Dos, por el precio de uno

Por fin terminó la campaña electoral para la Asamblea de Melilla. Las urnas han arrojado un resultado que no es definitorio, pero tampoco ha sido sorprendente. Todo el mundo lo esperaba en mayor o menor medida. Es más, el PP ha logrado resistir mucho más de lo previsto.
Tiempo habrá para extraer conclusiones del resultado electoral. Sin embargo, no merece la pena intentarlo ahora, puesto que es ya inamovible. Lo importante es lo que se avecina: quiénes gobernarán, cómo lo harán y, finalmente, si será un gobierno inclusivo que gobierne para todos; o si lo hará centrado principalmente en una parte de la población, como ha sido la tónica habitual del anterior, excluyendo a los representantes legítimamente elegidos por los melillenses ajenos al gobierno de cualquier acto o participación en las instituciones de la ciudad, más allá de lo estrictamente necesario: reuniones de la Asamblea, Comisiones y similares y algún acto de naturaleza institucional bajo un protocolo que reduce a su mínima importancia a tales representantes de los grupos de la oposición.
El resultado ha sido paradójico: por un lado, ha habido un partido maltratado por el resultado electoral: Ciudadanos que, a pesar de haber realizado una oposición decente y solvente, ha obtenido un mal resultado electoral, muy inferior al que arrojaban los pronósticos, incluso los más pesimistas; por otro lado, la ruleta de la fortuna ha hecho que su único diputado sea absolutamente decisorio para el devenir de esta Asamblea y la política de Melilla en los próximos cuatro años, e incluso más allá de ellos.
Alternativas para el Gobierno de Melilla
Las alternativas que se abren, todas igual de legítimas y democráticas, son las siguientes:
  1. Apostar por la continuidad del PP de Imbroda junto al nuevo Grupo de Vox -cuya viabilidad y seguridad todo el mundo da por descontada-;
  2. Inclinar la balanza a un gobierno de renovación y cambio junto a CpM y el PSOE.;
  3. Abstenerse en la votación para la presidencia de la ciudad, de forma que permita un gobierno en minoría mayoritaria del cabeza de lista más votado -en este caso el PP – pasar por tanto a la oposición y luego ir decidiendo su postura en cada votación, en interés de los melillenses, tanto en la Asamblea como en las Comisiones como en los Consejos de las empresas públicas que tenga que haber en los próximos cuatro años, de forma que los consensos y las negociaciones se deban realizar caso por caso: presupuesto por presupuesto; reglamento por reglamento; y decisión por decisión.
La primera alternativa supondría más de lo mismo y, por tanto, otros cuatro años perdidos y continuar la debacle de Melilla, esta vez de cabeza, cuesta abajo y sin frenos hacia el precipicio, así como la continuidad de unas formas de gobierno que han sido, a mi juicio, muy dañinas para la institución que debería ser de todos y para la propia ciudad de Melilla y los melillenses.
La segunda alternativa tendría la ventaja de la savia nueva que se incorporaría, la renovación de las personas y los cargos, el dinamismo impuesto por los que aún no se sienten asentados y otras dinámicas renovadoras y regenerativas que podrían generarse simplemente con el cambio de gobierno. No obstante, también podrían producirse dinámicas contraproducentes en función de las ansias de los nuevos entrantes y su auto-contención o no, que sería la función principal del nuevo presidente (o presidenta).
La tercera alternativa respetaría la jerarquía del resultado electoral emanado de las urnas (siempre y cuando no pueda demostrase que algún partido haya acudido «dopado» a las elecciones, léase el tristemente famoso «voto por correo» masivo y corrupto, que no podría descartarse a priori, sobre todo al ver los primeros avances del escrutinio el pasado Domingo). También podría ser buena porque instruiría, primero a los políticos, pero luego también a los ciudadanos de Melilla, en la cultura del acuerdo, y nunca más en la imposición y en el «si no le interesa, váyase al Juzgado» (que esa será otra, de la que hablaremos). Podríamos así conseguir una institución abierta, transparente y en la que las decisiones no sean «ocurrencias» más o menos fundamentadas de un «líder cósmico» y, por consiguiente, algunas buenas y otras malas, sino decisiones estudiadas y consensuadas en el ámbito de una alta participación política, en el marco de una transparencia ejemplar y con poco campo para la corrupción interesada.
La oportunidad de hacer de la necesidad virtud
Por otra parte, hay otro aspecto de la oferta democrática expuesta hasta la saciedad por el candidato, y ya diputado electo por Ciudadanos, Eduardo De Castro, que apoyo sin ninguna cortapisa, que es la necesidad de que tanto Imbroda como Aberchán se deberían echar a un lado si quieren que ese partido – en este caso va a ser ese Diputado electo – les pueda tener en cuenta simplemente como para negociar un gobierno futuro.
Independientemente de lo que él y su partido decidan hacer, que legítimamente les corresponde decidir y luego justificar, tengo que decir que la idea me parece magnífica, es más: me apasiona.
En Melilla necesitamos rebajar la tensión, eliminar los odios y recelos enquistados y eso, en mi humilde opinión, solo podría conseguirse renovando las personas y dando la oportunidad, de esta forma, a la regeneración de la política en Melilla. Creo que ahora es el momento adecuado para la retirada de los dos dinosaurios más duraderos de la política en Melilla, aunque hayan sido los dos más votados.
Uno de los dos, concretamente Aberchán, me parece una buena persona, pero no estamos aquí hoy para hablar de buenas o malas personas sino sobre el interés de Melilla y de los melillenses. En este sentido, creo que ahora sería el momento adecuado para que, independientemente de la elección que haga De Castro y su partido Ciudadanos, ambos políticos se echen a un lado, renuncien a su acta y, si lo estiman oportuno, conserven la presidencia de sus respectivos partidos manteniéndose ambos vigilando durante un tiempo prudencial, para que no sea peor el remedio que la enfermedad.
Así, lo que hoy parece imposible, podría convertirse en factible. Los odios y rencores podrían reconducirse.  Nadie debe ser insustituible. No hay que tener miedo a la renovación. Teniendo instituciones fuertes (Justicia, fuerzas de seguridad, Defensa) no debe haber ninguna reticencia. Nuestros representantes podrían encontrar maneras de relacionarse basadas en el respeto y la consideración mutua en vez de las trampas y la desconsideración recíproca. La esperanza podría volver a nuestra tierra.
La generosidad política de ambos podría ser el germen sobre el que construir la Melilla del futuro. Como le gusta decir a mi amigo Antonio, es sólo una opinión.
2 thoughts on “Dos, por el precio de uno
DANTES

No soy muy optimista.
Van a seguir igual.
La Asamblea una jaula de grillos donde los de siempre se dedicarán a insultar y menospreciar a los otros.
Y como bien dices, la ciudad colapsada camino de su defunción oficial.
RIP

ricardo

De nuevo gracias por meter cordura y Sen a la Ciudad, los odios los crean los dinosaurios que ven como el barro se hace mas blando bajo sus pies.
Además uno de los dos dinosaurios ya tiene su puesto en Madrid , muy fácil, dedícate a eso y no «Melón y tajá en mano» y el Sr. DR. pues a eso a sus pacientes dejen que otros gobiernen la cidudad.

En cualquier caso el panorama es muy triste si no se gobierna para todos/as
Abrazo Julio

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