El lento declive del sector comercial en Melilla, (1ª parte):

El sector comercial en Melilla constituye la principal actividad productiva de carácter privado. Representa un 19,1% del Valor Añadido Bruto total de la ciudad y sustenta el empleo de 6.700 personas -incluyendo las reparaciones y la hostelería- que significan un 25,3% del total de las personas que tienen trabajo. En términos sectoriales, solamente se ve superado por la Administración Pública y Defensa, que aportan un 54,7% del VAB y un 59,2% del empleo total.

Desde diferentes fuentes se viene afirmando con rotundidad que el sector está atravesando una profunda crisis. Sin embargo, esta afirmación no puede decirse que sea verdadera para la generalidad de la ciudad, pero tampoco puede afirmarse que sea falsa. Como suele decirse: “para gustos, los colores”, y es que hay matizaciones según sea la tipología de la actividad comercial.

En términos generales, el sector, desde el inicio de la crisis en 2008, ha perdido un 6,1 % del VAB que generaba y ha disminuido en un 9,5% el empleo que soportaba. O sea, que se ha producido una significativa caída de la actividad económica y el empleo. No obstante, en cuanto al VAB total de Melilla a precios corrientes, desde 2008 ha caído solamente en un 0,7%; mientras que el empleo lo ha hecho en un 4,3%; si bien, por el contrario, en el sector público el empleo ha crecido en un 7,5%.

El retrato robot de la evolución de la economía de Melilla desde 2008 es: más sector público y menos sector privado a consecuencia de la crisis que parece que no ha tocado aún fondo en la ciudad, y no lo ha hecho porque a la crisis económica generalizada se le ha superpuesto en Melilla otra crisis de modelo de ciudad que está dando síntomas crecientes de que es insostenible en los términos actuales y que, por tanto, requiere de cambios bruscos y reformas profundas, lo cual solo podría venir de un cambio en los paradigmas generalmente extendidos, para lo que es verdaderamente indispensable una renovación integral de los liderazgos más importantes de la ciudad, tanto políticos como empresariales, para tener capacidad de reinventar la ciudad y redirigirla hacia un futuro viable a medio y largo plazo como ciudad española.

Sin embargo, en términos más específicos, la incidencia habría que determinarla en función de determinadas características del tipo de comercio, porque lo que ha podido ser bueno para unos ha podido ser menos bueno – o incluso malo para otros-. Además, las causas pueden ser –y, de hecho, creo que son- diferentes para unos y otros.

En grandes líneas, en Melilla podrían distinguirse las siguientes tipologías de comercio:

  1. Comercio mayorista destinado a nutrir al comercio minorista o a la hostelería, cuya actividad está muy relacionada con la evolución de los segundos. No merece la pena analizarlo en exclusiva sino a través del análisis de las actividades comerciales a las que abastece.
  2. Comercio mayorista/minorista destinado principalmente a abastecer a los compradores marroquíes y a los porteadores de mercancías a través de la frontera. La actividad de este comercio presenta peculiaridades:

a) La principal es que su actividad depende de dos variables básicas:

  • La demanda de bienes procedente del entorno fronterizo
  • Las mayores o menores facilidades fronterizas para que los “porteadores” y ciudadanos marroquíes, por un lado, o las familias que vienen a abastecerse a Melilla, por otro, puedan realizar tales actividades comerciales (entrar en Melilla, cambiar moneda, tránsito fronterizo y número de repeticiones diarias).

No parece que el sostenimiento de la demanda sea ningún problema, habida cuenta del conocimiento del entorno por parte de nuestros comerciantes. El único problema, al menos desde 2016, es el mantenimiento y regulación de los flujos fronterizos de personas principalmente y también de vehículos. Curiosamente, las restricciones están viniendo de la parte de las autoridades españolas, que han emprendido unas acciones contra sus propios intereses, porque se supone que mantener la actividad económica y el empleo en el sector privado de Melilla debería ser una intención gubernamental por razones obvias y, finalmente, también porque cualquier administración pública se sostiene, aunque en Melilla parece que cada vez menos, de los tributos que gravan, de múltiples formas, las actividades económicas.

b) Hay que señalar que se trata de un comercio especializado en productos determinados: normalmente con bajo precio, reducido margen, elevada competencia que lleva los márgenes hacia abajo, alta rotación y alta demanda en el entorno fronterizo marroquí de Melilla. En ocasiones entran en juego productos falsificados de marcas conocidas, productos deteriorados, saldos de productos procedentes de temporadas cerradas e imitaciones diversas que a través de precios de “saldo” juegan a la baja con la calidad y funcionalidad de los artículos. Todo ello junto a productos de alimentación elaborados, zapatos, textil y demás destinados a un público objetivo ávido de comprar “barato”.

c) También se trata de una tipología de comercio que debería haberse ido extinguiendo conforme iba entrando en pleno vigor el acuerdo de eliminación mutua de aranceles entre la UE y Marruecos (Acuerdo de Asociación con la UE). Sin embargo, la extrema lentitud de la administración marroquí, la desconfianza de los comerciantes –muchos con doble nacionalidad- en las autoridades de Marruecos y la inseguridad jurídica derivada de la arbitrariedad casi plena –mayor todavía que la existente en Melilla- en la que se mueven todavía en ese país, hacen que las previsiones de la teoría fallen estrepitosamente ante las realidades de la condición humana, y el tránsito desde Melilla continúe siendo una rentable actividad comercial.

d) Y es que, en un análisis más profundo, habría que analizar también la incidencia del hecho de que muchos comerciantes españoles que realizan estas actividades fronterizas tienen la doble nacionalidad y cuentan con propiedades y actividades empresariales en ambos lados de la frontera. Es una situación legal, puesto que Marruecos no permite la renuncia a la nacionalidad pero es también una situación de hecho, que no debería llegar a perjudicar los intereses de España en cuanto a su soberanía. Es más, en algunos casos, el paso de mercancías a través de la frontera parece que ni siquiera supone un cambio de manos. Esto, junto a las consideraciones antedichas sobre la administración Marroquí y las restricciones a la importación que aún persisten en Marruecos: de carácter arancelario para productos procedentes de fuera de la UE (Asia principalmente) y de carácter no arancelario para todo tipo de productos, servirían para explicar el porqué del mantenimiento del flujo a través de Melilla. Junto a los comerciantes antedichos, coexisten un número considerable de prósperos comerciantes judíos que desarrollan estas actividades desde hace muchos años, además de algunos otros de procedencia peninsular y puede que aún quede alguno de procedencia hindú, sin que existan problemas de convivencia entre ellos que sean dignos de mención.

e) A este tipo de comercio, puede que el de mayor importancia cuantitativa en Melilla, hay que defenderlo y hay que defender a los comerciantes y empresas que lo ejercen legalmente cumpliendo todas sus obligaciones formales, fiscales y sociales, que deben ser las mismas que son exigibles a cualquier empresa española. Hay que defender estas actividades, por supuesto, pero estas deben realizarse en igualdad de condiciones que el resto de las empresas establecidas en Melilla. Las leyes son para todos.

f) Este tipo de comercio, en la actualidad está viviendo una situación difícil. Por un lado, se ha restringido, por orden gubernativa, las horas de entrada y salida de los porteadores –que son los que principalmente posibilitan el flujo de mercancía a través de la frontera- desde las 07:00 a las 11:00 horas, según parece ahora por la inminencia de la “Operación paso del estrecho” o tránsito de marroquíes emigrados a lo largo y ancho de toda Europa que retornan en coche con sus familias numerosas desembarcando en Melilla –un negocio boyante para las empresas navieras- y abandonando inmediatamente la ciudad en cuanto logran pasar la frontera. El único valor añadido que genera este paso por Melilla es el que perciben tales navieras y las tasas portuarias que estas deben pagar a la Autoridad Portuaria en función del número de pasajeros y vehículos transportados. Por lo demás, no compran nada. Estas restricciones se suman a las que ha venido sufriendo el sub-sector en los últimos años con los cortes producidos por la construcción de nuevas calles y carreteras a la frontera, por el traslado de estas operaciones fronterizas desde la frontera principal en Beni-Enzar a la de “Barrio Chino” y Farhana. Los comerciantes solicitan, con toda la razón por su parte, claridad por parte de nuestras Autoridades y que les dejen ejercer su actividad comercial con normalidad.

g) Ciertamente, este tipo de comercio trae beneficios para la ciudad pero también hay que decir que es insostenible en los términos actuales. En el año 2017, ni Melilla como ciudad, ni España como estado, pueden permitir la persistencia del modo en que se realiza el tránsito fronterizo, con mujeres cargadas como mulas pasando por la frontera, tras muchas penalidades, una o varias veces al día, simplemente para obtener su sustento. Las imágenes son terribles y es obligación, tanto del estado español como de la todopoderosa administración autonómica, encontrar vías de solución, junto al estado marroquí, por un lado; y los comerciantes afectados, por otro, que posibiliten el mantenimiento de un tráfico fluido de mercancías al tiempo que se mejoran las condiciones humanas y de trabajo de las personas que portan las mercancías por la frontera. La imagen de trabajo penoso y en condiciones muy precarias de las porteadoras es terriblemente nociva para Melilla. No obstante lo anterior, y habida cuenta de cómo se las gastan ambas administraciones a la hora de negociar en términos de tiempo, podrían pasar años antes de que España mueva ficha y decenios antes de que la administración marroquí simplemente se sentase a hablar, y dado que este tipo de comercio sirve, entre otras cosas, para cubrir las necesidades de un número considerable de personas y el mantenimiento de cientos de puestos de trabajo, es necesario encontrar soluciones inmediatas que posibiliten una mejora inicial de tales condiciones de desempeño y el mantenimiento de la rapidez del flujo fronterizo.

Sin duda, la mejor solución será la de “condenar” una frontera en exclusiva para este tráfico de mercancías, que entiendo que no debería ser la de Beni-Enzar para no afectar a otro tipo de tráficos fronterizos también vitales para la ciudad. A esta frontera especializada habría que ampliarla previamente en espacios e instalaciones y dotarla de los recursos humanos necesarios y de los últimos medios tecnológicos para la mayor eficacia de la tarea asignada.

h) Tampoco hay que olvidar que la situación de estos comercios, junto a la frontera y especializados en el tráfico fronterizo, está viviendo una amenaza conforme pasan los meses y pueden observarse los avances del Centro Comercial en construcción en los terrenos del antiguo cuartel de Valenzuela. Las actividades que se instalen en tal centro van a competir directamente con las que desarrollan estos comerciantes. Todo esto está generando desconfianza entre las partes, puesto que una de ellas está compuesta por políticos –con todo lo que está pasando estos días de 2017 en España con la corrupción generalizada- y los comerciantes creen que estos han adoptado unas medidas que son solo conocidas por ellos, y que podría tratarse de una agenda oculta con el objetivo de beneficiar a otra de las partes –que serían los promotores del citado Centro- y perjudicar a una –como son los comerciantes afectados-. Ante todo esto solo cabe una receta: claridad, diálogo y transparencia. En caso contrario, el mal olor, que ya empieza a percibirse, está asegurado de cara al futuro.

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