El desmoronamiento del Régimen de Imbroda en Melilla

Estamos asistiendo en Melilla, en los últimos siete días, al desmoronamiento del Gobierno del PP de Imbroda sobre la ciudad. Un Gobierno que pronto llegará -si antes no lo remedia Rajoy- a quince años en el ejercicio continuado del poder.

Un poder omnímodo, en tanto que ha tratado de tragarse a la sociedad completa de la ciudad; tremendo, en tanto que apenas ha contado con contrapesos administrativos, mediáticos o políticos al ejercicio arbitrario del poder sobre el manejo de un enorme presupuesto público, de aproximadamente 250 millones de euros anuales; despiadado, en tanto que se ha dedicado a intentar destruir a cualquier alternativa política que pudiera surgir o a cualquier voz discrepante que pudiera sonar; egocéntrico, puesto que no ha dispuesto nunca de un proyecto de futuro para la ciudad, sino que el único interés ha sido el futuro personal de cada uno de los miembros de ese Gobierno, los cuales, además, se han caracterizado -y se caracterizan- por renunciar a defender cualquier convicción, ideología o principio diferente al interés de su pertenencia a la secta, que es en lo que ha derivado la franquicia del Partido Popular en Melilla.

Un Gobierno, un poder y un Presidente que parecían inmunes en tanto que acababan siempre impunes ante cualquier escándalo o denuncia que se desataba. Sin embargo, en este caso como en otros muchos, la acción decidida y la capacidad de resistencia de unos pocos ha mantenido viva la llama de la Justicia sobre esta parte de España, y los Jueces y, principalmente, la Policía Judicial – especialmente la UCO de la Guardia Civil – han entrado de lleno a investigar, hasta que, finalmente, el cubo de la corrupción, con contenido creciente y denso volumen, ha acabado desbordándose ante la vista de todos: atónita en algunos; incrédula en otros; esperanzada en muchos.

Ni la ciudad de Melilla ni los melillenses merecemos esto. No merecemos el daño irreparable que estos episodios hacen a la imagen de la ciudad y a sus ciudadanos, que en buena parte son honestos e íntegros. No merecemos un Gobierno que está centrado exclusivamente en sus problemas judiciales y en su contención mediática al objeto de continuar en las listas, y continuar la patraña, la mentira y la corrupción galopante. No merecemos un Gobierno que es incapaz de gobernar, y enfrentarse a los graves problemas que afectan a Melilla y a los melillenses, que han llevado a la ciudad a la peor situación desde el reinicio de la democracia a finales de los setenta del pasado siglo. La situación es, por tanto, inadmisible.

Pero, además, es también insostenible, porque no podemos continuar con el calvario que no solo sufre el propio Gobierno, sino que nos traslada a la sociedad de Melilla entera. No podemos entender cómo desde las altas esferas del Partido Popular nacional se empeñan en mantener al precio que sea, incluso de su dignidad y del incumplimiento de sus compromisos públicos, a este Presidente y a este Gobierno suyo. El tiempo ha pasado y ha hablado. Las puertas del futuro se ciernen ante nosotros. Somos los dueños de nuestro destino próximo. Esperemos que sepamos elegir nuestro camino.

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