La bajada del IPSI y la solidaridad (2ª parte)

Una garantía mal entendida

Hasta el año 2003 más o menos, que es cuando la compensación entró en vigor, cualquier empleado público de la Ciudad Autónoma de Melilla, o de las empresas que prestaban sus servicios mediante contrato con la ciudad, o de cualquier entidad u ONG subvencionada por la misma, o de las empresas que indirectamente trabajaban para ella, conocía la relación existente entre su bienestar y el de su familia – a través de los sueldos que percibían- y la evolución del comercio en Melilla, el cual, a través de la recaudación del IPSI importación (y gravámenes complementarios), nutría de unos recursos presupuestarios constantes, por una cuantía impresionante dado el tamaño de la ciudad y muy líquidos, ya que se cobraban diariamente antes de salir las mercancías del puerto o aeropuerto.

Por tanto, puede decirse que prácticamente toda la población de Melilla conocía la dependencia existente entre la evolución favorable del comercio local con la solvencia de las finanzas y la capacidad de gasto de la administración pública de Melilla antes de que existiese la “garantía” citada del IPSI, y antes de que los propios gobernantes se vanagloriasen de que, pasase lo que pasase, los ingresos de la ciudad se mantendrían constantes y que, por tanto -según ellos- tales ingresos se producirían con independencia de la evolución de la actividad económica de la ciudad.

Más o menos, creen que con la “garantía” han descubierto la piedra filosofal o la fuente de la eterna juventud: llegando a creer que ya no tienen que preocuparse de los ingresos, sino solamente de gastar (o malgastar, según se mire) y, sinceramente, para esto último no se instrumentó este mecanismo de solidaridad hacia Melilla – y Ceuta- por parte del resto de los españoles.

Declaraciones políticas irresponsables

Los políticos deben ayudar a educar a los ciudadanos, y esto deben hacerlo mediante sus comportamientos, actitudes y declaraciones, principalmente estas últimas, puesto que es el principal medio para conectar con la sociedad.

Si se dedican a propagar continuamente falacias, como la comentada de que paga el estado y de que en cualquier caso el estado va a pagar, independientemente de las decisiones que se tomen en Melilla, no consiguen otra cosa que extender la idea de que a muchos melillenses, principalmente los que no viven del comercio, no tienen ninguna implicación según sea la evolución del mismo, y por eso no es raro que estén surgiendo opiniones, que fundamentalmente provienen de personas que se han incorporado al mercado de trabajo a partir de principios de siglo, que expresan su desinterés por la evolución económica privada, cuando no desprecio, por la misma, creyéndose indiferentes porque perciben sus ingresos, a través de formas diferentes, de una administración local dirigida por unos políticos que se dedican a extender ideas que propician lo anterior. Declaraciones que generan división entre los melillenses e insolidaridad.

Por otra parte, el comercio fronterizo con Marruecos no vive su mejor momento. Se encuentra en crisis debido a las restricciones de paso que se han establecido en la frontera. Ante esta situación, que dura más de un año, algunos comerciantes han buscado reunirse con las autoridades para expresar sus quejas y solucionar los problemas. Las autoridades se han negado a reconocerles la representatividad -aunque fuera parcial- del colectivo de comerciantes y a recibirles y escucharles. Por ello, la gravedad de la crisis ha desembocado en dos manifestaciones multitudinarias del sector comercial, mediante las que muchos comerciantes y ciudadanos diversos han expresado sus preocupaciones. Esperemos que esta situación se vea modificada con el cambio de gobierno de España que recientemente se ha producido, porque hacerlo peor de lo que se venido gestionando este asunto es difícilmente superable.

División de la sociedad melillense

La respuesta política hasta el momento ha sido deprimente y, desgraciadamente, divisiva de la sociedad, como suele ser lo habitual en los últimos tiempos: se ha llegado a despreciar verbalmente a una parte de los comerciantes, simplemente por el hecho de reunirse y protestar, a pesar de que muchos formarían parte de los votantes “naturales” del partido que transitoriamente ocupa el gobierno de Melilla y, como es habitual, se ha inducido a la división de los melillenses entre los “buenos” y los “malos” o, mejor dicho, entre los “sumisos” y los “insumisos” a los dictámenes de este gobierno local.

Lo peor de todo esto es que los mensajes se han ido de las manos y, por ejemplo, algunos han llegado a manifestar en redes sociales: <<¿y a mí qué me importa lo que ocurra en la frontera? Yo no tengo nada que ver, puesto que voy a seguir cobrando mi sueldo. Si la tienen que cerrar, que la cierren.>>

Un asunto que nos concierne a todos

El problema es que sí nos tiene que importar a todos. El problema es que los dirigentes políticos no deberían haber propiciado que se extendiesen esas ideas entre mucha gente. El problema es que esto no es la antigua Unión Soviética, ni Cuba, ni Corea del Norte o Venezuela (afortunadamente) y no todo el mundo puede trabajar en el sector público directamente o para el sector publico. Debe haber una parte de la economía, cuanto más grande mejor, que no forme parte del sector público, que desgraciadamente, como estamos viendo, es muchas veces un sitio propicio para la corrupción, el nepotismo y el despilfarro, dicho sea de paso, sobre todo en algunas ciudades.

Un futuro basado en planes de empleo, transferencias del estado y actividad económica privada marginal y reducida a su mínima expresión, es un futuro que nos haría más débiles y dependientes, aunque eso sea lo que le gustaría a algunos políticos para dominarnos con mayor facilidad. Hay que comprender que en el sector privado -tanto los empresarios como los trabajadores y sus familias- radica uno de los núcleos duros de la permanencia de la ciudad.

Por supuesto que el comercio fronterizo genera problemas e incomodidades pero para solucionarlos tenemos a los políticos ahí, en situaciones de privilegio, para que solucionen los problemas que tenemos las personas y no para que se peguen la vidorra a nuestra costa. Que no lo olviden nunca, ni permitamos nosotros que lo hagan.

Y es que la interdependencia no es sólo solidaridad sino mutuo interés o, mejor dicho, interés colectivo. Un interés colectivo que todos debemos defender. Todo en el cuerpo humano es importante, y eso lo descubrimos cuando nos falta una parte o no podemos utilizarla por la razón que sea. Pues algo parecido ocurre en un cuerpo social.

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