Sobre el muro del parque Hernández

Hay decisiones que son controvertidas por antonomasia. Una de ellas es de plena actualidad local. Se trata de la decisión de tirar o no el muro que protege el parque Hernández de Melilla, que tiene sus detractores, que se han dado a conocer públicamente y han expresado las razones de su oposición; y, por otro lado, debe de tener apoyos, parece que de una parte del gobierno local y de algunos ciudadanos a título particular, pero no se conoce claramente ni de quienes se trata ni, lo más importante, cuales son las razones por las que esta decisión hay que implementarla necesariamente, de forma inmediata y con una previsible feroz resistencia de importantes grupos políticos y de interés.

La verdad es que no tengo muy claro si debe hacerse o no. Realmente, le veo ventajas y desventajas evidentes.

Entre las primeras: la integración del parque, una de las maravillas de Melilla, en el espacio urbano del centro de la ciudad, que se encuentra deteriorado y en franco declive; la eliminación de barreras físicas y, por tanto, el aumento de la proximidad aparente y la visibilidad de los aparcamientos públicos de avenida de la Democracia, que se vislumbran como una salida airosa para mantener la afluencia al comercio y la hostelería del centro de los consumidores que usan vehículo privado, por necesidad o por conveniencia, una vez consumada en gran parte -aunque todavía no terminada- la destrucción de aparcamientos en todo el entorno del centro urbano, peatonalizado o próximo a peatonalizarse en la práctica totalidad del espacio que lo define -esta sí que ha sido una decisión de envergadura que se ha ejecutado sin oposición- y que ya obliga a otras actuaciones compensatorias, como podría ser esta, por ejemplo. Además, la mejora estética evidente que resultaría para el centro.

Entre las desventajas, simplemente las que han sido empleadas por los opositores a la medida: la extrema conveniencia de mantener esta posibilidad existente de cierre inmediato del parque en días de fuertes vientos, algo muy frecuente en Melilla; la conservación del patrimonio histórico artístico de Melilla, dado que el muro cuenta con más de cien años de antigüedad y tiene algunos elementos de evidente riqueza artística; así como motivos de seguridad para evitar que el parque se convierta en campo abonado para todo tipo de malhechores -aunque esta última razón esgrimida, ciertamente podría ser fácilmente contraargumentada por los que apoyan el derribo.

Justificar esta decisión en el porcentaje de apoyos a la medida, mediante encuestas de opinión, entiendo que puede ser muy importante pero no sirve para mucho si los gobernantes que pretenden implementar esta medida no se emplean en explicar claramente y con transparencia las razones de su bondad, qué es lo que se pretende con ella y cuales serían los beneficios que produciría su puesta en práctica para la comunidad de ciudadanos de Melilla en contraposición con los costes de todo tipo: económicos, patrimoniales, de mantenimiento de las instalaciones y de seguridad de los ciudadanos que conllevaría su puesta en práctica. Por contra, otro tanto podría decirse de evitar su implementación en base a una única razón, por muy importante que sea. En definitiva: hace falta más diálogo y acercamiento de posturas, y menos luchas intestinas y discusiones estériles.

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