Por mucha agua que se eche, ese barril nunca se llena (1ª parte)

Imaginemos un bidón superior, que alimenta a varios barriles que están a un nivel inferior. El primero, llamémosle de reparto, contiene el total de los ingresos que perciben durante un año todos los residentes en una determinada ciudad, por ejemplo: Melilla, provengan estos de sueldos, salarios, beneficios, intereses, dividendos, alquileres, pensiones u otras prestaciones.

En el segundo nivel, hay cuatro barriles: el primero se llama consumo, el segundo se llama ahorro, el tercero se llama pago de impuestos directos por la renta, real o presunta, y el último son las transferencias netas que los habitantes de Melilla reciben del exterior menos las que realizan, por ejemplo, entregas de dinero a familiares y similares.
A su vez, el barril denominado consumo, no sólo en bienes sino también en servicios: bares, restaurantes, viajes, médicos, etc, es el barril más grande, y a su vez alimenta a otros tres bidones: El primero es el consumo de bienes y servicios en la propia ciudad de Melilla; el segundo, es el consumo en el resto de España, principalmente en el sur (para simplificar el modelo, puesto que también se consume del resto del mundo, por ejemplo: viajes al extranjero) , el tercero es el gasto que los residentes en Melilla realizan en las localidades cercanas, radicadas principalmente en Marruecos.
 
Observando la figura, pueden deducirse las siguientes propiedades:
  1. El barril que recibe más liquidez, es decir: la mayor parte de la tarta, es la parte dedicada al consumo. En una economía cerrada, por ejemplo una isla sin apenas relación con el exterior, prácticamente el 100% del consumo se realizaría dentro el territorio. Sin embargo, la realidad es otra puesto que, según la altura de los grifos de los que sale la liquidez del barril que llamamos consumo, podemos explicar, en términos aproximados, lo que está ocurriendo:
  2. En la parte alta (rentas altas y medias) casi toda la renta que supera un determinado umbral, llamémosle de confortabilidad, se destina, bien al consumo, principalmente en la península (incluso en inmuebles), bien al ahorro, en la proporción que se desee, así como una parte al pago obligado de impuestos y las transferencias a familiares, por ejemplo.
  3. Por contra, en la parte baja del barril (rentas bajas y medias) que reflejan otra característica de la sociedad de la que hablaremos en próximos capítulos, todo el exceso de la renta sobre otro umbral, en este caso llamémosle de supervivencia, marcado por el gasto en vivienda (en el caso de que no se perciba un subsidio al alquiler) así como el gasto en electricidad y el de teléfono móvil e internet (plenamente extendido) se realiza, prácticamente en un 100%, en Marruecos, en donde se adquieren la totalidad de los bienes para el mantenimiento de la familia. El importe sobrante se destina a ahorro y transferencias a familiares.
  4. Finalmente, queda una parte media, formada por grupos de población que consumen prácticamente la totalidad de su renta o, al menos, un elevado porcentaje, en Melilla. Fundamentalmente, se trata de los grupos de mayor edad y también los de menor edad, así como las familias más jóvenes.
Todo lo anterior, por supuesto, en términos aproximados, puesto no todos los integrantes de cada uno de los grupos cumple la totalidad de las propiedades descritas.
Con lo que hemos observado hasta el momento, podemos desprender fácilmente la idea de que cualquier aumento de renta que se produzca, no lleva necesariamente a un aumento del consumo en Melilla. Es más, solamente algunos aumentos de renta a determinados grupos podrían producir un aumento del consumo local y, lo más paradójico, algunos aumentos de renta incluso podrían disminuirlo, como es el caso de los aumentos de renta neta que se destinen a los dos primeros grupos que hemos comentado.
Asimismo, a efectos de consumo, solamente para determinados productos (por ejemplo electricidad y telefonía) este se corresponde con una población de 85.000 habitantes, mientras que para otro tipo de artículos la capacidad adquisitiva no superaría una tercera parte del total, por lo que el esto debería y podría ser cubierto con compras del exterior, es decir: turismo, bien de Marruecos o del resto del mundo, pero esa es otra historia de la que ya hablaremos,
Imaginemos ahora que en Melilla la situación económica es mala y se vive una profunda, dura y duradera crisis económica, con manifestaciones irrebatibles de la misma, como un elevado desempleo, un desbordado (mayor al 65%) desempleo de jóvenes menores de 25 años y una caída del consumo local, que ha llevado a una disminución de la actividad económica y al cierre numerosas empresas.
Imaginemos ahora que existe un dirigente que quiere arreglar la situación en dos plumazos acudiendo al gasto público:
Nota: Continuará en el próximo capítulo, y describiremos lo que se ha hecho y lo que, en mi opinión, debería haberse hecho.

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