Rajoy ante el desafío independentista de los nacionalistas catalanes

España, marzo de 2017. El Parlamento de Cataluña prepara un sistema para la puesta en marcha de la Ley de desconexión con España, como paso previo a la declaración de independencia de Cataluña. Se trata de un paso más en dirección al precipicio de la traición y la ruptura, al que unos dirigentes irresponsables están llevando a los catalanes – a los que dicen deberse – y a todos los españoles.
Estos políticos catalanes no solo son irresponsables, sino que son unos corruptos por encima de cualquier otra consideración, como venimos descubriendo desde la súbita “aparición” de la injustificable -por injustificada- fortuna de los Pujol. Es más, puede adivinarse que cuanta más corrupción está siendo descubierta por las investigaciones judiciales actualmente en curso, mayor es la propensión de estos políticos corruptos en acelerar el proceso independentista.
Tiene gracia, la corrupción es el viento que les mueve hacia su deseo de no ser españoles; y precisamente son españoles -probablemente más españoles que nadie- entre otras muchas cosas, por la elevada corrupción que está apareciendo en todas las administraciones públicas de Cataluña, un fenómeno que comparten con el que viene protagonizando el PP y antes también el PSOE en prácticamente todas las regiones de España.
La marcha de la tortuga hacia la independencia
Previo a este intento de ruptura, han habido muchos otros. Se trata de un paso más de la inexorable marcha de la “tortuga” independentista. Una marcha marcada por su propia falsedad, con una inexistente legitimación histórica que invocan persistentemente esos dirigentes corruptos y un indisimulado anhelo hacia una separación que ha echado raíces gracias a un injustificable -también por injustificado- sentimiento de insolidaridad extendido por tales políticos corruptos entre un pueblo mayoritariamente desinformado y que parcialmente ha estado dispuesto a creerse las mentiras y las medias verdades de la propaganda independentista.
Venimos presenciando diversos episodios desde la caída del gobierno de Aznar en 2004. A partir de entonces, es cuando la royal family catalana de los Pujol y sus adláteres se quitan la careta de la cooperación con los sucesivos gobiernos de España y viran radicalmente su agenda política hacia la independencia. Las declaraciones se vuelven cada vez más agresivas. El terrible error de Zapatero, comprometiéndose a que el Parlamento español aceptaría la propuesta de reforma del Estatuto de Cataluña que formulase el Parlamento Catalán -algo que a lo que obviamente no estaba capacitado – no hizo más que favorecer los intereses de los independentistas. Al deseo inicial de unos pocos, se empezaba a generalizar la percepción de desánimo y desengaño por la actitud “cicatera” de los “españoles”. El germen del desencuentro, incluso con catalanes de procedencia andaluza o extremeña en segunda o tercera generación, empezaba a constituir un riesgo de extenderse de forma viral en Cataluña.
La inoperancia de Rajoy ante un grave problema político
Durante el período de Gobierno de Mariano Rajoy, los desafíos nacionalistas al estado no han dejado de crecer. Rajoy no ha respondido en términos políticos a ninguno. La única respuesta del estado se ha producido siempre en las instancias judiciales. El Tribunal Constitucional ha tenido el arduo trabajo de defender, prácticamente en solitario, los intereses de la nación, mientras que los sucesivos gobiernos de Rajoy, y principalmente el mismo Rajoy, se ponían de perfil, no fuera a ser que tuvieran que pronunciarse. Las únicas declaraciones políticas las emitía el anterior ¡Ministro de Exteriores!. No cabía duda de que el despropósito llegaba a su grado sumo.
El problema catalán es un problema político que necesita respuestas políticas. Requiere liderazgo y capacidad de resolución por parte del gobierno de España. No es algo fácil. Va ser extremadamente difícil, pero no por ello podemos dejar de intentarlo. Más de la mitad del pueblo de Cataluña está en contra del proceso de independencia. No podemos abandonarles. Ni a ellos ni a los que querrían ser independientes. Además, el proceso está basado en falsedades históricas y falacias económicas que debemos ser capaces de desmontar con pedagogía y sobre todo con cariño hacia nuestros compatriotas catalanes. Les queremos dentro de España. Tenemos que luchar por ellos. El Sr. Rajoy debe empezar a moverse. Debe anticiparse a los movimientos de los independentistas. Hay que pasar de las reacciones judiciales del Tribunal Constitucional hacia unas políticas proactivas que se anticipen a tales movimientos, y que desmonten y desarmen en origen las mentiras y falacias de los independentistas.
No obstante, a las alturas en las que estamos ya, le corresponde a Rajoy mover ficha de una vez, aunque debería haberlo hecho hace ya un par de años por lo menos. Le corresponde activar los mecanismos previstos en el artículo 155 de la Constitución Española, que establece:
“Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.”
Actúe pues, Sr. Rajoy. Muévase de una vez. No temple más gaitas. Es hora de actuar y de ejercer el liderazgo como Presidente del Gobierno de España. Deje de pensar en gallego. Esta vez el problema no se va a solucionar solo.

La corrupción tiene premio en la España actual

Durante los dos primeros meses de 2017, los españoles hemos presenciado una condena al ex vice-presidente económico del Gobierno del PP de Aznar, Rodrigo Rato, que ha sido debida a las tarjetas “black” de Caja Madrid, cuyo uso posibilitó, aprobó, encubrió e instigó entre los Consejeros de la entidad crediticia, los cuales tenían el derecho a usar, a modo de dinero caído del cielo o de pólvora del rey, sin repercusión fiscal y con opacidad absoluta, tales tarjetas para adquirir bienes, servicios e incluso sacar dinero de los cajeros, como hacía el propio Rato. Da vergüenza ajena solamente enterarse de lo acontecido y del uso fraudulento del dinero de los demás.
No hay que olvidar que Rato tuvo que salir de la entidad a consecuencia de sus malos resultados y poco antes de que fuera intervenida, utilizando miles de millones de euros provenientes de todos los españoles (una parte) y de todos los europeos (gracias a los fondos del rescate que nunca ha sido reconocido por los gobiernos del PP, porque han jugado con la terminología).
También hay que recordar que no se ha hecho Justicia, al menos inicialmente, por conjunción astral o por la acción de Rajoy, sino que ha sido por la persistencia y tenacidad de un partido político, UPyD, que desgraciamente ha sido objeto del olvido y menosprecio de los españoles a pesar de los grandes servicios prestados a España, ya que no le han votado suficientemente como para que pudieran mantener algunos escaños en el Parlamento, a pesar de la dignidad con la que han trabajado y la lealtad que han mantenido con todos los españoles, pero esa será otra historia que contaremos más adelante.
A Rodrigo Rato, además, se le han descubierto operaciones de naturaleza fiscal nada transparentes y potencialmente delictivas, que serán juzgadas en el futuro. Está involucrado en otros asuntos turbios derivados de su patrimonio y de la gestión de Caja Madrid y Bankia, de las que fue presidente. No se trata de un afiliado más del Partido Popular. Se trata del artífice del llamado “milagro económico del PP” y de un hombre que pudo haber sido el presidente de este partido, con lo que podría haber llegado a ser el presidente del gobierno de España. Fue también el Gerente del FMI, uno de los cargos públicos más importantes del mundo, y lo consiguió gracias a que el gobierno de España impulsó y propició su candidatura.
También hemos sido informados en este primer trimestre de 2017 de una nueva condena – ya lleva varias- al ex-Ministro de Medio Ambiente con el gobierno del PP y Presidente del Gobierno Balear durante dos legislaturas, Jaume Matas, que ya ha estado pasando una temporada en la cárcel. En este caso, derivado del caso “Urdangarín”, que ha dejado una resolución judicial, al menos inicial, un poco sorprendente y que deja en tela de juicio -y nunca mejor dicho- la supuesta igualdad de los españoles ante la Ley.
Hemos presenciado, por otra parte, las primeras de las condenas del caso Gürtel, en las que además de los conocidos delincuentes que fueron denunciados en su día por un cargo disidente del propio PP, ha sido condenada una ex-presidenta del Parlamento de la Comunidad Valenciana y ex-Consejera del Gobierno del PP de Camps a pasar una larga temporada en la cárcel, junto a otros cargos menores por el PP.
El Presidente de Murcia, un desconocido “indispensable”
También durante estos últimos días – ya en Marzo de 2017- estamos presenciando atónitos el caso del Presidente del Gobierno de la Región de Murcia. Se trata de un político que supongo que será muy conocido en su región, pero lo era poco fuera de ella, ya que llevaba apenas un año en el cargo, hasta que ha saltado la liebre de que está siendo investigado (ya ha sido imputado) por el Tribunal Superior de Justicia de Murcia por sus actividades públicas en el ejercicio de cargos públicos anteriores al actual, de los varios que ha disfrutado con anterioridad. Este señor proviene de las Nuevas Generaciones del Partido Popular, y lleva desde su juventud enganchado al carro de la política, a la que habrá aportado – sin duda alguna, claro está- su experiencia profesional anterior lograda como un gestor eficiente. Por tanto, su profesión es la de “político”.
Este señor, que también es un Pedro Sánchez -pero un Pedro Sánchez diferente al anterior Secretario General del PSOE-, encabezaba la lista del PP en las elecciones autónomicas de 2015 en Murcia, y como no logró obtener -aunque por los pelos- la mayoría absoluta, previamente a ser elegido Presidente por el Parlamento de Murcia se había comprometido a dimitir si tal contingencia (ser imputado por un Tribunal) ocurría, y todo ello solamente porque era necesario el apoyo o el concurso de los Diputados que había obtenido el partido Ciudadanos para que lograra la citada presidencia. Además, la Ley de Transparencia que el Parlamento regional ha aprobado recientemente gracias a la acción política y la exigencia de Ciudadanos, contempla la situación en la que se encuentra y le obligaría a dimitir. En realidad le obliga, pero el susodicho se niega a hacerlo, y cuenta con el beneplácito del Presidente del PP y del Gobierno de España, Mariano Rajoy, así como de las más altas figuras de tal partido.
Realmente, ver para creer. Lo que se firma no se cumple, y en el PP se quedan tan panchos. Lo que se pone en el texto de una Ley aprobada en el Parlamento tampoco. ¿Cabe mayor descaro y sinvergonzonería?, ¿Cómo puede tenerse tanta cara?, ¿Los españoles nos merecemos esto?
Pero es que si analizamos lo que ha pasado es todavía peor. Uno de los gerifaltes actuales del PP nacional, el Sr. Maíllo, dice – para justificar el descarado incumplimiento que están cometiendo – que no les quedó otra que aceptar ante la postura obstinada de Ciudadanos, que impuso que las imputaciones fueran causa de dimisión de políticos en ejercicio, y que eso fue como “las lentejas” (que las comes, o las dejas).
O sea, que según el PP, los acuerdos están para no cumplirlos y las Leyes tampoco. ¡Muy instructivo para los ciudadanos y para toda la nación!, ¡Muy formativo para nuestros jóvenes!, ¡Menuda pandilla de sinvergüenzas que tenemos en el poder!
Hay muchos más casos. Me aburre hasta contarlos y pensar en ellos. La situación es esperpéntica. El Partido Popular, que sustenta al gobierno de España, está acosado y asediado por una corrupción de carácter galopante, endémica, sistémica y generalmente extendida a lo largo y ancho de este país.
Los gobiernos pueden cambiarse con las elecciones
Bueno -diría un teórico externo- pero ustedes -los españoles- tenéis la facultad de cambiar el gobierno en las elecciones, para eso tenéis una democracia.
Me río, por no llorar. Si hoy -marzo de 2017- se celebrasen unas nuevas elecciones, el PP sacaría mayoría absoluta o estaría próximo a lograrla. Los españoles votarían masivamente al PP, a pesar de la corrupción existente y de todos los pesares.
¿Cómo podría explicarse que un pueblo mayoritariamente le entregue lo único que tiene – que es su voto- a quienes no se merecen esta confianza?
Es difícil explicarlo, pero para ser muy sintético, yo diría que es el “voto del miedo”, formado por la suma de los que proceden de los beneficiarios directos, indirectos y colaterales de la política del PP (que ya son muchos), a los que hay que añadir a los “coherentes” o los que han escogido un partido, a modo de club de fútbol, y que están dispuestos a ver sus virtudes y taparse los ojos ante sus defectos (como si se tratara del Real Madrid o del Barcelona, olvidándose de todo lo demás). La suma de estos dos anteriores ofrecería, en grandes números, el “suelo” electoral del Partido Popular, o el número mínimo de votos que obtendría en la peor de las circunstancias. La suma de estas dos componentes anteriores harían que el PP consiguiese unos resultados decentes, pero perdería las elecciones.
Sin embargo, algo más está sucediendo. Es el componente del “voto del miedo“, proveniente de las clases medias capaces de pensar por sí mismas, racionalizar su voto y cambiarlo en función de las circunstancias, pero a las que les aterra -y no es extraño- un individuo como Pablo Iglesias, con lo que lleva detrás y lo que pretende. Curiosamente, en este caso, el voto a la opción representada por Podemos, con un radical como Pablo Iglesias, no consigue otra cosa que apuntalar a Mariano Rajoy -mediocre donde los haya- en el Poder, y evitar nuevas posibilidades solventes como Vox o Ciudadanos, además de haber propiciado el hundimiento de uno de los partidos que más merecimientos tenía, la UPyD, que ha sido el verdadero látigo a nivel nacional – a nivel local ha habido más casos- contra la corrupción y el nacionalismo excluyente en España.
En mi opinión, Podemos va a quedar ceñido a su 20% del voto más o menos, pero no va a tener muchas más posibilidades de crecer en las circunstancias actuales y con la radicalización que se le adivina. Lo peor es que le resta a los demás las posibilidades del cambio que es necesario para España. El mejor regalo para Rajoy ha sido la continuidad de Pablo Iglesias. Espero y deseo que a eso no se le sume otro cambio en el PSOE, un partido indiscutiblemente necesario para nuestro país.

Último día del reinado de D. Juan Carlos I

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A la vista de la imponente flota española y francesa en el cabo de Trafalgar y previamente al inicio de la batalla, el Almirante Nelson ordenó que se transmitiera a todos los componentes de la flota británica (más…)

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que Rajoy se confiese lector del marca es un mensaje subliminal
no hay derecho que la línea marítima entre Melilla y Motril sea siempre la gran olvidada por el Gobierno
es una buena noticia que lo juzgado de Melilla se vayan a reforzar para luchar contra la corrupción
Si gobierno Melilla quiere acotar y limitar la participación a su conveniencia en asuntos de interés, es lógico q los demás se reúnan aparte
no huele bien el empeño del PP de mantener al presidente de Murcia a toda costa
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es más importante que Melilla exista una base económica fuerte capaz de crear riqueza que la falsa estabilidad política que tratan de vende…

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