La solución posible que se ha convertido en un problema

Los ciudadanos, en muchas partes del mundo, cada vez más sienten que los políticos están desconectados de sus realidades y preocupaciones diarias. Se les está percibiendo como una élite distante que prioriza sus propios intereses sobre los del pueblo que dicen representar.
La corrupción es un factor que ha contribuido a esta falta de confianza. Demasiados escándalos de corrupción política han salido a la luz, socavando la confianza en las instituciones democráticas y alimentando la percepción de que los políticos están más interesados en enriquecerse personalmente que en servir al público. Este fenómeno no se limita a ninguna región o nación en particular, sino que es un problema generalizado, si bien en mayor o menor medida, que mina la credibilidad de la política y, sobre todo, de los políticos.
Además, la polarización política y la incapacidad para llegar a acuerdos está crispando el ambiente político y social y perjudicando la concepción que los ciudadanos tienen de los políticos. En lugar de trabajar juntos para abordar los desafíos urgentes que enfrenta la sociedad, muchos políticos se enfrascan en disputas partidistas y se centran en mantener o consolidar su poder, a expensas del bienestar general, que no ocupa su principal prioridad. El espectáculo que hemos visto la semana pasada en el parlamento español nos produce vergüenza ajena a muchos e indignación a otros, que vemos como unas políticas cainitas de lucha por el poder nos llevan al desprestigio internacional más absoluto y a una extrema debilidad, que está siendo explotada por separatistas catalanes y por países extranjeros -particularmente uno que no hace falta mencionar- para mejorar sus posiciones controvertidas en contra de España.
Otro aspecto preocupante es la falta de liderazgo visionario y la ausencia de políticas a largo plazo. En muchos casos, los políticos están más preocupados por las ganancias partidistas a corto plazo y la satisfacción de los intereses inmediatos de ciertos grupos de presión que por implementar medidas que promuevan el desarrollo y el bienestar a largo plazo de la sociedad en su conjunto.
No obstante, es importante recordar que no todos los políticos son iguales y que muchos de ellos están verdaderamente comprometidos con el servicio público y la búsqueda del bien común.
Por tanto, la solución a este problema no radica en demonizar a todos los políticos, sino en exigir transparencia, rendición de cuentas y ética en la vida pública; y hacerlo a través del voto democrático, que es la principal y única ocasión en que los ciudadanos detentamos el verdadero poder en una democracia.
Para ello, es fundamental que los ciudadanos participemos activamente en la vida política, ejerzamos el derecho al voto de manera informada y exijamos a nuestros representantes que actúen con integridad y en beneficio de la sociedad en su conjunto.

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