El lento declive del sector comercial en Melilla, (3ª parte):

9. Comercio minorista especializado, tanto multi-marca como mono-marca.

Se encuentra radicado en el centro de la ciudad, en las zonas de expansión urbana y en los barrios densamente poblados. Se trata de un sub-sector que no debería, en circunstancias más favorables, estar pasando por la situación que atraviesa ahora: negativa para unos, normal para otros, buena para pocos, y cada uno en función de la actividad, de su posición competitiva, de la existencia o no de barreras de entrada a la competencia y similares. Sin embargo, han confluido casi al mismo tiempo una serie de fenómenos que pueden afectarles desfavorablemente, según sean las características de cada comercio individual y su situación:

  • Sus márgenes no les permiten competir, de cara a los compradores que provienen de Marruecos en su mayor parte, con las grandes cadenas que unen a su mayor superficie comercial una mayor diversidad, en tanto y en cuanto cada vez estas otras están introduciéndose en la venta de artículos más especializados (decoración, hogar, zapatería, complementos, etc.) también con las mismas características de su oferta general. La dificultad para competir con las grandes cadenas no es solamente en el aspecto de los precios sino en todos los demás condicionantes que determinan las transacciones (política de devoluciones, financiación y demás aspectos).
  • Además, en cuanto al consumo proveniente de la población local, este tipo de comercio ha sido castigado por el aumento de las incomodidades para que los consumidores acudan a comprar, léase la eliminación por parte de la Ciudad Autónoma de Melilla en muy poco tiempo de un gran número de aparcamientos, que choca con la costumbre de muchos ciudadanos de acudir a comprar en coche (algo que no se cura en unos días ni en unos meses), así como la falta de costumbre de tener que pagar por el uso de los parkings públicos que, curiosamente, al menos en el centro, están completamente vacíos, tal como desgraciadamente están también a menudo las principales calles comerciales de Melilla. En este sentido, se está produciendo un desvío de flujos comerciales, en mayor medida de lo que sería razonable, a favor del comercio electrónico y hacia otras fuentes de aprovisionamiento diferentes, sean estas locales o no. Además, hay que tener en cuenta que el comercio electrónico se encuentra, paradójicamente, excluido de gravamen de importación en el IPSI hasta un cierto volumen de compras.
  • También se ha visto penalizado este comercio por las dificultades de acceso a la ciudad a través de las fronteras de ciudadanos marroquíes de alto y medio standing, que ante las vejaciones sufridas (es una vejación hacer esperar a una familia que viene a gastar dinero -en una ciudad muy necesitada de puestos de trabajo- durante largas horas en la frontera) han desviado sus funciones de abastecimiento hacia el turismo en localidades de la Costa del Sol, principalmente, donde les reciben con los brazos abiertos, como es lógico entre gente razonable.
  • Asimismo, las mayores facilidades para abandonar la ciudad, en cuanto al aumento de los medios de transporte, y la posibilidad de obtener unos buenos precios para hacerlo (combinando las ofertas periódicas de las compañías con las bonificaciones por residencia, familia numerosa o, en su caso, población militar) hacen que una buena parte de la población viaje frecuentemente y se haya desviado otra parte de su poder adquisitivo a la compra de artículos en la península, en los viajes periódicos que realizan. Como es lógico, allí pueden encontrar mayor variedad y, a veces, mejores ofertas.
  • Este factor debería ser compensado por la entrada de turismo, tanto desde Marruecos como desde el resto de España, pero, por contra, se observa la persistente incapacidad de la ciudad para atraer turismo que no sea a gastos pagados (y que luego no gasta particularmente apenas nada en Melilla), a pesar de las ingentes inversiones que cada año realizan los ciudadanos de Melilla en mantener una estructura: el Patronato de Turismo, con un presupuesto anual de unos 3 millones de euros, que desarrolla –desde hace muchos años ya- unas políticas fracasadas e inoperantes, en tanto que no producen resultado alguno.
  • También choca el hecho de que, por parte de las autoridades municipales, se implante una estricta e incomprensible restricción a las nuevas aperturas de establecimientos en áreas comerciales y su sometimiento a toda clase de inspecciones, comprobaciones y pérdidas absurdas de tiempo, en las que se obliga a las nuevas empresas a quedar sujetas a todo tipo de licencias, burocracia injustificada e intromisiones desproporcionadas, incluso cuando, a tenor de las prescripciones de la Ley de Emprendedores aprobada por el mismo PP que gobierna en Melilla, estas licencias podrían y deberían haber sido sustituidas ya completamente por declaraciones responsables de los empresarios y un sistema de comprobaciones posteriores por parte de la Administración Pública.
  • Es difícil entender una política “económica” definida por tantas restricciones e inconvenientes en una ciudad como Melilla, que soporta más de un 30% de tasa de paro y más de un 65% de tasa de desempleo juvenil. Da la sensación de que más que pretender que se creen empresas y puestos de trabajo, parece que se pretende lo contrario: que no se creen empresas libremente sino que la libertad de empresa y establecimiento quede sometida a la vigilancia y al capricho de algunos. Todo esto choca con la realidad existente para otras tipologías de comercio de carácter más informal descritas previamente.
  • La sensación de dejadez y desidia por parte de las Autoridades es lamentable en estas zonas comerciales, que hay que cuidarlas porque, en caso contrario, tienden a degradarse. En muchas esquinas nos encontramos grupos de “menas” (menores extranjeros no acompañados) los cuales, a falta de los clientes necesitados para las actividades comerciales, pueblan las calles mendigando principalmente, aunque a veces pretendan otras cosas. No se trata de días específicos sino que sucede a diario, en los mismos sitios y a las mismas horas. Sinceramente, las situaciones anteriores dicen muy poco a favor de nuestras autoridades -que son las que gestionan los medios que sostenemos los melillenses en común gracias a nuestros impuestos y que hemos puesto transitoriamente bajo su gestión para que nos sirvan debidamente- y tampoco de los ciudadanos de Melilla, porque permitimos esa dejadez y desidia. Habría que proceder a retirarlos de inmediato en cuanto sean detectados y deberían ser llevados a entidades públicas pagadas por nuestros servicios sociales para que cubran sus necesidades inmediatas: Si tienen hambre, que coman. Si necesitan vestido, que se les vista. Si necesitan cobijo, que se les cobije. Hay que actuar, porque son niños y no pueden quedarse abandonados en la calle. Ahora bien, si pretenden volver a ejercer no debe permitirse porque una sociedad civilizada no debe permitir todas esas situaciones sin inmutarse. También debería evitarse, en la medida de lo posible, el ejercicio organizado de la mendicidad con personas pidiendo limosna en cada esquina de las calles comerciales.
  • Muchas empresas familiares de la península, para luchar contra las grandes cadenas, lo que hacen es apostar también por el comercio electrónico para ampliar su radio de influencia y el total de clientes potenciales, y así compensar la pérdida de ventas. Pero en Melilla no existe tal opción debido al IPSI y, a la entrada en la península, el IVA y los gastos de aduanas. Un cliente de la península podría querer comprar un artículo de una empresa local si con el beneficio de tener un impuesto menor suple los costes superiores de los gastos de envío. Pero si a los gastos de envío le sumamos el DUA y ya que tienen que abonar el IVA correspondiente, es imposible. No hay viabilidad alguna para la mayor parte de las operaciones posibles.
  • Además, la falta de restauración en zonas comerciales, por ejemplo en el centro (porque en El Barrio del Real si la hay) hace que no haya tanta gente en la calle, aunque esto también se debe a que como no va gente al centro están varias cafeterías y bares vacíos y tienen que cerrar.

10. Comercio minorista de grandes cadenas radicado todavía en el centro de la ciudad –a la espera de la terminación del nuevo Centro Comercial en los terrenos del antiguo cuartel de Valenzuela, junto a la frontera de Beni-Enzar- en donde puede preverse su reinstalación junto a otras marcas que aún no se habían implantado en Melilla. Podemos denominarlo, sin afán peyorativo alguno, como el comercio tipo “Zara”, aunque podríamos haberlo llamado también “Stradivarius”, “Sfera”, o “Springfield”. Puede observarse que este tipo de comercio no sufre crisis y puede decirse que es el gran ganador por varias razones:

  • Concentra buena parte de las compras de la población marroquí de las zonas circundantes, puesto que puede ofrecer unos precios muy bajos dado su característica de gran superficie comercial, de empresa que concentra las actividades de producción, distribución y comercio al menor en la misma unidad económica eliminando, por tanto, todo un elenco de intermediarios. Además, se trata de empresas que realizan las actividades de producción en países en vías de desarrollo a unos costes relativos –en cuanto al mercado de destino- muy reducidos. Todos estos fenómenos configuran unos fuertes márgenes, que podríamos calificar como imbatibles para los artículos de escasa o pequeña diferenciación y especialización. Unos márgenes privilegiados con los que pueden jugar a la hora de enfrentarse a cualquier tipo de competencia.
  • Concentra también, gracias a esta referida posición competitiva de consumo de masas con grandes márgenes, una parte significativa del menguante –por las razones antedichas- consumo local, gracias a sus ofertas privilegiadas. Si bien, esta última es una tendencia generalizada a nivel global: “El pez grande se come al chico”.
  • Escapan bien a las tendencias de mayor uso del “comercio electrónico” gracias a la integración, en la misma unidad económica, no sólo de las funciones de producción, distribución y comercialización al menor sino también la de venta electrónica del catálogo de artículos centralizado, pudiendo imponer al cliente electrónico, además, la entrega de los artículos en la propia tienda física en la ciudad.

11. El comercio electrónico. Día a día va ganando posiciones en el consumo de los melillenses. Además de las tendencias globales de su uso intensivo por parte de los integrantes de la generación “millenial” (nacidos a partir de 1980 y que, por tanto, se han incorporado al mercado laboral a partir del nuevo milenio) que parecía que no iba a producirse en la misma intensidad en Melilla dada la emigración –por no existir trabajo en la ciudad- de una parte de sus miembros más dinámicos –que son los más predispuestos al uso del comercio electrónico-, y que en su mayoría se quedan luego en la península o en el extranjero, pero las penalidades impuestas al comercio especializado en Melilla (escasez de aparcamiento, fundamentalmente), han favorecido su uso cada vez mayor y también su extensión a la parte de tal generación que no habría estado tan predispuesta a su uso así como a los miembros de las generaciones anteriores, para los que tales penalidades impuestas han empezado a superar las desconfianzas e incomodidades que producían el uso de medios de pago electrónicos en tal tipología de comercio.

2 thoughts on “El lento declive del sector comercial en Melilla, (3ª parte):
ricardo

He estado dos dias en Melilla, en pleno Aid el Ftre, o “Pascua chica”, y he visto a una ciudad dormida , por no decir muerta.
Leo tu tercer BLOG, y me entra la duda, ¿que pasará con los negocios del Centro y Barrios del primer anillo, cuando estén todas las marcas en el, a mi juicio innecesario, centro comercial.
Lo de tener un Centro comercial es una aspiración cateta de nuestros gobernantes, como cuando en los dos 80-90 había que tener polideportivos, piscinas, etc etc por todos y cada uno de los pueblos, así como Poligonos industriales…ahora casi todos abandonados e inútiles.
Es solo mi humilde punto de vista.
Abrazo

Julio Liarte Parres

La verdad es que no puede saberse aún, hasta que se despejen algunas incógnitas. La primera será si el tráfico desde y hacia Marruecos será fluido. La segunda, cuáles serán las marcas que se instalen y, en función de lo anterior, cuál será el público objetivo al que se dirijan en su conjunto. En cualquier caso, muchas cosas van a cambiar -eso es seguro- en Melilla. Espero y deseo que los cambios se produzcan por las fuerzas del mercado y no por la mano de algunos avispado -que nunca será invisible, aunque disimulen- que pudiera llegar a ser de naturaleza corrupta.

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