Para hacer el ridículo siempre hay tiempo, Sr. Ministro.

El Ministro del Interior del Gobierno de España, D. Jorge Fernández Díaz, ha visitado hoy la ciudad a la que siempre se ha conocido como Melilla, pero que hoy debería haberse llamado «Imbrodópolis» como reino del «Imbrodato» que es el régimen político derivado del «Imbrodismo».

Y llama la atención que, en primer lugar, la sede de buena parte de los actos y reuniones mantenidas por el Ministro no haya sido la Delegación del Gobierno de España en Melilla, como es lo habitual y lógico, sino el despacho de Imbroda en el Palacio «de la Asamblea» de Melilla. En segundo lugar, porque se denigra a la propia sede citada, y no digamos a la institución que la alberga y a quienes representa, cuando se impide, como también es tradición, habitual y lógico, que los portavoces, al menos, de los Grupos Políticos de la oposición en «la Asamblea», que debería ser de todos y que es – no lo olvidemos – del pueblo de Melilla, puedan saludar al Ministro e intercambiar unas pocas palabras de cortesía o no en su condición de representantes también -como el Sr. Imbroda- de los ciudadanos de Melilla. En tercer lugar, porque se supone que el Ministro venía a confortar a los melillenses, que están sufriendo en sus carnes más que nadie el drama de la inmigración ilegal y a los policías y guardias civiles que, en cumplimiento de las órdenes políticas emanadas de su Ministerio, tienen que enfrentarse con medios materiales y humanos insuficientes a unas avalanchas reales y periódicas de personas desesperadas y, en este sentido, peligrosas. Deben hacerlo con instrucciones políticas paradójicas y, por tanto, con garantías jurídicas inadecuadas, para bregar con las responsabilidades judiciales que podrían derivarse del cumplimiento de las anteriores, en muchos casos ni siquiera escritas ni reconocidas.

Pues bien, si a eso venía el Ministro, debo decir que a mí, al menos, me ha decepcionado totalmente. No me ha confortado en absoluto. Es más, se ha dedicado a consolar exclusivamente el «llanto amargo» de Imbroda, que anda tan necesitado de apoyo político por parte del Gobierno de la Nación ante el escándalo de indicios judiciales de corrupción generalizada en su gobierno conocido como «Operación Ópera», que ha implicado el registro, por esa misma Guardia Civil que políticamente dirige el Sr. Ministro, tres veces consecutivas y en cinco meses naturales de la práctica totalidad de las dependencias de su Gobierno y que afecta, por consiguiente, al núcleo duro del «Imbrodato» y a la raiz del «Imbrodismo», precisamente en «Imbrodópolis».

Muchas vueltas por la ciudad, algunas propuestas improvisadas para salir del paso y, a la hora de la verdad, poca enjundia. Para resumir: ni una referencia, aunque sea velada, a Marruecos, país del que provienen las avalanchas y que, a pesar de ser un estado policial que funciona muy eficazmente cuando quiere y lo necesita, ofrece a España «una de cal y otra de arena», actuando unos días e inhibiéndose otros, de forma que una suerte de juego del «gato y el ratón» parece estar en marcha. Para muestra, un botón: hoy, precisamente el día de la visita del Ministro, no han habido saltos ni nadie los esperaba. Además, un intento de un coche de pasar por los puestos fronterizos a toda velocidad con una decena de inmigrantes en el interior ha podido ser abortado por las fuerzas marroquíes sin llegar a mayores. ¿Es una casualidad, o es un juego perverso el que estamos presenciando?

Si se trataba de confortar a Imbroda, he de decirle al Sr. Ministro que creo que no servirá para nada, pues las investigaciones se encontrarán ya bastante avanzadas. Si se trataba de ofrecer apoyo y consuelo a los melillenses y a las fuerzas de seguridad, también ha fracasado, porque ha estado raptado durante toda su visita en interés del primero, quien, en su desvarío político, confunde sus intereses particulares, los de su familia y sus allegados con los de Melilla. La verdad es que para hacer el ridículo siempre hay tiempo, Sr. Ministro. Melilla es mucho más que el interés partidista y personalista del Sr. Imbroda.

One thought on “Para hacer el ridículo siempre hay tiempo, Sr. Ministro.
EDUARDO

Totalmente de acuerdo, comparto el relato que haces de la visita del Ministro a “Imbrodópolis” y sus fronteras. Yo no me siento decepcionado por la sencilla razón de que no esperaba nada de este triste Ministro. La no referencia a Marruecos se ha plasmado en el saludo a la policía marroquí tanto en Ceuta como en Melilla. Solo un «pero», para el maltrato que te da Imbroda, has sido muy comedido. Supongo que es cosa de cuna. Un abrazo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡Bienvenido/a a mi blog!

Destacado

Ya está disponible el libro electrónico "Mis experiencias con Bohórquez" que agrupa toda la serie de relatos en un formato listo para imprimir o guardar.

Descargue ahora su copia pulsando sobre el botón.

Portada del libro
Descargar libro

Sígueme en las Redes Sociales

Archivo del blog