudadanos, Eduardo De Castro, que apoyo sin ninguna cortapisa, que es la necesidad de que tanto Imbroda como Aberchán se deberían echar a un lado si quieren que ese partido – en este caso va a ser ese Diputado electo – les pueda tener en cuenta simplemente como para negociar un gobierno futuro.
Independientemente de lo que él y su partido decidan hacer, que legítimamente les corresponde decidir y luego justificar, tengo que decir que la idea me parece magnífica, es más: me apasiona.
En Melilla necesitamos rebajar la tensión, eliminar los odios y recelos enquistados y eso, en mi humilde opinión, solo podría conseguirse renovando las personas y dando la oportunidad, de esta forma, a la regeneración de la política en Melilla. Creo que ahora es el momento adecuado para la retirada de los dos dinosaurios más duraderos de la política en Melilla, aunque hayan sido los dos más votados.
No estamos aquí hoy para hablar de buenas o malas personas sino sobre el interés de Melilla y de los melillenses. En este sentido, creo que ahora sería el momento adecuado para que, independientemente de la elección que haga De Castro y su partido Ciudadanos, ambos políticos se echen a un lado, renuncien a su acta y, si lo estiman oportuno, conserven la presidencia de sus respectivos partidos manteniéndose ambos vigilando durante un tiempo prudencial, para que no sea peor el remedio que la enfermedad.
Así, lo que hoy parece imposible, podría convertirse en factible. Los odios y rencores podrían reconducirse.  Nadie debe ser insustituible. No hay que tener miedo a la renovación. Teniendo instituciones fuertes (Justicia, fuerzas de seguridad, Defensa) no debe haber ninguna reticencia. Nuestros representantes podrían encontrar maneras de relacionarse basadas en el respeto y la consideración mutua en vez de las trampas y la desconsideración recíproca. La esperanza podría volver a nuestra tierra.
La generosidad política de ambos podría ser el germen sobre el que construir la Melilla del futuro. Como le gusta decir a mi amigo Antonio, es sólo una opinión.

Cae la primera torre

«Torres más altas han caído…..», Antiguo dicho español.

Melilla, 15 de junio de 2019. Ha caído la primera torre. Lo que parecía imposible: el fin de la era de gobierno de Imbroda en Melilla, se ha producido hoy.

https://drive.google.com/file/d/1JD3L7Um-kgX83GDJoFWNkVLr6PMfUVjw/view?usp=drivesdk

La generosidad política de muchos ha llevado a este resultado, fruto de un Acuerdo y un Pacto por el Futuro de la ciudad. Esta generosidad debe ser mantenida durante los próximos cuatro años para centrarse en lo importante, que es Melilla y los melillenses, y olvidarse de todo lo que les puede separar y sacar del camino marcado por el consenso y el acuerdo. Esto es ser patriota. Esto es amar a España y a Melilla.
Al PP le espera ahora un proceso de Regeneración en la oposición, mediante la Reflexión y el necesario Recambio.
A los melillenses nos corresponde evitar que estas formas de gobierno y apropiación de lo que es de todos puedan reproducirse y establecer líneas rojas para que los nuevos gobernantes no caigan de nuevo en conductas inapropiadas.
Queda la otra torre, la que está ubicada, en el imaginario colectivo, en las del V Centenario, y que ha empezado a tambalearse ya sólo con el resultado de las elecciones. Poco a poco, se hace camino al andar.

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