Si los que dirigen se comportan irresponsablemente, son los instigadores últimos de los desmanes

Si Donald Trump insulta y menosprecia a los mexicanos, hispanos y musulmanes en general, propiciando la generación y extensión de estereotipos injustos e insoportables para muchas personas que no se merecen estar comprendidos dentro de los mismos, luego no puede quejarse si muchos de sus ciudadanos pretendan realizar lo mismo en el mundo de los hechos y ya no solo de las palabras, y se produzcan tumultos, desórdenes, conflictos y discusiones de todo tipo. La verdad es que cada vez que habla ese presidente no deja indiferente a nadie. Tiene detractores por todo lo largo y ancho de este mundo, pero también tiene muchos seguidores en su país. Sin embargo, en todo caso, es un líder divisivo y, por tanto, entiendo que debilita a su país y a la causa de la libertad y la democracia en el mundo más que fortalecerlas.

Lo mismo podría decirse en Melilla sobre Imbroda y la más que probable “guerra del borrego” a la que nos va a llevar su irresponsabilidad. Si Imbroda se dedica a insultar y menospreciar – llamando sinvergüenza – al principal dirigente político que representa al colectivo musulman: Mustafa Aberchan, luego no puede quejarse del comportamiento de sus propios seguidores o del de los miembros del colectivo musulman, porque “quien siembra vientos, recoge tempestades“.

Antes de que que culminen los despropósitos a finales de este mes de agosto, se están produciendo batallas de todo tipo, que habían sido hasta ahora solamente dialécticas -en las redes sociales principalmente y también en otros tipos de interacción social entre los integrantes de los respectivos colectivos en Melilla- pero, a partir de hoy, con la detención de Aberchan y otros tres diputados locales de CpM, entramos desgraciadamente en otro estadio.

Se están diciendo barbaridades y se están cometiendo muchas injusticias con gente que no lo merece; y, mientras tanto, Imbroda, incluso a diferencia de Trump, permanece todavía callado en su torre de marfil contando los votos que cree que va a poder recuperar gracias a su irresponsabilidad, aunque sea a costa de quemar la ciudad a la que decía que tanto quería. Sin duda que “hay amores que matan“.

Que se reúnan ya y que encuentren una solución negociada que salve las obligaciones de cumplimiento de la Ley por parte de la administración y se posibilite una adecuada celebración de la festividad por parte de la población musulmana. Seguro que existe alguna forma de parar esta cadena de despropósitos y encontrar el camino de la razón.

El lento declive del sector comercial en Melilla, (3ª parte):

9. Comercio minorista especializado, tanto multi-marca como mono-marca.

Se encuentra radicado en el centro de la ciudad, en las zonas de expansión urbana y en los barrios densamente poblados. Se trata de un sub-sector que no debería, en circunstancias más favorables, estar pasando por la situación que atraviesa ahora: negativa para unos, normal para otros, buena para pocos, y cada uno en función de la actividad, de su posición competitiva, de la existencia o no de barreras de entrada a la competencia y similares. Sin embargo, han confluido casi al mismo tiempo una serie de fenómenos que pueden afectarles desfavorablemente, según sean las características de cada comercio individual y su situación: (más…)

El lento declive del sector comercial en Melilla, (2ª parte):

3. Comercio de proximidad. Ha proliferado en los últimos años. Comprende  actividades como los auto-servicios 24 horas, las fruterías y pescaderías de barrio y de otros productos perecederos. No parece que exista crisis en este sub-sector. (más…)

El lento declive del sector comercial en Melilla, (1ª parte):

El sector comercial en Melilla constituye la principal actividad productiva de carácter privado. Representa un 19,1% del Valor Añadido Bruto total de la ciudad y sustenta el empleo de 6.700 personas -incluyendo las reparaciones y la hostelería- que significan un 25,3% del total de las personas que tienen trabajo. En términos sectoriales, solamente se ve superado por la Administración Pública y Defensa, que aportan un 54,7% del VAB y un 59,2% del empleo total. (más…)

La Luz: un servicio imprescindible para Melilla

Pues sí. Al final ha tenido que dimitir el presidente del gobierno del PP en la Región de Murcia, a pesar de haber intentado mantenerse contra viento y marea. Y ha tenido que hacerlo, también a pesar de que tanto Rajoy como el Partido Popular nacional, y no digamos el regional, apostaron -durante casi dos interminables meses- por su permanencia hasta el último minuto. Muchos han estado defendiendo a un político que había incumplido claramente sus compromisos, que había incumplido con la palabra dada y la Ley que él mismo había aprobado, junto al resto de la Asamblea de Murcia, aunque solamente debido a la presión del grupo político de Ciudadanos.
En Alemania, Estados Unidos, Reino Unido o Suecia y otros países, un dirigente de este corte no aguantaría ni medio telediario antes de verse obligado a dimitir, o que le dimitieran sus superiores. Aquí no. Aquí se le sigue apoyando, ahondando la brecha existente entre los políticos y la ciudadanía, que bastante tiene con llegar a fin de mes en buena parte, y eso cuando pueden hacerlo porque no se encuentren afectados por el desorbitado paro o los bajos salarios.

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Melilla: el Gran Hermano o una de las últimas Dictaduras

El 28 de Junio de 2006, D. José María Antón, en su faceta como director de la compañía de teatro Concord -que es inseparable a su oficio de catedrático de literatura- durante su intervención en un acto público ante un auditorio formado en buena parte por cargos del gobierno de Melilla y del partido popular en el poder, amén de los consabidos acompañantes, pronunció una frase para la posteridad, al menos de esta pequeña ciudad española: “en el mundo quedan tres dictaduras: Corea del Norte, Cuba…y Melilla”.

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Melilla: una ciudad ante su encrucijada

Una ciudad en crisis

Melilla se enfrenta a uno de los momentos más cruciales de su historia. Momentos amargos y, a su vez, críticos. Nos encontramos en franca decadencia. Las cifras de paro y de pobreza nunca han alcanzado los niveles actuales. La persistente caída de la actividad económica privada viene siendo una constante en los últimos trece años, desde antes incluso del inicio de la crisis económica generalizada. Las perspectivas de futuro son mínimas para una buena parte de la población melillense.

Han empeorado problemas antiguos de marginación, desarraigo y reticencia a la integración de grupos numerosos de personas. Las oleadas inmigratorias, que podrían alcanzar la característica de descontroladas según como sea la voluntad política de Marruecos, podrían constituir una amenaza a la mera supervivencia de la ciudad. Ha surgido una nueva forma de inmigración procedente del entorno marroquí: la de menores no acompañados que sospechosamente son abandonados en el interior de Melilla para que la Ciudad Autónoma se responsabilice de su tutela obligatoria hasta que alcancen la mayoría de edad, con todo lo que esto implica de cara al futuro no muy lejano. La inseguridad ciudadana es un sentimiento que va calando en la ciudadanía, mientras se han venido multiplicando los sucesos de robos, tentativas de los mismos, altercados y accidentes de todo tipo. Y ha aparecido, además, un peligroso caldo de cultivo: el yihadismo que, si bien no es aún muy numeroso, está creciendo en sus manifestaciones.

Son unos momentos amargos, porque nunca han coincidido tantos y tan variados problemas, y nunca se ha producido una evolución tan desfavorable de los indicadores económicos y sociales que sirven para definir el bienestar o, en este caso, el malestar de una sociedad en términos medios; y son también críticos, porque la capacidad de reacción frente a los anteriores y la forma de hacerlo marcará, sin duda alguna, el devenir a medio y largo plazo de esta ciudad en función de nuestra capacidad para escalar el pozo en el que estamos sumidos y volver a alcanzar el camino de la prosperidad que tenemos derecho a conseguir a base de trabajo y buen hacer, como españoles y ciudadanos libres que somos; o, por contra, hundirnos definitivamente en el abismo, por mucho que se pretenda suavizar la desgraciada realidad actual utilizando los presupuestos generales del estado, o las acciones propagandísticas de tipo triunfalista.

El futuro de Melilla

Tenemos muchos frentes que atender y muchos problemas que enfrentar y para eso haría falta un liderazgo renovado. Haría falta hablar de todo y generar un nuevo contrato social entre los melillenses dispuestos a luchar por su tierra, y que indiscutiblemente se sintiesen españoles por encima de cualquier otra consideración y cualquiera que sea su procedencia. Tendríamos que perdonarnos muchas cosas entre nosotros y solucionar conjuntamente otras muchas más, y hacerlo más desde la cooperación leal en lugar que desde el engaño.

En mi opinión, en el año 2017 todavía estaríamos a tiempo de corregir el rumbo de las cosas, pero estamos llegando al punto de no retorno. Más allá está el precipicio, aunque muchos aún no acierten a adivinarlo o, aunque lo adivinen, a ellos les traiga al pairo mientras anden calentitos, aplicándose lo del dicho popular: “…y el que venga detrás, que arree”.

Sé de la importancia estratégica que Melilla tiene para España. Pero considero que el futuro de Melilla como ciudad española no debe sujetarse con alfileres y por los pelos, sino que Melilla debe sustentarse en bases sólidas; y la mayor solidez la proporcionará una economía próspera, capaz de generar puestos de trabajo y oportunidades para todos aquellos que deseen aprovecharlas.

Considero que España cometería un gran error, por precaución ante el reino vecino principalmente, en seguir apostando por una estabilidad ficticia caracterizada por esconder los problemas debajo de la alfombra, mientras se aportan ingentes cantidades de dinero a cambio de continuar tapándose los ojos con los “errores administrativos” de los gestores políticos.

Creo que habría que reinventar Melilla. Deberíamos romper las tendencias históricas que condenan a nuestra ciudad a la mediocridad, la debilidad cada vez mayor y la inviabilidad económica y social a largo plazo. Pero para eso nos harían falta dirigentes políticos que, al menos, tuviesen una visión de la Melilla que ambicionan para el futuro; y una organización política detrás que fuese capaz de nutrir de colaboradores políticos solventes y honrados a tales líderes, de forma que asegurasen un cumplimiento eficaz y eficiente de la misión que les encomendaríamos: llevarnos a una Melilla que siguiera siendo española, y que, a su vez, fuese viable a medio y largo plazo.

Todo ello, por supuesto, dentro del marco estrecho de unos principios y valores irrenunciables –obvios, aunque no por ello comunes-, principalmente con tres requisitos: patriotismo bien entendido, honestidad a prueba de bombas y generosidad política con aquellos que pudiesen pensar de forma diferente. Todo lo demás podría conseguirse. Sería cuestión de personas y de un pueblo que supiese elegir; y esperemos que sepa hacerlo bien, porque se trata de nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de nuestra ciudad.

Un pacto ¿bueno o malo?

En muchas ocasiones, parece que la vida política española es muy compleja. Tan compleja que solo pueden comprenderla los políticos y los comentaristas políticos avezados y nunca el común de los mortales, ese sujeto indeterminado: el pueblo español, al que teóricamente iría dirigida cualquier acción política y que pagará, en todo caso, tanto los aciertos como los fracasos que se hacen siempre  en su nombre y por su interés, también teóricamente. (más…)

Ha llegado la hora de Populares en Libertad

En las últimas semanas, los melillenses nos estamos familiarizando con unos términos que ponen de manifiesto las cloacas y la pobredumbre en que el Gobierno de Imbroda ha convertido la ciudad autónoma de Melilla, (más…)

Sobre los “famosos” cursos de inglés

Ante las insinuaciones insidiosas, repetitivas y malintencionadas del todavía presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Juan José Imbroda, (más…)

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