Melilla: Una ciudad fronteriza (2). Mirando al Norte

Como decíamos, la existencia de unas relaciones transfronterizas normalizadas y mutuamente provechosas para los habitantes de ambas partes de una frontera es algo natural y no debería ser objeto de grandes controversias, más allá del cumplimiento de unas reglas escritas, conocidas y respetadas por los usuarios de la misma y los gobiernos respectivos.
Sin embargo, esto, que tradicionalmente ha sido una constante en la frontera de Melilla, ha dejado de existir; y nos encontramos en una situación paradójica: tenemos tres puestos fronterizos y solo uno está abierto y aún de manera incompleta e insatisfactoria, persiste el cierre de la aduana comercial para los movimientos aduaneros y no se aplica el régimen de viajeros en el tránsito de viajeros hacia Marruecos, algo que, por otra parte, existe en cualquier lugar del mundo civilizado, a excepción, parece ser, de Melilla, y también Ceuta.
La negociación entre ambos gobiernos, aparte del lenguaje protocolario, la hermandad proclamada entre ambas casas reales y la tradicional amistad entre ambos países, está paralizada; y es que, para empezar, ni hay negociación ni nada que se le parezca. Hay un manejo de los tiempos por una parte, dejándolo todo para un futuro incierto y no despejado, precisamente por aquella para la que los intereses y el bienestar de sus ciudadanos ocupa el último lugar entre sus preocupaciones.
La posición española está siendo de carácter reactivo, puesto que es conocedora de la forma de actuar de su contra-parte, y siempre a la espera de acontecimientos, sin utilizar medios de presión alguna y, por tanto, bloqueada en un permanente impasse impuesto por la otra. A pesar del cambio rotundo en la tradicional postura de España sobre el Sáhara Occidental, que aún debe parecerle insuficiente a Marruecos, seguimos en una indefinición, que puede durar años y no parece haber actitudes entre ambas partes para llegar a un acuerdo inmediato.
Todo esto ha conseguido que la frontera llegue a ser una variable exógena en el modelo de desarrollo para Melilla: Una variable que puede influir, y mucho, en el desenvolvimiento económico de la ciudad y, por tanto, en su especialización sectorial y sus posibilidades de desarrollo, pero sobre la que no existe, al menos por parte de los ciudadanos de Melilla y del gobierno que les representa, capacidad de influencia alguna.

Mirar al norte
Lo que empezó como un slogan político más o menos afortunado, lleva camino de convertirse en una necesidad apremiante, y es que, cuando lo que parecía natural deja de serlo, no queda más remedio que cambiar el rumbo hacia otros lugares, descubrir otros mercados y especializarse en actividades económicas posibles y de riesgo controlado.
Ahora bien, tenemos que definir lo que significa mirar al norte. Si lo que significa es no hacer nada, y pedir cada vez mayores cantidades de dinero a las administraciones públicas actuantes para sostener lo que con el tiempo será insostenible, es el camino equivocado y, por tanto, es inviable a largo plazo. Sí, por contra, implica infundir un ánimo generalizado de cambio entre toda la población para transformar la ciudad – con todos los costes económicos y emocionales que suponga- en una capaz de generar numerosas actividades económicas y empleos para la población al tiempo que se realizan las transformaciones necesarias para lograrlo, fuera ya de la dependencia extrema en el intercambio fronterizo, sí sería el camino adecuado.
No obstante lo anterior, hay que temer las decisiones que no tienen vuelta atrás, como serían las de entrar en la Unión Aduanera o en la zona Schengen extensiva. Aunque el factor emocional impulse la entrada sin más razonamientos, sigo considerando que es mejor seguir esperando un poco, transformar y mejorar todo lo que se pueda en nuestro status con relación a la Unión Europea, y decidir solamente una vez que se conozcan bien las consecuencias y efectos de tales decisiones, y siempre y cuando puedan propiciar una mejora notable a un coste mínimo.
La evolución ideal sería la de un aterrizaje suave, disminuyendo poco a poco la dependencia en las actividades tradicionales. Sin embargo, ante una cerrazón como la que puede observarse -que implica dolor y sufrimiento para los habitantes de ambas partes – no queda otra que la reconversión forzosa e inmediata del aparato productivo local, que se ve en la perentoria necesidad de girar sus puntos de mira hacia otras actividades con posibilidades de futuro, mientras se aplican medidas de fomento de tal reconversión y de generación de nuevas actividades, sin olvidar medidas para amortiguar el peso del cambio en las actividades tradicionales que ya no tienen viabilidad operativa.

Un futuro posible

Pueden adivinarse grandes posibilidades en el sector turístico especializado en determinados segmentos rentables -solamente cuando se supere, con estabilidad y fiabilidad, el muro de los altos precios del transporte para los no residentes-; en el sector de las tecnologías de la información y la economía del conocimiento; en la especialización en una ciudad que ofrezca formación de calidad; en la generación de una oferta de localización para facilitar el trabajo online de prestadores de este servicio que son demandantes de una alta calidad de vida a unos precios relativamente bajos y en un entorno de seguridad jurídica; en la producción local de determinadas producciones alimentarias; en las posibilidades industriales que podrían otorgar un sistema de reglas de origen modificado y más atractivo; en las actividades de carácter medio ambiental y la capacidad de generación de empleo que conllevan…
Todo eso es posible, si nos ponemos a ello de manera inmediata y unida. La unión hace la fuerza, y más en las circunstancias actuales descritas. Hay que huir de la división que nos debilita aún más que las decisiones hostiles de un país extranjero.
Sin embargo, nos hace falta generar, en cantidad y en calidad, un recurso primordial. Lo fundamental no es definir y concretar la situación, en una ciudad tan diminuta como Melilla, de la localización de las actividades tecnológicas, pues podemos observar, sin temor a equivocarnos, cómo en Málaga, por ejemplo, las han situado en el extra-radio, mal comunicada y relativamente lejos de la costa, y aún así ha florecido; o cómo y dónde nació Apple, por seguir con otro ejemplo.
Tampoco es decidir dónde poner un nuevo hotel, o donde situar todo lo demás que, aunque importante, no es aún primordial.
Lo fundamental es generar talento interno, un capital humano muy capacitado que se convierta en el principal motor del cambio necesario e impuesto. Esta inversión intangible es la que produciría un mayor rendimiento. Ahí hay que volcar esfuerzos imaginativos e ingentes recursos, tanto para importar talento como para producirlo y retenerlo. Hay que persistir en la formación muy especializada, proseguir actividades como Másteres tecnológicos, emprendidos en su momento por la DGSI de la Ciudad; MBAs de calidad y reputación, como los que gestionó Promesa en el pasado; la ampliación de actividades de la Escuela de Hostelería y actividades de este corte, sin olvidar fundamentalmente los idiomas. Aquí sí que estaría el inicio del camino adecuado hacia el futuro deseado y para propiciar el cambio.

 

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