La Luz: un servicio imprescindible para Melilla

Pues sí. Al final ha tenido que dimitir el presidente del gobierno del PP en la Región de Murcia, a pesar de haber intentado mantenerse contra viento y marea. Y ha tenido que hacerlo, también a pesar de que tanto Rajoy como el Partido Popular nacional, y no digamos el regional, apostaron -durante casi dos interminables meses- por su permanencia hasta el último minuto. Muchos han estado defendiendo a un político que había incumplido claramente sus compromisos, que había incumplido con la palabra dada y la Ley que él mismo había aprobado, junto al resto de la Asamblea de Murcia, aunque solamente debido a la presión del grupo político de Ciudadanos.
En Alemania, Estados Unidos, Reino Unido o Suecia y otros países, un dirigente de este corte no aguantaría ni medio telediario antes de verse obligado a dimitir, o que le dimitieran sus superiores. Aquí no. Aquí se le sigue apoyando, ahondando la brecha existente entre los políticos y la ciudadanía, que bastante tiene con llegar a fin de mes en buena parte, y eso cuando pueden hacerlo porque no se encuentren afectados por el desorbitado paro o los bajos salarios.
Se dispara la preocupación de los españoles por la corrupción
No es extraño que la percepción sobre el problema de la corrupción se haya disparado entre los españoles hasta el 44,8 %, según el CIS. Estamos viviendo un primer semestre de 2017 verdaderamente rocambolesco. Los casos Correa, Urdangarín, Rato, Blesa, Bárcenas, la muy posible financiación irregular del PP de Madrid. Hoy mismo, ha saltado una noticia bomba: la detención por la Guardia Civil de Ignacio González, anterior presidente de la Comunidad de Madrid. En definitiva: un caos. No hay día en que los españoles nos acostemos sin noticias sobre nuevos episodios de corrupción entre nuestros políticos, principalmente del PP. Algo asqueroso y verdaderamente lamentable.
Sin embargo, de todo lo que hemos vivido recientemente hay lecciones de las que debemos aprender. La principal, a mi juicio, es la importancia de la coherencia en política. Una coherencia de la que ha hecho gala un partido político: Ciudadanos, y un líder: Albert Rivera, que se han mantenido firmes en lo que antes habían dicho por activa y por pasiva durante la campaña electoral y antes de la formación de los gobiernos, tanto del regional en Murcia o en Castilla-León, o Madrid o La Rioja como del Nacional.
También hay que señalar la importancia que tiene una prensa libre o, al menos, unos pocos medios que actúen en algunos casos con independencia con respecto a los que gobiernan. Unos medios y unos periodistas que, a pesar de las opiniones opuestas e interesadas de otros medios, se han mantenido en las posiciones que deberían ser normales en un sistema democrático: La exigencia de que los políticos en ejercicio deben estar libres de cualquier tipo de sospecha de corrupción. Ni más ni menos. Me pregunto: ¿Es tan difícil comprender esto? 
Con estos componentes previos, ha llegado hace unos días el final de la tragicomedia en Murcia: cuando la situación no estaba del todo clara en cuanto a su resultado final, ha venido un empujón de la fortuna -que siempre ayuda a los que la buscan y que, por tanto, han arriesgado: el Juez de la Audiencia Nacional ha decidido imputar al presidente de Murcia con cuatro nuevos cargos de corrupción, ni más ni menos. Unas imputaciones que fueron seguidas inmediatamente por peticiones de dimisión mediante editoriales en los principales medios de comunicación.
La suerte estaba echada. Rajoy se vio en la necesidad de hacerle dimitir. No obstante, se hizo el remolón para negociar lo que él llamaba una salida digna, pero que no ha sido otra cosa que garantizarse el control tanto del partido en Murcia como del gobierno regional a pesar de haber tenido que salir del mismo. Su futuro político ha quedado en manos de la Justicia.
Melilla: un oasis para los populares imputados
Lo ocurrido en Murcia hay que confrontarlo, hay que compararlo, con lo que viene ocurriendo en Melilla desde hace años. Una ciudad en la que también gobierna el partido popular desde hace mucho y en la que gran parte de los dirigentes del mismo así como buena parte de los miembros del gobierno están también imputados en delitos calificados como corrupción, aunque el partido popular minore el calificativo diciendo “que una cosa es meter la pata y otra meter la mano”, rebajando los posibles delitos a la categoría de meros “errores administrativos” y, por tanto, responsabilidad de los técnicos que no asesoraron debidamente. Tuvo tanto éxito inicialmente la suprema canción que hasta se ha convertido en un eslogan del PP nacional para defenderse de los casos de corrupción que le afectan, incluso el referido de Murcia.
Afortunadamente, no toda España es como Melilla. Y es que hay importantes diferencias. En primer lugar, no existe ahora mismo una presión política capaz de hacer doblegar las comprensibles intenciones de permanencia, puesto que la opción que tienen es el paro- de los políticos imputados. Desgraciadamente, mi antiguo partido: Populares en Libertad, en el que estuvimos durante años machacando con la idea de la necesidad y obligatoriedad de que se produjese la dimisión inmediata -como responsabilidad política- de cualquier político que resultase ser imputado judicialmente por acciones u omisiones cometidas en el ejercicio de sus cargos públicos, decidió venderse al Partido Popular y proporcionarle a este el escaño que le faltaba para la mayoría absoluta que acababa de perder.
Populares en Libertad podría haber aportado a su unión con el PP un significativo valor añadido, pero al final este ha sido inexistente puesto que lo que se ha producido ha sido una simple absorción. Las ideas que subyacían en los programas de PPL, que podrían haber generado el revulsivo que requiere Melilla, han quedado devaluadas conforme lo han sido los valores de aquellos que deberían haberlas defendido. Unos principios y convicciones que se han demostrado inexistentes en estas personas y que han llevado los restos de PPL hasta valores negativos, porque eso es lo que ha comprado el PP de Melilla. Todo ello sirve para demostrar, una vez más, que lo que aparece escrito en los papeles no tiene ningún valor si no prevalecen unas personas con la determinación de llevarlos a cabo.
No es extraño que desde entonces los melillenses nos hayamos tragado muchos sapos: el Consejo de Gobierno de la Ciudad Autónoma ha designado como presidente de la Autoridad Portuaria a un político que está imputado, también procesado y a la espera de sentarse en el banquillo, y no solamente eso sino que, desde hace unos días, es el nuevo Secretario General del PP; por otra parte, la portavoz del PP en la Asamblea también está procesada y con un juicio inminente para celebrarse. Por si fuera poco, el presidente ha designado a su mujer como vice-consejera con dedicación exclusiva y sueldo. Muy normal debe de ser, porque aquí no pasa nada ni se mueve una mosca. ¡Que se le hubiera ocurrido hacer lo mismo a Aznar con Ana Botella o a Zapatero con su mujer, y no digamos si hubiese sido el marido de Susana Díaz!, ¡La que se habría liado!
En el PP nacional se han hartado de repetir, durante la crisis de Murcia, que el umbral para la exigencia de la dimisión estriba en ser procesado por un Juez. Pues bien: en Melilla están esos dos casos flagrantes, junto a otros menores, y no sólo no pasa nada, sino que, además, al primero se le acaba de nombrar para un nuevo puesto político de primer nivel, como aviso a navegantes y a todo tipo de personas capaces de emitir juicios de valor. Melilla is different!
La imprescindible necesidad de una prensa libre
No nos engañemos, lo anterior ocurre en Melilla porque no hay presión de tipo alguno. Los partidos de la oposición hacen lo que pueden: cuando dicen algo sobre el asunto, su mensaje es silenciado o distorsionado por varios medios de comunicación, a veces rozando el esperpento: reproduciendo amplia y previamente las contra-declaraciones de los políticos afectados por los casos de presunta corrupción de forma que antecedan a las declaraciones de los miembros de la oposición, que aparecen resumidas en segundo término. Muy ecuánime, claro.
Además, casualmente, apenas hay opinión emitida en los medios que sea crítica con el gobierno. Es increíble: En diecisiete años en el PP no han tenido que cometer ningún error.
Por todo lo anterior, es necesario, es transcendental, es fundamental, la existencia de -al menos- un medio de comunicación que desempeñe sus funciones fuera de la órbita de la manipulación interesada, regada con generoso dinero público, del gobierno del PP en Melilla. Y es que en esta ciudad llega a ser normal y generalmente aceptado lo que en cualquier otro sitio de España sería imposible.
En Melilla, a excepción de algunas líneas en este mismo periódico y las redes sociales, no existe ningún otro elemento de expresión de las voces críticas, que siempre son sanas en una democracia y que, por consiguiente, deberían ser siempre bienvenidas. Tenemos que reflexionar seriamente. Necesitamos – seguimos necesitando – una prensa libre, una necesidad para la que este periódico -La Luz- ha prestado un servicio impagable a Melilla. Un servicio que ojalá pudiera seguir prestándose, porque esta ciudad verdaderamente lo sigue necesitando.
El periódico La Luz y la TV y la radio de Cablemel, ocupan un lugar de privilegio entre los medios en Melilla, que se han ganado en base a su esfuerzo, tanto el de sus periodistas como el de sus colaboradores y principalmente el de sus propietarios, que son los que han facilitado los recursos y han asumido los riesgos para que esto pueda haber ocurrido durante más de ocho años. Pensémoslo: Para todos ellos habría sido más fácil subirse al carro del poder, que cuenta con ingentes cantidades de dinero ajeno para manejar a su antojo, antes que luchar contra el mismo.
Quiero aprovechar estas líneas para agradecerles a todos ellos su esfuerzo y su lucha por Melilla y los melillenses. Una lucha que, como muchas otras, no está pagada ni agradecida en muchos casos, pero no por ello ha sido -y sigue siendo- menos necesaria, como hemos visto. A veces, la vida nos pone frente a estas tesituras: la necesidad de defender algo contra nuestros propios intereses, pero todo sea por defender nuestros principios y convicciones más profundas.
Muchas gracias a Gustavo Cabanillas y a todo su equipo de periodistas y colaboradores. Mucho ánimo a todos los miembros del periódico La Luz y de la Televisión Cablemel: Habéis trabajado de manera fabulosa durante todos estos años. Espero y deseo que sigáis estando ahí, como una referencia y un lugar al que agarrarse cuando nos acechen las tinieblas de la oscuridad del incierto futuro que se dibuja en el horizonte.

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