La Luz: un servicio imprescindible para Melilla

Pues sí. Al final ha tenido que dimitir el presidente del gobierno del PP en la Región de Murcia, a pesar de haber intentado mantenerse contra viento y marea. Y ha tenido que hacerlo, también a pesar de que tanto Rajoy como el Partido Popular nacional, y no digamos el regional, apostaron -durante casi dos interminables meses- por su permanencia hasta el último minuto. Muchos han estado defendiendo a un político que había incumplido claramente sus compromisos, que había incumplido con la palabra dada y la Ley que él mismo había aprobado, junto al resto de la Asamblea de Murcia, aunque solamente debido a la presión del grupo político de Ciudadanos.
En Alemania, Estados Unidos, Reino Unido o Suecia y otros países, un dirigente de este corte no aguantaría ni medio telediario antes de verse obligado a dimitir, o que le dimitieran sus superiores. Aquí no. Aquí se le sigue apoyando, ahondando la brecha existente entre los políticos y la ciudadanía, que bastante tiene con llegar a fin de mes en buena parte, y eso cuando pueden hacerlo porque no se encuentren afectados por el desorbitado paro o los bajos salarios.

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Melilla: el Gran Hermano o una de las últimas Dictaduras

El 28 de Junio de 2006, D. José María Antón, en su faceta como director de la compañía de teatro Concord -que es inseparable a su oficio de catedrático de literatura- durante su intervención en un acto público ante un auditorio formado en buena parte por cargos del gobierno de Melilla y del partido popular en el poder, amén de los consabidos acompañantes, pronunció una frase para la posteridad, al menos de esta pequeña ciudad española: “en el mundo quedan tres dictaduras: Corea del Norte, Cuba…y Melilla”.

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Melilla: una ciudad ante su encrucijada

Una ciudad en crisis

Melilla se enfrenta a uno de los momentos más cruciales de su historia. Momentos amargos y, a su vez, críticos. Nos encontramos en franca decadencia. Las cifras de paro y de pobreza nunca han alcanzado los niveles actuales. La persistente caída de la actividad económica privada viene siendo una constante en los últimos trece años, desde antes incluso del inicio de la crisis económica generalizada. Las perspectivas de futuro son mínimas para una buena parte de la población melillense.

Han empeorado problemas antiguos de marginación, desarraigo y reticencia a la integración de grupos numerosos de personas. Las oleadas inmigratorias, que podrían alcanzar la característica de descontroladas según como sea la voluntad política de Marruecos, podrían constituir una amenaza a la mera supervivencia de la ciudad. Ha surgido una nueva forma de inmigración procedente del entorno marroquí: la de menores no acompañados que sospechosamente son abandonados en el interior de Melilla para que la Ciudad Autónoma se responsabilice de su tutela obligatoria hasta que alcancen la mayoría de edad, con todo lo que esto implica de cara al futuro no muy lejano. La inseguridad ciudadana es un sentimiento que va calando en la ciudadanía, mientras se han venido multiplicando los sucesos de robos, tentativas de los mismos, altercados y accidentes de todo tipo. Y ha aparecido, además, un peligroso caldo de cultivo: el yihadismo que, si bien no es aún muy numeroso, está creciendo en sus manifestaciones.

Son unos momentos amargos, porque nunca han coincidido tantos y tan variados problemas, y nunca se ha producido una evolución tan desfavorable de los indicadores económicos y sociales que sirven para definir el bienestar o, en este caso, el malestar de una sociedad en términos medios; y son también críticos, porque la capacidad de reacción frente a los anteriores y la forma de hacerlo marcará, sin duda alguna, el devenir a medio y largo plazo de esta ciudad en función de nuestra capacidad para escalar el pozo en el que estamos sumidos y volver a alcanzar el camino de la prosperidad que tenemos derecho a conseguir a base de trabajo y buen hacer, como españoles y ciudadanos libres que somos; o, por contra, hundirnos definitivamente en el abismo, por mucho que se pretenda suavizar la desgraciada realidad actual utilizando los presupuestos generales del estado, o las acciones propagandísticas de tipo triunfalista.

El futuro de Melilla

Tenemos muchos frentes que atender y muchos problemas que enfrentar y para eso haría falta un liderazgo renovado. Haría falta hablar de todo y generar un nuevo contrato social entre los melillenses dispuestos a luchar por su tierra, y que indiscutiblemente se sintiesen españoles por encima de cualquier otra consideración y cualquiera que sea su procedencia. Tendríamos que perdonarnos muchas cosas entre nosotros y solucionar conjuntamente otras muchas más, y hacerlo más desde la cooperación leal en lugar que desde el engaño.

En mi opinión, en el año 2017 todavía estaríamos a tiempo de corregir el rumbo de las cosas, pero estamos llegando al punto de no retorno. Más allá está el precipicio, aunque muchos aún no acierten a adivinarlo o, aunque lo adivinen, a ellos les traiga al pairo mientras anden calentitos, aplicándose lo del dicho popular: “…y el que venga detrás, que arree”.

Sé de la importancia estratégica que Melilla tiene para España. Pero considero que el futuro de Melilla como ciudad española no debe sujetarse con alfileres y por los pelos, sino que Melilla debe sustentarse en bases sólidas; y la mayor solidez la proporcionará una economía próspera, capaz de generar puestos de trabajo y oportunidades para todos aquellos que deseen aprovecharlas.

Considero que España cometería un gran error, por precaución ante el reino vecino principalmente, en seguir apostando por una estabilidad ficticia caracterizada por esconder los problemas debajo de la alfombra, mientras se aportan ingentes cantidades de dinero a cambio de continuar tapándose los ojos con los “errores administrativos” de los gestores políticos.

Creo que habría que reinventar Melilla. Deberíamos romper las tendencias históricas que condenan a nuestra ciudad a la mediocridad, la debilidad cada vez mayor y la inviabilidad económica y social a largo plazo. Pero para eso nos harían falta dirigentes políticos que, al menos, tuviesen una visión de la Melilla que ambicionan para el futuro; y una organización política detrás que fuese capaz de nutrir de colaboradores políticos solventes y honrados a tales líderes, de forma que asegurasen un cumplimiento eficaz y eficiente de la misión que les encomendaríamos: llevarnos a una Melilla que siguiera siendo española, y que, a su vez, fuese viable a medio y largo plazo.

Todo ello, por supuesto, dentro del marco estrecho de unos principios y valores irrenunciables –obvios, aunque no por ello comunes-, principalmente con tres requisitos: patriotismo bien entendido, honestidad a prueba de bombas y generosidad política con aquellos que pudiesen pensar de forma diferente. Todo lo demás podría conseguirse. Sería cuestión de personas y de un pueblo que supiese elegir; y esperemos que sepa hacerlo bien, porque se trata de nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de nuestra ciudad.

Rajoy ante el desafío independentista de los nacionalistas catalanes

España, marzo de 2017. El Parlamento de Cataluña prepara un sistema para la puesta en marcha de la Ley de desconexión con España, como paso previo a la declaración de independencia de Cataluña. Se trata de un paso más en dirección al precipicio de la traición y la ruptura, al que unos dirigentes irresponsables están llevando a los catalanes – a los que dicen deberse – y a todos los españoles.

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La corrupción tiene premio en la España actual

Durante los dos primeros meses de 2017, los españoles hemos presenciado una condena al ex vice-presidente económico del Gobierno del PP de Aznar, Rodrigo Rato, que ha sido debida a las tarjetas “black” de Caja Madrid, cuyo uso posibilitó, aprobó, encubrió e instigó entre los Consejeros de la entidad crediticia, los cuales tenían el derecho a usar, a modo de dinero caído del cielo o de pólvora del rey, sin repercusión fiscal y con opacidad absoluta, tales tarjetas para adquirir bienes, servicios e incluso sacar dinero de los cajeros, como hacía el propio Rato. Da vergüenza ajena solamente enterarse de lo acontecido y del uso fraudulento del dinero de los demás.

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Centrémonos en los mejores: Son los que pueden ayudar a cambiar el mundo

Siempre he pensado que los gobernantes, independientemente de la magnitud e importancia de los gobiernos que han conseguido encabezar, sean estos de naciones, regiones, provincias o ciudades; y ya sean de las más grandes y poderosas, o de las más pequeñas y debilitadas, todos deben ser capaces de ofrecer a la sociedad -principalmente a la propia, pero también a la población ajena-, además de lo fundamental – que es un buen gobierno-, una forma de conducirse ellos mismos que ayude a educar a las personas que componen la población en general y, en definitiva, a las sociedades de los que estos forman parte.

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Reactivar un blog (reedición)

Llevo tiempo sin escribir en este medio. Casi un (dos) año (s). Es hora de reactivarlo porque es una buena forma de comunicación que, además, puede complementarse con su difusión por otros medios, concretamente Facebook y Twitter. (más…)

Un pacto ¿bueno o malo?

En muchas ocasiones, parece que la vida política española es muy compleja. Tan compleja que solo pueden comprenderla los políticos y los comentaristas políticos avezados y nunca el común de los mortales, ese sujeto indeterminado: el pueblo español, al que teóricamente iría dirigida cualquier acción política y que pagará, en todo caso, tanto los aciertos como los fracasos que se hacen siempre  en su nombre y por su interés, también teóricamente. (más…)

La nefasta política de empleo de Imbroda en Melilla

Voy a poner algunos ejemplos de lo que debe hacer un gobierno si quiere que el paro de su ciudad se dispare, y supere el 35%: (más…)

Ha llegado la hora de Populares en Libertad

En las últimas semanas, los melillenses nos estamos familiarizando con unos términos que ponen de manifiesto las cloacas y la pobredumbre en que el Gobierno de Imbroda ha convertido la ciudad autónoma de Melilla, (más…)

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