Comparezca, Sr. Rajoy, y que sea lo que tenga que ser

Durante la última semana estamos viviendo en España una auténtica convulsión política. Algo que añadir al ya de por sí convulso panorama político nacional, y no digamos local. Parece paradójico: Mariano Rajoy, una persona que, por no gastar dinero ni molestar, nunca ha solicitado cambiar el mobiliario o la decoración de los despachos en los innumerables puestos políticos por los que ha pasado; un hombre del que pocos españoles dudaban sobre su honestidad personal, se encuentra amenazado por un gran escándalo de financiación ilegal y, por tanto, corrupción, que afecta a su partido y a él mismo como su Presidente y, en definitiva, al Gobierno de España, que él encabeza desde Diciembre de 2011.

La vida es a veces una ruleta rusa y la suerte es relativa: lo mismo toca inaugurar un puente iniciado y planeado por otro que tener que abordar un problema que él no ha generado. Pero así es la vida, y no digamos la política. No obstante, sí tiene que responder, principalmente de sus actos desde que es Presidente del Partido Popular. Porque no hay que olvidar que el tesorero en cuestión, el Sr. Bárcenas, ha sido gerente del PP desde principios de los noventa. Además, Mariano Rajoy le nombró Tesorero en el Congreso del Partido celebrado en Valencia en 2008. Por otra parte, Rajoy le defendió públicamente cuando se iniciaron los procesos judiciales, y le hizo conservar sus privilegios de sueldo, chófer y secretaria. Todo ello no le ha sido retirado hasta que comenzaron las filtraciones de documentos a la prensa el pasado mes de Enero. Además, ha sido despedido a lo grande, con un finiquito de altura.

En un principio, pensaron solucionar el tema gracias a la falta de pruebas. No en vano, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid desestimó inicialmente el proceso penal en 2011. Tuvo que ser la Audiencia Nacional el órgano encargado de reabrir el proceso y, con ello, la caja de los truenos. Por lo demás, Bárcenas es un representante del capitalismo castizo: exitoso, apegado al poder y parásito por definición. No es el único, hay miles rondando por esta España nuestra. Desde los participantes en el caso Gürtel a los EREs de Andalucía; desde Filesa, Malesa y Time Sport al caso “Naseiro”, que entronca con este mismo caso “Bárcenas”.

El diario El Mundo, cuyo tipo de  periodismo está entre lo más parecido que tenemos en España al concepto de prensa independiente y derecho a una información veraz, está ofreciendo con cuentagotas, día a día, información relativa al caso Bárcenas. Desde apuntes en un libro de contabilidad, primero puesto en duda y luego generalmente aceptado, a la transcripción de los mensajes de móvil intercambiados entre Bárcenas y Rajoy. La información ofrecida es de extrema gravedad, porque afecta a la credibilidad del Gobierno de la nación y de Rajoy como su Presidente, ya que podría haber mentido en sus afirmaciones iniciales cuando parecía que este caso judicial no prosperaría.

Existe un verdadero clamor popular para que Rajoy comparezca y explique lo que ha ocurrido, pero no lo hace. En su lugar, diversos subalternos han salido en unas comparecencias patéticas, desdiciéndose a sí mismos con lo anteriormente dicho, pasando Bárcenas a ser calificado ahora como “delincuente millonario” por sus antiguos compañeros. Este lunes, en rueda de prensa tras la visita del Primer Ministro de Polonia,  Rajoy “se confundió” y en lugar de aceptar una pregunta de El Mundo, como estaba acordado previamente, la aceptó de otro medio de comunicación, lo cual le permitió responder como estaba previsto: leyendo un texto escrito. Más claro, agua.

La prensa internacional está asombrada con lo que ocurre en España. The Economist, sobre la situación actual, dice que existe «una inexplicable tolerancia por la corrupción entre los votantes españoles». New York Times: «Rajoy se niega a dimitir en el escándalo de corrupción». Financial Times, que: «En gran medida, el daño político causado por el escándalo ya ha sido descontado por los votantes españoles» y que «Rajoy sabe que, al menos por el momento, la oposición es débil y dividida, su partido es fuerte y unido y la justicia lenta y engorrosa».

Los ciudadanos ciertamente ya han descontado los efectos de la corrupción. El PP está en niveles mínimos, casi a la altura del PSOE, que está también acosado por casos de corrupción,  pero quien está ahora en el gobierno es el PP, que tiene que elegir entre lo malo o lo peor: O explicarse ahora, o despedirse de una mayoría como la actual para el futuro, no sólo para la actual dirección del partido, sino para el partido popular o, incluso, el centro derecha español en el futuro.

Precisamente por ello. Porque la credibilidad es muy difícil de ganar y muy fácil de perder, por muchos votos que se tengan. hay que regarla y cuidarla a diario. En definitiva, que le guste al Sr. Rajoy o no, o le interese a su estrategia judicial o no, debe comparecer inmediatamente ante el Congreso de los Diputados y dar las explicaciones oportunas. Debería hacerlo a iniciativa propia que, aunque tardía, siempre sería mejor que verse obligado a acudir por la presentación de una moción de censura. No creo que tenga tanto que temer. Que cuente lo que tenga que contar, que explique lo que los españoles debemos saber, se someta a las preguntas que le hagan y, en caso que tenga que reconocer actos impropios, que pida perdón a los españoles en nombre de su partido y anuncie las reformas que habrán de realizarse para evitar este tipo de comportamientos en el futuro. Allí, no cabe duda que tendrá el aliento y el apoyo de los suyos, pero debe ir ya.

El Sr. Rajoy debe tener en cuenta que hay una enorme diferencia entre los intereses de España, los del Partido Popular y los de quienes lo dirigen ahora, los que lo hicieron antes o los que lo harán después. Hay intereses que se superponen: la nación, el partido y los particulares, pero ¿cual debe ser el orden? Para un Presidente del Gobierno debe ser: primero España, luego el partido del que es Presidente y finalmente los suyos particulares, pero como veo que no, tal vez sea esa la diferencia que tenemos con otras naciones, en las que en un caso similar ya se habrían producido comparecencias, dimisiones y reacciones en cadena. En España no, por desgracia para los españoles.

En definitiva: Rajoy no tiene otra que comparecer en el Congreso de los Diputados. No existe otra alternativa. Debe hacerlo porque es su obligación. No valen las declaraciones de sus subalternos. En este caso sólo a él corresponde dar explicaciones y, si llega el caso, pedir perdón a los españoles y asumir responsabilidades políticas. Por el bien de España, por la Constitución que juró, por la democracia que estamos construyendo cada día, por el futuro de su partido, por las ideas de centro derecha en España y por él mismo y su familia, ya que supongo que no le gustará ser recordado en el futuro con la imagen que está dando. ¡Vaya pues, Sr. Rajoy! y que sea lo que tenga que ser.

 

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