El lento declive del sector comercial en Melilla, (2ª parte):

3. Comercio de proximidad. Ha proliferado en los últimos años. Comprende  actividades como los auto-servicios 24 horas, las fruterías y pescaderías de barrio y de otros productos perecederos. No parece que exista crisis en este sub-sector.

Las empresas se caracterizan por:

  • Ser empresas de carácter familiar que mantienen las actividades durante largas franjas horarias y los días de fiesta, adaptándose a las necesidades de la clientela.
  • Los productos perecederos que ofrecen son frescos, de alta calidad y a unos precios adecuados. A la pura relación mercantil, se le añade un plus de familiaridad e integración con los vecinos del barrio.

4. Grandes y Medianas Superficies de alimentación y necesidades básicas. Han seguido creciendo en los últimos diez años, principalmente en el formato “mediano”. Puede afirmarse que no presentan síntomas de declive, sino que continúa su expansión y la única limitación a un mayor crecimiento estriba en la persistencia de las costumbres tradicionales de aprovisionamiento para frutas, verduras, pescados, cárnicos y similares en Marruecos para una buena parte de la población de Melilla, que sigue adquiriendo directamente tales artículos en las localidades fronterizas vecinas, en donde continúan teniendo lazos familiares y personales de todo tipo.

5. Comercio tipo “zoco” que, en lugar de irse extinguiendo, habida cuenta del crecimiento del nivel de renta y el desarrollo del comercio electrónico, se ha ido multiplicando. En Melilla presenta algunas peculiaridades:

  • Mientras que en cualquier localidad peninsular estas actividades se han ido restringiendo a un día a la semana, con rotación por barrios a lo sumo, en Melilla se ha pasado de la permisividad de su instalación cada dos días a la permisividad diaria en un espacio permanente destinado al efecto con excepción de los días de fiesta así como los viernes (que es el día de fiesta de la población musulmana, porque son muchos de los tenderos y también de la clientela) y los días de lluvia, ya que es un mercado al aire libre. Solo está en funcionamiento en horario de mañana y cuenta con una superficie considerable, adecentada y urbanizada previamente por la Ciudad Autónoma de Melilla entre las naves del polígono industrial SEPES de los Altos del Real, cerca de la frontera.
  • Los artículos a la venta en el comercio tipo “zoco” son prácticamente los que podrían encontrase en los “zocos” cercanos en Marruecos y especializados en una buena parte de los mismos productos citados para el comercio fronterizo, aunque excluida la alimentación, cuyas principales características vuelvo a citar: normalmente con bajo precio, reducido margen, elevada competencia que lleva los márgenes hacia abajo, alta rotación y alta demanda en el entorno fronterizo marroquí de Melilla. En ocasiones entran en juego productos falsificados de marcas conocidas, productos deteriorados, productos fabricados y pensados para su salida en mercadillos, saldos de productos procedentes de temporadas cerradas e imitaciones diversas que a través de precios de “saldo” juegan a la baja con la calidad y funcionalidad de los artículos a la venta entre un segmento del público ávido de cubrir una parte de sus necesidades comprando lo más barato posible aún a costa de las cualidades de los productos, que es lo que sostiene esta clase de demanda.

6. Mercados municipales. Su actividad sigue una línea decreciente, conforme lo hace la población que se abastece en los mismos. No se trata de un problema local, puesto que es algo común en muchas localidades de la península. Hoy en día, con la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo y la proliferación de grandes y medianas superficies de alimentación que incluyen productos perecederos, así como la instalación de numerosas tiendas de proximidad, hacen que la asistencia a los mercados municipales se concentre, en una buena parte, en población adulta o inactiva, y también los que se han abastecido tradicionalmente a través de este medio de abastecimiento, al que están acostumbrados. En este sentido, tienen todavía una considerable clientela asidua, pero, como ha quedado dicho, esta se concentra en la población adulta, en su mayor parte económicamente inactiva, que son los que pueden permitirse la afluencia en las horas en que estos permanecen abiertos (horarios matutinos).

Su futuro es incierto y dependerá de las decisiones que se tomen en la Asamblea de Melilla en los próximos años, acerca de si van a mantenerse estas actividades públicas, en su configuración actual en edificios y mercados públicos, a pesar de que la prestación del servicio de abastecimiento a los vecinos está convenientemente desempeñado por la iniciativa privada. En cualquier caso, y en el presente, requiere de mejoras e inversiones permanentes y de imaginación para gestionar este tipo de centros públicos que todavía pueden tener mucho que ofrecer a los vecinos.

7. Comercio en la zona del “Polígono”. Un barrio peculiar, muy próximo al centro urbano aunque con grandes diferencias. Hasta hace unos diez años era una zona boyante de actividad comercial con tiendas de todo tipo que vendían artículos a precios populares. Además, en esta zona se abastecían también los marroquíes que visitaban la ciudad. Sin embargo, han ocurrido una serie de fenómenos que le ha hecho entrar en decadencia:

  • La disminución de la actividad del mercado central de abastos, que actuaba de aglutinador de masa crítica de clientela que también aprovechaba para realizar compras adicionales.
  • El traslado de muchos negocios y la instalación de otros muchos en las zonas de naves comerciales y tiendas próximas a la frontera de Beni-Enzar así como en el Polígono del SEPES y aledaños, de forma que la mayor parte de la actividad tradicional de estos comercios se ha visto trasladada a las nuevas ubicaciones.
  • El traslado del mercadillo de venta ambulante, que ha pasado a convertirse en permanente en su nueva ubicación en el Polígono de los Altos del Real, en donde los consumidores tipo descritos pueden adquirir los productos que demandan con mayor facilidad y a mejor precio de lo que podrían hacerlo en esta zona, dadas las condiciones de actividad de este tipo de venta de mercadillo, prácticamente sin costes fijos.
  • La disminución de la población residente en el barrio, al haberse trasladado a nuevas urbanizaciones construidas en otras zonas de la ciudad.
  • El deterioro de los comercios, de la zona y del barrio en definitiva, que recoge todos los problemas anteriores junto a la dejadez y desidia que desgraciadamente son más que habituales en esta ciudad, y que han convertido buena parte de la zona en cuestión en lo que fácilmente podría ser un barrio desfavorecido de una ciudad en ruinas de cualquier país subdesarrollado. Apenas trescientos más allá del pleno dentro de Melilla uno puede pasar a encontrarse un panorama como el descrito.
  • Sin duda, se trata de una zona en la que habría que actuar inicialmente desde la iniciativa pública, mediante un ambicioso plan de regeneración urbana. No es la primera vez que un barrio comercial de enjundia se viene abajo en Melilla. Ocurrió hace más de veinte años con el del “Mantelete”, que se fue deteriorando hasta que apenas ha quedado alguna muestra del boyante sector comercial que una vez tuvo.

8. Comercio de bienes de consumo duradero. Fundamentalmente concesionarios de automóviles, electrodomésticos, ordenadores y mobiliario.
Dado que los precios de los vehículos siguen siendo ligeramente inferiores en Melilla a la península, los concesionarios tienen asegurado el mercado local. Otra cosa diferente viene si hablamos de los traslados de población flotante, fundamentalmente funcionarios y militares que retornan a la península después de haber disfrutado un período de residencia en Melilla. En estos casos, las ventajas se han limitado bastante y el traslado del vehículo a la península, si es nuevo o casi nuevo, supone alguna inconveniencia por motivos aduaneros y fiscales. Por otra parte, la crisis que padece el sector deriva de la propia crisis económica que se vive en Melilla, la alta densidad del parque automovilístico, la eliminación de numerosos aparcamientos y, principalmente, la postergación de decisiones de nuevas adquisiciones de vehículos, por parte de los individuos y las familias, hasta la mejora de la situación económica.
Otro tanto ocurre con los electrodomésticos y el mobiliario, que tienen copado parcialmente el mercado local, especialmente para los artículos de más grandes dimensiones, a menos que se trate de la instalación completa de una vivienda, la cual haya podido ser abastecida desde el exterior.
Los ordenadores y similares, en cambio, sí sufren la dura competencia de las compras electrónicas, y su actividad en Melilla no está en relación al elevado consumo de estos productos informáticos y la población de la ciudad.

Nota del autor: En la entrada próxima daré mi opinión sobre el comercio minorista en zonas comerciales, el de las grandes cadenas con tiendas propias y el comercio electrónico.

El lento declive del sector comercial en Melilla, (1ª parte):

El sector comercial en Melilla constituye la principal actividad productiva de carácter privado. Representa un 19,1% del Valor Añadido Bruto total de la ciudad y sustenta el empleo de 6.700 personas -incluyendo las reparaciones y la hostelería- que significan un 25,3% del total de las personas que tienen trabajo. En términos sectoriales, solamente se ve superado por la Administración Pública y Defensa, que aportan un 54,7% del VAB y un 59,2% del empleo total.

Desde diferentes fuentes se viene afirmando con rotundidad que el sector está atravesando una profunda crisis. Sin embargo, esta afirmación no puede decirse que sea verdadera para la generalidad de la ciudad, pero tampoco puede afirmarse que sea falsa. Como suele decirse: “para gustos, los colores”, y es que hay matizaciones según sea la tipología de la actividad comercial.

En términos generales, el sector, desde el inicio de la crisis en 2008, ha perdido un 6,1 % del VAB que generaba y ha disminuido en un 9,5% el empleo que soportaba. O sea, que se ha producido una significativa caída de la actividad económica y el empleo. No obstante, en cuanto al VAB total de Melilla a precios corrientes, desde 2008 ha caído solamente en un 0,7%; mientras que el empleo lo ha hecho en un 4,3%; si bien, por el contrario, en el sector público el empleo ha crecido en un 7,5%.

El retrato robot de la evolución de la economía de Melilla desde 2008 es: más sector público y menos sector privado a consecuencia de la crisis que parece que no ha tocado aún fondo en la ciudad, y no lo ha hecho porque a la crisis económica generalizada se le ha superpuesto en Melilla otra crisis de modelo de ciudad que está dando síntomas crecientes de que es insostenible en los términos actuales y que, por tanto, requiere de cambios bruscos y reformas profundas, lo cual solo podría venir de un cambio en los paradigmas generalmente extendidos, para lo que es verdaderamente indispensable una renovación integral de los liderazgos más importantes de la ciudad, tanto políticos como empresariales, para tener capacidad de reinventar la ciudad y redirigirla hacia un futuro viable a medio y largo plazo como ciudad española.

Sin embargo, en términos más específicos, la incidencia habría que determinarla en función de determinadas características del tipo de comercio, porque lo que ha podido ser bueno para unos ha podido ser menos bueno – o incluso malo para otros-. Además, las causas pueden ser –y, de hecho, creo que son- diferentes para unos y otros.

En grandes líneas, en Melilla podrían distinguirse las siguientes tipologías de comercio:

  1. Comercio mayorista destinado a nutrir al comercio minorista o a la hostelería, cuya actividad está muy relacionada con la evolución de los segundos. No merece la pena analizarlo en exclusiva sino a través del análisis de las actividades comerciales a las que abastece.
  2. Comercio mayorista/minorista destinado principalmente a abastecer a los compradores marroquíes y a los porteadores de mercancías a través de la frontera. La actividad de este comercio presenta peculiaridades:

a) La principal es que su actividad depende de dos variables básicas:

  • La demanda de bienes procedente del entorno fronterizo
  • Las mayores o menores facilidades fronterizas para que los “porteadores” y ciudadanos marroquíes, por un lado, o las familias que vienen a abastecerse a Melilla, por otro, puedan realizar tales actividades comerciales (entrar en Melilla, cambiar moneda, tránsito fronterizo y número de repeticiones diarias).

No parece que el sostenimiento de la demanda sea ningún problema, habida cuenta del conocimiento del entorno por parte de nuestros comerciantes. El único problema, al menos desde 2016, es el mantenimiento y regulación de los flujos fronterizos de personas principalmente y también de vehículos. Curiosamente, las restricciones están viniendo de la parte de las autoridades españolas, que han emprendido unas acciones contra sus propios intereses, porque se supone que mantener la actividad económica y el empleo en el sector privado de Melilla debería ser una intención gubernamental por razones obvias y, finalmente, también porque cualquier administración pública se sostiene, aunque en Melilla parece que cada vez menos, de los tributos que gravan, de múltiples formas, las actividades económicas.

b) Hay que señalar que se trata de un comercio especializado en productos determinados: normalmente con bajo precio, reducido margen, elevada competencia que lleva los márgenes hacia abajo, alta rotación y alta demanda en el entorno fronterizo marroquí de Melilla. En ocasiones entran en juego productos falsificados de marcas conocidas, productos deteriorados, saldos de productos procedentes de temporadas cerradas e imitaciones diversas que a través de precios de “saldo” juegan a la baja con la calidad y funcionalidad de los artículos. Todo ello junto a productos de alimentación elaborados, zapatos, textil y demás destinados a un público objetivo ávido de comprar “barato”.

c) También se trata de una tipología de comercio que debería haberse ido extinguiendo conforme iba entrando en pleno vigor el acuerdo de eliminación mutua de aranceles entre la UE y Marruecos (Acuerdo de Asociación con la UE). Sin embargo, la extrema lentitud de la administración marroquí, la desconfianza de los comerciantes –muchos con doble nacionalidad- en las autoridades de Marruecos y la inseguridad jurídica derivada de la arbitrariedad casi plena –mayor todavía que la existente en Melilla- en la que se mueven todavía en ese país, hacen que las previsiones de la teoría fallen estrepitosamente ante las realidades de la condición humana, y el tránsito desde Melilla continúe siendo una rentable actividad comercial.

d) Y es que, en un análisis más profundo, habría que analizar también la incidencia del hecho de que muchos comerciantes españoles que realizan estas actividades fronterizas tienen la doble nacionalidad y cuentan con propiedades y actividades empresariales en ambos lados de la frontera. Es una situación legal, puesto que Marruecos no permite la renuncia a la nacionalidad pero es también una situación de hecho, que no debería llegar a perjudicar los intereses de España en cuanto a su soberanía. Es más, en algunos casos, el paso de mercancías a través de la frontera parece que ni siquiera supone un cambio de manos. Esto, junto a las consideraciones antedichas sobre la administración Marroquí y las restricciones a la importación que aún persisten en Marruecos: de carácter arancelario para productos procedentes de fuera de la UE (Asia principalmente) y de carácter no arancelario para todo tipo de productos, servirían para explicar el porqué del mantenimiento del flujo a través de Melilla. Junto a los comerciantes antedichos, coexisten un número considerable de prósperos comerciantes judíos que desarrollan estas actividades desde hace muchos años, además de algunos otros de procedencia peninsular y puede que aún quede alguno de procedencia hindú, sin que existan problemas de convivencia entre ellos que sean dignos de mención.

e) A este tipo de comercio, puede que el de mayor importancia cuantitativa en Melilla, hay que defenderlo y hay que defender a los comerciantes y empresas que lo ejercen legalmente cumpliendo todas sus obligaciones formales, fiscales y sociales, que deben ser las mismas que son exigibles a cualquier empresa española. Hay que defender estas actividades, por supuesto, pero estas deben realizarse en igualdad de condiciones que el resto de las empresas establecidas en Melilla. Las leyes son para todos.

f) Este tipo de comercio, en la actualidad está viviendo una situación difícil. Por un lado, se ha restringido, por orden gubernativa, las horas de entrada y salida de los porteadores –que son los que principalmente posibilitan el flujo de mercancía a través de la frontera- desde las 07:00 a las 11:00 horas, según parece ahora por la inminencia de la “Operación paso del estrecho” o tránsito de marroquíes emigrados a lo largo y ancho de toda Europa que retornan en coche con sus familias numerosas desembarcando en Melilla –un negocio boyante para las empresas navieras- y abandonando inmediatamente la ciudad en cuanto logran pasar la frontera. El único valor añadido que genera este paso por Melilla es el que perciben tales navieras y las tasas portuarias que estas deben pagar a la Autoridad Portuaria en función del número de pasajeros y vehículos transportados. Por lo demás, no compran nada. Estas restricciones se suman a las que ha venido sufriendo el sub-sector en los últimos años con los cortes producidos por la construcción de nuevas calles y carreteras a la frontera, por el traslado de estas operaciones fronterizas desde la frontera principal en Beni-Enzar a la de “Barrio Chino” y Farhana. Los comerciantes solicitan, con toda la razón por su parte, claridad por parte de nuestras Autoridades y que les dejen ejercer su actividad comercial con normalidad.

g) Ciertamente, este tipo de comercio trae beneficios para la ciudad pero también hay que decir que es insostenible en los términos actuales. En el año 2017, ni Melilla como ciudad, ni España como estado, pueden permitir la persistencia del modo en que se realiza el tránsito fronterizo, con mujeres cargadas como mulas pasando por la frontera, tras muchas penalidades, una o varias veces al día, simplemente para obtener su sustento. Las imágenes son terribles y es obligación, tanto del estado español como de la todopoderosa administración autonómica, encontrar vías de solución, junto al estado marroquí, por un lado; y los comerciantes afectados, por otro, que posibiliten el mantenimiento de un tráfico fluido de mercancías al tiempo que se mejoran las condiciones humanas y de trabajo de las personas que portan las mercancías por la frontera. La imagen de trabajo penoso y en condiciones muy precarias de las porteadoras es terriblemente nociva para Melilla. No obstante lo anterior, y habida cuenta de cómo se las gastan ambas administraciones a la hora de negociar en términos de tiempo, podrían pasar años antes de que España mueva ficha y decenios antes de que la administración marroquí simplemente se sentase a hablar, y dado que este tipo de comercio sirve, entre otras cosas, para cubrir las necesidades de un número considerable de personas y el mantenimiento de cientos de puestos de trabajo, es necesario encontrar soluciones inmediatas que posibiliten una mejora inicial de tales condiciones de desempeño y el mantenimiento de la rapidez del flujo fronterizo.

Sin duda, la mejor solución será la de “condenar” una frontera en exclusiva para este tráfico de mercancías, que entiendo que no debería ser la de Beni-Enzar para no afectar a otro tipo de tráficos fronterizos también vitales para la ciudad. A esta frontera especializada habría que ampliarla previamente en espacios e instalaciones y dotarla de los recursos humanos necesarios y de los últimos medios tecnológicos para la mayor eficacia de la tarea asignada.

h) Tampoco hay que olvidar que la situación de estos comercios, junto a la frontera y especializados en el tráfico fronterizo, está viviendo una amenaza conforme pasan los meses y pueden observarse los avances del Centro Comercial en construcción en los terrenos del antiguo cuartel de Valenzuela. Las actividades que se instalen en tal centro van a competir directamente con las que desarrollan estos comerciantes. Todo esto está generando desconfianza entre las partes, puesto que una de ellas está compuesta por políticos –con todo lo que está pasando estos días de 2017 en España con la corrupción generalizada- y los comerciantes creen que estos han adoptado unas medidas que son solo conocidas por ellos, y que podría tratarse de una agenda oculta con el objetivo de beneficiar a otra de las partes –que serían los promotores del citado Centro- y perjudicar a una –como son los comerciantes afectados-. Ante todo esto solo cabe una receta: claridad, diálogo y transparencia. En caso contrario, el mal olor, que ya empieza a percibirse, está asegurado de cara al futuro.

La Luz: un servicio imprescindible para Melilla

Pues sí. Al final ha tenido que dimitir el presidente del gobierno del PP en la Región de Murcia, a pesar de haber intentado mantenerse contra viento y marea. Y ha tenido que hacerlo, también a pesar de que tanto Rajoy como el Partido Popular nacional, y no digamos el regional, apostaron -durante casi dos interminables meses- por su permanencia hasta el último minuto. Muchos han estado defendiendo a un político que había incumplido claramente sus compromisos, que había incumplido con la palabra dada y la Ley que él mismo había aprobado, junto al resto de la Asamblea de Murcia, aunque solamente debido a la presión del grupo político de Ciudadanos.
En Alemania, Estados Unidos, Reino Unido o Suecia y otros países, un dirigente de este corte no aguantaría ni medio telediario antes de verse obligado a dimitir, o que le dimitieran sus superiores. Aquí no. Aquí se le sigue apoyando, ahondando la brecha existente entre los políticos y la ciudadanía, que bastante tiene con llegar a fin de mes en buena parte, y eso cuando pueden hacerlo porque no se encuentren afectados por el desorbitado paro o los bajos salarios.

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Melilla: el Gran Hermano o una de las últimas Dictaduras

El 28 de Junio de 2006, D. José María Antón, en su faceta como director de la compañía de teatro Concord -que es inseparable a su oficio de catedrático de literatura- durante su intervención en un acto público ante un auditorio formado en buena parte por cargos del gobierno de Melilla y del partido popular en el poder, amén de los consabidos acompañantes, pronunció una frase para la posteridad, al menos de esta pequeña ciudad española: “en el mundo quedan tres dictaduras: Corea del Norte, Cuba…y Melilla”.

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Melilla: una ciudad ante su encrucijada

Una ciudad en crisis

Melilla se enfrenta a uno de los momentos más cruciales de su historia. Momentos amargos y, a su vez, críticos. Nos encontramos en franca decadencia. Las cifras de paro y de pobreza nunca han alcanzado los niveles actuales. La persistente caída de la actividad económica privada viene siendo una constante en los últimos trece años, desde antes incluso del inicio de la crisis económica generalizada. Las perspectivas de futuro son mínimas para una buena parte de la población melillense.

Han empeorado problemas antiguos de marginación, desarraigo y reticencia a la integración de grupos numerosos de personas. Las oleadas inmigratorias, que podrían alcanzar la característica de descontroladas según como sea la voluntad política de Marruecos, podrían constituir una amenaza a la mera supervivencia de la ciudad. Ha surgido una nueva forma de inmigración procedente del entorno marroquí: la de menores no acompañados que sospechosamente son abandonados en el interior de Melilla para que la Ciudad Autónoma se responsabilice de su tutela obligatoria hasta que alcancen la mayoría de edad, con todo lo que esto implica de cara al futuro no muy lejano. La inseguridad ciudadana es un sentimiento que va calando en la ciudadanía, mientras se han venido multiplicando los sucesos de robos, tentativas de los mismos, altercados y accidentes de todo tipo. Y ha aparecido, además, un peligroso caldo de cultivo: el yihadismo que, si bien no es aún muy numeroso, está creciendo en sus manifestaciones.

Son unos momentos amargos, porque nunca han coincidido tantos y tan variados problemas, y nunca se ha producido una evolución tan desfavorable de los indicadores económicos y sociales que sirven para definir el bienestar o, en este caso, el malestar de una sociedad en términos medios; y son también críticos, porque la capacidad de reacción frente a los anteriores y la forma de hacerlo marcará, sin duda alguna, el devenir a medio y largo plazo de esta ciudad en función de nuestra capacidad para escalar el pozo en el que estamos sumidos y volver a alcanzar el camino de la prosperidad que tenemos derecho a conseguir a base de trabajo y buen hacer, como españoles y ciudadanos libres que somos; o, por contra, hundirnos definitivamente en el abismo, por mucho que se pretenda suavizar la desgraciada realidad actual utilizando los presupuestos generales del estado, o las acciones propagandísticas de tipo triunfalista.

El futuro de Melilla

Tenemos muchos frentes que atender y muchos problemas que enfrentar y para eso haría falta un liderazgo renovado. Haría falta hablar de todo y generar un nuevo contrato social entre los melillenses dispuestos a luchar por su tierra, y que indiscutiblemente se sintiesen españoles por encima de cualquier otra consideración y cualquiera que sea su procedencia. Tendríamos que perdonarnos muchas cosas entre nosotros y solucionar conjuntamente otras muchas más, y hacerlo más desde la cooperación leal en lugar que desde el engaño.

En mi opinión, en el año 2017 todavía estaríamos a tiempo de corregir el rumbo de las cosas, pero estamos llegando al punto de no retorno. Más allá está el precipicio, aunque muchos aún no acierten a adivinarlo o, aunque lo adivinen, a ellos les traiga al pairo mientras anden calentitos, aplicándose lo del dicho popular: “…y el que venga detrás, que arree”.

Sé de la importancia estratégica que Melilla tiene para España. Pero considero que el futuro de Melilla como ciudad española no debe sujetarse con alfileres y por los pelos, sino que Melilla debe sustentarse en bases sólidas; y la mayor solidez la proporcionará una economía próspera, capaz de generar puestos de trabajo y oportunidades para todos aquellos que deseen aprovecharlas.

Considero que España cometería un gran error, por precaución ante el reino vecino principalmente, en seguir apostando por una estabilidad ficticia caracterizada por esconder los problemas debajo de la alfombra, mientras se aportan ingentes cantidades de dinero a cambio de continuar tapándose los ojos con los “errores administrativos” de los gestores políticos.

Creo que habría que reinventar Melilla. Deberíamos romper las tendencias históricas que condenan a nuestra ciudad a la mediocridad, la debilidad cada vez mayor y la inviabilidad económica y social a largo plazo. Pero para eso nos harían falta dirigentes políticos que, al menos, tuviesen una visión de la Melilla que ambicionan para el futuro; y una organización política detrás que fuese capaz de nutrir de colaboradores políticos solventes y honrados a tales líderes, de forma que asegurasen un cumplimiento eficaz y eficiente de la misión que les encomendaríamos: llevarnos a una Melilla que siguiera siendo española, y que, a su vez, fuese viable a medio y largo plazo.

Todo ello, por supuesto, dentro del marco estrecho de unos principios y valores irrenunciables –obvios, aunque no por ello comunes-, principalmente con tres requisitos: patriotismo bien entendido, honestidad a prueba de bombas y generosidad política con aquellos que pudiesen pensar de forma diferente. Todo lo demás podría conseguirse. Sería cuestión de personas y de un pueblo que supiese elegir; y esperemos que sepa hacerlo bien, porque se trata de nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de nuestra ciudad.

Un pacto ¿bueno o malo?

En muchas ocasiones, parece que la vida política española es muy compleja. Tan compleja que solo pueden comprenderla los políticos y los comentaristas políticos avezados y nunca el común de los mortales, ese sujeto indeterminado: el pueblo español, al que teóricamente iría dirigida cualquier acción política y que pagará, en todo caso, tanto los aciertos como los fracasos que se hacen siempre  en su nombre y por su interés, también teóricamente. (más…)

Ha llegado la hora de Populares en Libertad

En las últimas semanas, los melillenses nos estamos familiarizando con unos términos que ponen de manifiesto las cloacas y la pobredumbre en que el Gobierno de Imbroda ha convertido la ciudad autónoma de Melilla, (más…)

Sobre los “famosos” cursos de inglés

Ante las insinuaciones insidiosas, repetitivas y malintencionadas del todavía presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, (más…)

A Bohórquez le ha tocado la “Lotería”

“Para desterrar la corrupción y ampliar los grados de libertad e igualdad ciudadanas, se requiere también de instituciones civiles fuertes que puedan fiscalizar a los partidos y su actividad dentro de los poderes del Estado, es decir: crear instrumentos legítimos de vigilancia desde la sociedad y de contrapesos institucionales en el gobierno para impedir la concentración de poder y, con ella, la corrupción generalizada en el Estado y en la sociedad” (Julio Cotler).

El editor Bohórquez ya tiene su regalo de Reyes (más…)

Redes sociales y medios de comunicación en Melilla

Facebook, y las redes sociales en general, son un nuevo y fantástico medio de comunicación. En Melilla su papel es aún más importante, puesto que sirven para informar a los ciudadanos de lo que realmente está ocurriendo, habida cuenta de que Imbroda, con su política de subvenciones a los medios de comunicación “tradicionales” (más…)

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