Quién soy

Julio Liarte Parres

Julio Liarte Parres

Me llamo Julio Liarte Parres. Tengo 57 años. Nací en Melilla. Soy un ciudadano español, casado y padre de tres hijos. Vivo en Melilla.

Estudié en el Colegio de La Salle. Soy Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, MBA en Administración de Empresas, y Master en Derecho Financiero y Tributario.

Presto mis servicios como funcionario de la Ciudad Autónoma de Melilla desde el año 1987, y he desempeñado diversos cargos en su estructura, tales como Jefe de Contabilidad (1988-1991); Interventor-Delegado en la Fundación Socio-Cultural (1989-1991); Gerente de Proyecto Melilla, S.A. (1991-2004); y Director General de Fondos Europeos (desde 2005). He sido diputado por Populares en Libertad en la Asamblea de Melilla 2011-2015; y desde junio de 2015 me he reincorporado a mi puesto de funcionario en la CAM.

Además, anteriormente he trabajado en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y en el INEM (1985-1987) y previamente en algunas empresas privadas (1982-1984). También he sido docente en la UNED y en el Seminario de Estudios Sociales.

Soy un gran aficionado al deporte, aunque más como practicante y menos como espectador. Juego en la actualidad solamente al pádel y también practico footing con asiduidad, y cuando era más joven fui futbolista, baloncestista, nadador, waterpolista, todos de competición, y tenista aficionado. Realmente, me gusta definirme como un deportista que se ha metido a economista, porque amo el deporte y este me ha enseñado muchas cosas, que después he comprobado con los libros y la experiencia, como el liderazgo efectivo, el respeto hacia el contrario, el trabajo en equipo, la lucha hasta la extenuación y hasta el pitido final, el juego limpio, la grandeza de saber aceptar la derrota y ser generoso con la victoria, el compañerismo, la constatación de que no hay enemigo pequeño y que buenos equipos de grandes individualidades pueden perder contra equipos conjuntados de deportistas de menor nivel, y, por tanto, que el todo puede ser mucho más que la suma de las partes; la idea que sin esfuerzo y entrenamiento persistente y tenaz no hay triunfo posible,  la certeza de que habrá siempre otra oportunidad, y la convicción de que, si se quiere ganar, en el equipo tienen que estar los mejores.

Me gusta mucho leer y tengo una variada colección de libros, principalmente técnicos aunque también históricos. Me apasiona la historia de España y he leído algo sobre el particular. Asimismo, me encanta viajar y salir con mis amigos. Me ilusiona crear, ya sean textos, empresas o hacer planes, y voy a seguir haciéndolos. Me gusta iniciarlas y organizarlas. El trabajo rutinario me aburre aunque soy capaz de hacerlo a base de auto-disciplina. En cuanto a los colaboradores, entiendo que hay que conseguir ilusionarles para que lleguen a alcanzar su potencial y nunca frenarles con restricciones y reglas absurdas.

Soy español y creo firmemente en el futuro de España. Abogo por su unidad y entiendo a Melilla solamente como una parte de España y al servicio de la misma. Considero que la única forma de ganarnos el futuro de Melilla consiste en trabajar, trabajar y trabajar y tener, además, un poquito de suerte. Creo que es necesario reinventar la ciudad, porque el modelo de crecimiento está agotado. Considero que el mayor problema existente en la administración pública es la corrupción, y que su solución pasa por reformar la Ley electoral, posibilitando las listas abiertas y reforzando el papel de los individuos frente a los partidos políticos.

Los políticos deben tener principios y convicciones, en caso contrario a mí no me valen. A la política se ha de ir a servir a los intereses generales, no a servirse de ella ni a favorecer intereses particulares de determinadas empresas o individuos. Tampoco me gustan los políticos profesionales, sino aquellos que teniendo una profesión deciden aparcarla por un cierto período de tiempo para ofrecer a España lo mejor de ellos mismos. En mi caso iba a ser así, sin duda alguna; y así ha sido. He estado en política poco más de cuatro años.

Tengo que reconocer que mi intención inicial habría sido estar ocho años, y luego dejarle el camino a otros que pudieran aportar nuevas energías y savia nueva para mejorar y resolver lo que yo hubiera podido contribuir a mejorar España y, concretamente, Melilla.

Pero no pudo ser: Un mal resultado electoral, tal como lo entendí inmediatamente, me hizo dejar la política. Después de cerca de cinco años de esfuerzos y sinsabores no me merecía la pena otra larga travesía del desierto durante cuatro años: sin vehículo, sin cantimplora y ya con una edad en la que uno no puede estar haciendo esfuerzos en balde ni seguir luchando contra molinos de viento, sobre todo cuando comprende finalmente que muchos de aquellos por los que se ha luchado, realmente no quieren que se luche por ellos.