La ejecución, factor crítico para el éxito de una estrategia

Hay gente que cree que la función crítica para que un deseo se convierta en una realidad: una idea, una política, un proyecto empresarial…es, simplemente, la de conseguir unos recursos financieros para ponerla en marcha, y anunciarlos a bombo y platillo. Esto es muy importante, sin duda, pero la financiación, por sí sola, no va a llevar a ningún resultado idóneo. Es más, puede llegar a convertirse en un auténtico fiasco.

Otros creen que lo más importante es enmarcar tal deseo en un bonito documento que recoja todo tipo de previsiones, cuadros, e incluso su programación temporal y demás potenciales incidencias. También está muy bien, y así mismo es necesario, pero no lleva a nada.
Y es que casi siempre se pasa por alto un aspecto crucial en la implementación de cualquier estrategia: su ejecución. Una buena ejecución es fundamental para el éxito, ya que es la que garantiza que los planes y objetivos se lleven a cabo de manera efectiva y eficiente.
Puede afirmarse que la dotación de una financiación ad-hoc o, incluso, que una estrategia bien pensada y diseñada, no garantizan el éxito si no se ejecuta de manera adecuada. Por tanto, la ejecución sí es el factor crítico para el éxito. Lo malo es que la mayoría de las veces no se le da la importancia que merece y, al final, a pesar de la movilización de unos grandes recursos financieros y la existencia de unos planes muy válidos el resultado final es malo, o no tan bueno como debería ser.
Y esto es así porque la ejecución implica movilizar adecuadamente al componente fundamental de una estrategia, cual son las personas que deben ser gestionadas en el marco de una estructura idónea, que posibilite la debida flexibilidad, agilidad, eficiencia, eficacia y compromiso del grupo humano que la componga, en el marco de un conjunto de principios y valores que deben detentar, individualmente y como grupo, y que deben estar basados en los valores últimos de la organización a la que representan, por supuesto en el marco del ordenamiento jurídico existente.
La ejecución es el proceso de llevar a cabo las acciones necesarias para alcanzar los objetivos de una estrategia. Implica tomar decisiones, asignar recursos, establecer plazos y realizar un seguimiento constante del progreso, con la vista puesta en los beneficiarios últimos de las acciones, que son la clientela potencial, en el caso de una empresa; o la ciudadanía, en el de una estrategia pública. En definitiva, una buena ejecución requiere una combinación de habilidades, recursos y compromiso por parte de todos los miembros involucrados de una organización. Unas cualidades y valores que no son tan comunes ni generalmente extendidos como para presumir previamente que cualquiera vale para ello.
Hacer esto último puede llevar al fracaso de una gran idea bien dotada financieramente y adecuadamente planificada. Poner en manos de gente sin los principios éticos mínimos ni el compromiso necesario para gestionar un proyecto importante es un riesgo tan elevado que no merece la pena ni comentarlo.

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